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COLUMNA

En ruso, por favor

La abolición, aprobada por el Parlamento pero todavía no ratificada, de la Ley de Política Lingüística ha desatado alarmas en la comunidad rusohablante

Una de las primeras medidas adoptadas por el Parlamento ucraniano, tras destituir a Víctor Yanukóvich, fue la abolición de la Ley sobre la Política Lingüística del Estado, que permitía a las regiones declarar la cooficialidad de la lengua rusa. La abolición no ha sido ratificada por el presidente en funciones ni lleva visos de entrar en vigor, pero ha desatado las alarmas por la influencia nacionalista sobre el Gobierno provisional en Kiev. No hay noticia de ataques o amenazas a rusoparlantes en Ucrania, pero el voto parlamentario alimenta temores, en particular en Crimea y las provincias con mayoría rusófona. Allí, los medios situados en Rusia, controlados por el Kremlin y seguidos por millones de personas, han creado un clima de paranoia.

Hablar ruso no es incompatible con sentirse ucranio. En Ucrania, el ruso es de uso común, mayoritario en algunas regiones, y lengua nativa de aproximadamente un tercio de la población, la mitad si se incluye a los bilingües. En sus aspectos formales, hablados y escritos, el ruso es mejor conocido que el ucranio. La relación entre lenguas es, según casos y lugares, de mutuo enriquecimiento y mezcla; de convivencia y competencia en forma de bilingüismo; o bien de diglosia: una lengua se prefiere para unos usos, y otra para otros (por ejemplo, el ruso para situaciones más formales o técnicas).

El caso de Ucrania no es único en el espacio postsoviético: del Báltico a Asia Central, el ruso es la lengua de los que se sienten étnicamente rusos, pero también de otros grupos nacionales (por ejemplo, muchos judíos), lengua franca en espacios multilingüísticos, idioma favorito de buena parte de las clases urbanas más educadas, o lenguaje de negocios, educación u ocio (televisión, música pop, etc.). Dos décadas después de la disolución de la URSS, ciudades como Riga, Bakú o Almaty mantienen su carácter bilingüe. Las razones para usar la lengua rusa son muchas, mayoritariamente ajenas a la política, y es un error suponer que quienes optan por el ruso estén dispuestos a ser peones del proyecto neoimperial y autoritario de Putin.

Los medios de comunicación en ruso, sintonizables en toda la región, son usados por el Kremlin para instrumentalizar a minorías que se sienten rusas. A la vez, configuran las percepciones de otros que, simplemente, prefieren seguir la información en esa lengua por costumbre, por un mejor dominio del registro formal, o por ansia de ver más allá de sus fronteras nacionales. Internet y los servicios en ruso de Radio Free Europe, de Euronews o de BBC alcanzan a los más comprometidos, pero no hay en el espacio postsoviético medios en condiciones de competir con los grandes canales de información y entretenimiento de masas con sede en Moscú. Ante la inundación de propaganda y desinformación alrededor de la ocupación de Crimea se constata, una vez más, la urgencia de hacer llegar a millones de personas voces y canales críticos e independientes, desde la propia región, y en ruso.

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