Operación limpieza en Kiev

El nuevo Gobierno, las ONG y la sociedad civil reaccionan contra el derroche y la corrupción de la era Yanukóvich con varias iniciativas para purgar el sistema

Decenas voluntarios recomponen unos documentos encontrados en ña residencia de Víctor Yanukóvich.
Decenas voluntarios recomponen unos documentos encontrados en ña residencia de Víctor Yanukóvich. AFP

En uno de los documentos hallados en la casa de campo de Víctor Yanukóvich en Mezehyria, a las afueras de Kiev, se ven pequeñas fotos de lámparas. Al lado de cada una figura una cantidad de dinero. La más cara cuesta ocho millones. Se adquirieron 32 unidades por 30,6 millones de euros. Ese papel es una mínima muestra de la delirante cantidad de dinero que ha podido llegar a apilar un presidente que hubiera necesitado un año entero, con su sueldo oficial, para comprar los 100.000 euros que costaba la lámpara más barata. El archivo es uno de los miles que flotaban en un lago junto al embarcadero de la mansión, almacenados en 170 carpetas que alguien tiró a toda prisa el día en que Yanukóvich lo perdió todo.

Ese 22 de febrero se empezó a gestar el afán de limpieza de la vida pública que impregna el discurso de las nuevas autoridades, refuerza el de los activistas y parte de la prensa y ha arraigado en muchos ciudadanos, entre indignados y alucinados por la magnitud de la corrupción y la riqueza que manejaban los que estaban en el poder.

La casa de Yanukóvich empezó a llenarse de gente que quería husmear en el lujo que se adivinaba en las fotos que llegaban. Varios buzos rescataron el material y llamaron a un grupo de periodistas, que hicieron fotografías de los papeles mojados para que no se perdiera nada. En pocas horas llegaron secadoras, escáneres. Yanukovychleaks.org nació ese día, y ya tiene 6.523 documentos que cualquiera puede consultar. “No son nuestros. No buscamos historias exclusivas”, explica Natalie Sedletska, una reportera de 26 años especializada en investigar casos de corrupción que ha estado día y noche durante una semana en la mansión junto a otros 11 informadores para documentar el material.

Ahora trabajan en darle sentido, en unir las piezas del gigantesco tesoro de pruebas. “Una vez que está en la red, ya no se puede ocultar”, cuenta Sedletska en inglés en su apartamento de Kiev. Quieren que la página sirva para “mostrar a todos los que lleguen al poder que esto les puede pasar a ellos, que no importa lo alto que construyan sus muros”.

Similar entusiasmo hacia su labor muestra Oleh Makhnitskyi, el nuevo fiscal general. Pertenece al partido de extrema derecha Svoboda, con representación parlamentaria y muy nacionalista. “La gente quiere una fiscalía con una nueva cara, por eso hacen falta reformas drásticas”, dijo la semana pasada. Enseguida emprendió la caza del apestado Yanukóvich y de los millones que él y sus colaboradores tienen circulando porque, según el nuevo primer ministro, son robados. Nada más ser nombrado, Arseni Yatseniuk acusó al expresidente de saquear Ucrania. Dijo que se habían esfumado 37.000 millones de dólares (26.700 millones de euros) en créditos recibidos, y que otros 70.000 habían volado a cuentas en el extranjero. A petición de las autoridades ucranias, Suiza, Austria y Liechtenstein publicaron listas de personas —todas del círculo de Yanukóvich— a las que se les han bloqueado las cuentas. La UE tomó la medida la semana pasada contra ese grupo por malversación.

También estos días acaba de nacer el Comité para la Lustración de Ucrania, dirigido por el periodista y activista Yehor Sobolev. Aunque en España no se emplea, es una palabra repetida tras la caída de Yanukóvich. En los países excomunistas tiene que ver con la purga de miembros del antiguo régimen. En Kiev se usa más para limpiar el sistema de corruptos, en principio con límites: “Estoy absolutamente en contra de que el comité para la lustración se convierta en el NKVD [la policía secreta soviética] desde el primer día”, aseguró a la agencia Interfax Ucrania el director, que busca primero establecer un consenso nacional sobre los criterios para depurar. Sin embargo, no se sabe aún cuánto poder tendrá este comité.

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En un viejo edificio del centro está la oficina-piso donde trabajan los activistas de otra web, Yanukovich.info. Muchos son abogados. Llevan desde 2012 recopilando información basada en hechos que ellos han verificado o publicado con pruebas en la prensa para presionar en el extranjero y que se bloqueen cuentas y bienes de los corruptos. Cuando empezaron las protestas en el Maidán —uno de cuyos motores fue la lucha contra la corrupción y todavía es uno de los ideales que persigue— decidieron publicar todo lo que habían ido averiguando y alojarlo en esa página, donde se puede leer, por ejemplo, cómo el hijo del expresidente, Olexander, pasó de tener siete millones de dólares a 510 en tres años. “Tenemos que presionarlos [a las autoridades] para que doten al sistema de instrumentos para combatir la corrupción”, comenta en un salón destartalado Daryna Kaleniuk, una de las responsables de la ONG que promueve la web. “La sociedad civil tiene que controlar cada paso que dé el nuevo Gobierno”, opina. Otra de sus iniciativas busca que se purgue a los fiscales que, sostiene, “encubrieron la corrupción”.

En la calle también hay esa sensación de que las élites ya no son intocables. Antes de las protestas, parte de la prensa también destapaba escándalos, pero nunca ocurría nada. Como explica uno de los periodistas más conocidos, Vitaly Sych, “en Ucrania nunca había ocurrido que los que roban sean investigados o castigados”. Ahora se tiene la impresión de que eso puede cambiar, y las iniciativas para combatir la corrupción “son una señal”.

Sobre la firma

Silvia Blanco (enviada especial)

Es la jefa de sección de Sociedad. Antes ha sido reportera en El País Semanal y en Internacional, donde ha escrito sobre migraciones, Europa del Este y América Latina.

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