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ANÁLISIS

Los oligarcas mantienen el caos

El sistema corrupto y oligárquico de Ucrania que mantiene secuestrado el país desde hace más de 20 años ha estallado en la crisis más sangrienta desde que se logró la independencia. 67 muertes confirmadas solo en los dos últimos días, cientos de desaparecidos y miles de heridos graves, por las balas de francotirador y las granadas de aturdimiento de las fuerzas antidisturbios contra los manifestantes para proteger el poder del presidente Víctor Yanukóvich. Esa ha sido la indignante reacción del Gobierno al ver que su poder empezaba a tambalearse ante las protestas para que Ucrania reanude la vía de la integración europea, que se han extendido más allá de Kiev.

Desde que Yanukóvich llegó al poder en 2010, en unas elecciones generalmente consideradas limpias, la libertad de prensa se ha deteriorado, se ha encarcelado a los líderes de la oposición y la corrupción se ha disparado. El grupo empresarial presidido por su hijo, el antiguo dentista Oleksandr Yanukóvich, ha vivido una enorme expansión hasta el punto de que se ha incorporado a la lista de los 100 hombres más ricos de Ucrania en solo dos años.

Hay otros oligarcas como Rinat Ajmetov, principal financiero del régimen y aliado histórico del presidente, que solo un año después de las elecciones había incrementado su valor de 5.800 millones de dólares a 16.000 millones. En 2011 ocupó el puesto 39 en la lista de los hombres más ricos del mundo de la revista Forbes.

Además de controlar las exportaciones de electricidad en Ucrania y más del 50% de la producción de carbón, Ajmetov se ha enriquecido acudiendo con información privilegiada a las licitaciones públicas. Forbes.ua informa de que, en enero de 2014, las empresas de Ajmetov obtuvieron el 31% de todas las licitaciones del Estado. El hijo de Yanukóvich le supera, con el 50% de los contratos estatales “ganados” en ese periodo.

Otros oligarcas próximos al régimen son magnates pertenecientes al Partido de las Regiones, como Vadim Novinsky, el tercer hombre más rico de Ucrania, y Serguei Tigipko, antiguo candidato presidencial y ministro de Trabajo. Ambos son miembros del Parlamento.

Por último, están el magnate del gas Dmitro Firtash y el viceprimer ministro Igor Boyko, y su más estrecho aliado, Serguei Liovochkin, que ha dimitido como jefe de la administración presidencial, pero sigue asesorando a Yanukóvich.

En Ucrania, la fusión entre los negocios y la política no es la excepción, sino la norma. Ocupar altos puestos legislativos y ejecutivos permite entrar en un sistema clientelar, proteger las propias las empresas, tener acceso al dinero público y gozar de inmunidad jurídica. Rinat Ajmetov y Dmitro Firtash, que, además de dominar grandes sectores de la economía del país, controlan a unos 80 parlamentarios del Partido de las Regiones, podrían contribuir, irónicamente, a la salida de la crisis. Hasta ahora, se han limitado a hacer declaraciones públicas en las que condenan la violencia y subrayan la necesidad de negociar. Pero no ha servido de nada.

El talón de Aquiles del régimen son los clanes empresariales. Con las prudentes sanciones aprobadas por el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la UE, relacionadas con los activos financieros y la negación de visados, Occidente puede ayudar a resquebrajar el statu quo en Ucrania.

Las grandes empresas necesitan acceso a los mercados europeos, así como a sus propiedades inmobiliarias y filiales en la Unión. Si continúa la inestabilidad, sus activos perderán cada vez más valor. Cortar el oxígeno europeo significaría que el coste de hacer negocios con Yanukóvich de presidente sea excesivo. Y esa es la principal arma de la UE y Estados Unidos.

Austria ya ha congelado y empezado a investigar las cuentas bancarias de Andrei Kluev, jefe de la administración presidencial, lo cual constituye un poderoso mensaje para los demás. Una acción coordinada de la UE debería precipitar el “punto de inflexión”. Ante la presión de las sanciones, estos empresarios cuentan con el número suficiente de parlamentarios como para formar una nueva mayoría, en alianza con la oposición y unos cuantos congresistas independientes.

Ya se ven fisuras en el Partido de las Regiones. Hace dos noches, tras conocerse las sanciones de la UE, 34 de los 210 miembros del grupo parlamentario votaron a favor de la propuesta de detener la violencia y retirar a las fuerzas antidisturbios. Durante los recientes sucesos han dimitido unos 17 parlamentarios del partido gobernante. Pero la noche de la votación no estaba presente en el Parlamento ninguno de los diputados que controla Ajmetov, y también se ausentó la mayor parte del grupo de Kluev.

Si estos oligarcas siguen protegiendo al régimen y fingiendo ser neutrales, corren el riesgo de perder sus fortunas cuando el régimen se venga abajo, con o sin ellos.

Orysia Lutsevich es investigadora titular en el Programa de Rusia y Eurasia en Chatham House

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia