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Un tecnócrata surgido del Maidán

Arseni Yatseniuk es el nuevo primer ministro ucranio, elegido para estabilizar el país

Tiene experiencia de gobierno y es un europeísta que no suscita rechazos

Yatseniuk, en el Parlamento de Kiev en diciembre pasado. Ampliar foto
Yatseniuk, en el Parlamento de Kiev en diciembre pasado. reuters

Arseni Yatseniuk no era el más revolucionario ni el más carismático de los políticos que se subían al escenario del Maidán a hablar ante decenas de miles de manifestantes. Pero tras la caída de Victor Yanukóvich, ha resultado ser el hombre designado para la misión de estabilizar un país patas arriba tras cuatro meses de protestas, asomado a la bancarrota, dividido y amenazado por Rusia. Es el tipo a medio camino entre lo que podían aceptar los activistas y lo que podían respaldar los diputados cuando había que negociar a toda velocidad un Gobierno para Ucrania que, en primer lugar, pidiera un rescate financiero.

Este economista y abogado, de 39 años, fue ministro en dos ocasiones

Apenas han pasado 10 días desde que Yatseniuk se hizo cargo del Ejecutivo de unidad nacional. Ahora está ante un escenario muy distinto. En una sala diáfana, sin otro mobiliario que una alfombra, dos banderas y un atril, le aguarda un bosque de cámaras de televisión y periodistas. Acaba de volver de Bruselas, ha recibido el apoyo de Los Veintiocho, tiene el gesto grave. Muestra serenidad y firmeza. Ha traído un discurso escrito pero no está leyendo. Contesta todas las preguntas y se expresa en inglés con gran fluidez. Tras dirigir unas duras palabras a Moscú y explicar las ayudas económicas que espera recibir del exterior, un periodista le pregunta si va a recortar los gastos de los ministros. Él responde: “Todos los miembros de este Gobierno viajarán en clase turista salvo necesidad excepcional”. En un país con una asentada tradición de cleptocracia, que acaba de ver que el expresidente tenía un zoo, un campo de golf y helipuerto en su casa de campo, es una potente señal de cambio. Al menos de estilo.

Alias: ‘Bala en la cabeza’

Arseni Yatseniuk está casado, tiene dos hijas y posee una casa muy cerca de la gigantesca finca de Víctor Yanukóvich en Mezhyhirya, a 15 kilómetros de Kiev, aunque muchísimo más modesta. Fundó un despacho de abogados en Chernivtsi, la ciudad de unos 260.000 habitantes al oeste del país donde nació en una familia de profesores universitarios. Pese a lo que aparenta, algunos lo definen como un hombre impulsivo. En enero, cuando la oposición dio un ultimátum a Yanukóvich para que convocara elecciones y revocara una ley que recortaba el derecho a manifestarse, dijo: “Si no ocurre, iremos juntos adelante. Si es con una bala en la cabeza, pues con una bala en la cabeza”. Enseguida hubo bromas entre los manifestantes, que lo vieron como un vacío intento de parecer un hombre de acción. Desde entonces a Yatseniuk le apodan en las redes sociales bala en la cabeza.

Con 39 años, este economista y abogado ya había ocupado varios puestos de responsabilidad. Primero en Crimea, donde fue titular de Economía entre 2001 y 2003. Luego fue gobernador del Banco Nacional de Ucrania, ministro de Economía —entre 2005 y 2006— y de Exteriores (2007). En un momento sobrado de emociones, su perfil tecnócrata tiene bastantes partidarios, entre ellos Washington. Yatseniuk era la apuesta estadounidense para Ucrania. A principios de febrero, sale a relucir en la famosa filtración en la que Victoria Nuland, la subsecretaria de Estado de EE UU, habla por teléfono con el embajador norteamericano en Kiev y le dice “Y ya sabes, que le den a la UE”. Ambos hacen cábalas sobre el futuro político del país y Nuland afirma: “Creo que Yats es el tipo que tiene la experiencia económica, la experiencia de gobierno”.

Yatseniuk agrada también al mundo de los negocios y a los futuros acreedores, como el FMI. Desde el principio anunció que haría todas las reformas que le pidieran, o sea, recortes, a cambio del rescate que necesita el país. Por eso es difícil acusarle de populismo. El primer día de su mandato dijo que tendría que tomar “medidas extremadamente impopulares” que afectarían a los sufridos bolsillos de los ucranios, y un día antes, quizá de forma algo teatral, afirmó que formar parte del Gobierno de unidad nacional era de “suicidas políticos”.

Los críticos le acusan de ser un mero peón de Yulia Timoshenko

A Yatseniuk también le han favorecido los puntos débiles de los demás aspirantes al poder, es una especie de candidato por descarte. Al antiguo boxeador Vitaly Klichko se le percibe como el tipo duro, el luchador de las protestas, pero va a por la presidencia y no tiene la menor idea de economía. El otro líder de la antigua oposición, Oleg Tyahnybok, es de extrema derecha y ultranacionalista. Solo quedaba Petro Poroshenko, un millonario dueño de un imperio del bombón ucranio.

Frente a él, Yatseniuk tenía la fuerza de los diputados del principal partido en la oposición, el de Yulia Tymoshenko, Patria, del que era el líder parlamentario hasta ahora. Pese a que, como dice Victoria Sjumar, una activista implicada en el proceso de formar Gobierno, “el Maidán no es su ambiente y no era el más popular”, Yatseniuk era un candidato aceptable para la calle por su “capacidad de gestión, para dar estabilidad económica. Es un tipo de político muy diferente a su antecesor, Mikola Azarov, de corte soviético. Yatseniuk es dialogante, consulta, elige a parte del equipo de Gobierno por su competencia”, explica.

Una de las críticas más extendidas a Yatseniuk es la de ser un peón al servicio de la controvertida ex primera ministra Yulia Tymoshenko, que está preparando su candidatura a presidenta aunque no lo haya anunciado de manera oficial. Lo primero que hizo él cuando cayó Yanukóvich fue gestionar la liberación de la política, a quien el depuesto presidente metió en la cárcel por supuesto abuso de poder.

El otro reproche mayoritario es su ideología escurridiza. Como explica el periodista Vitaly Sych, que lo conoce y ha seguido su trayectoria, “tiende a responder con evasivas las preguntas que pueden dejar ver a las claras quién es y qué piensa en realidad sobre temas que en Occidente parecen esenciales”, más allá de su clara posición a favor de que Ucrania se acerque a la Unión Europea. Ha llegado al poder en uno de los momentos más complicados de la historia reciente de Ucrania, y por ahora “no ha cometido errores”, señala Sych. De hecho, si a su carrera política le faltaba un poco de épica, es casi seguro que su etapa de Gobierno subsanará la carencia.

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