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Obama pide a Maduro que libere a los detenidos en las manifestaciones

El presidente de EE UU pide al presidente venezolano que atienda a las necesidades de su pueblo y exhorta a las partes a que dialoguen

El presidente de EE UU, Barack Obama, en la rueda de prensa tras la cumbre de Toluca.
El presidente de EE UU, Barack Obama, en la rueda de prensa tras la cumbre de Toluca. EFE

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha pedido a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, que libere a todos los opositores detenidos con ocasión de las manifestaciones contra el Gobierno chavista que se han sucedido en el país desde el 12 de febrero. Es la primera vez que el mandatario se refiere expresamente a la situación de violencia que se vive en el país sudamericano y, como ya han hecho anteriormente otros miembros de su Administración, Obama ha pedido a las autoridades venezolanas que dejen de desviar la atención sobre su gestión acusando a Washington de estar detrás de las protestas y ha exhortado a las partes a que entablen un diálogo.

“Junto a la OEA, pedimos al Gobierno de Venezuela que libere a los manifestantes detenidos y que abra las puertas a un diálogo sincero”, ha señalado Obama tras condenar la violencia que se ha desatado en el país en los últimos días. Mientras él estaba reunido con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y el Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper, en la Organización de Estados Americanos se debatía qué respuesta dar al conflicto, sin llegar a ningún consenso, en una muestra de la fractura que se vive en torno al chavismo en el seno de la entidad regional.

En general, la Administración Obama ha optado por no responder a las provocaciones del Gobierno venezolano para evitar dar aliento al chavismo

El presidente se ha referido a la expulsión de tres diplomáticos estadounidenses de Venezuela acusados directamente por Maduro de promover y dirigir las protestas. Obama ha instado al presidente de Venezuela a que “atienda a las reclamaciones legítimas" de su pueblo, en lugar de desviar la atención “con falsas acusaciones”. La reacción del mandatario sigue la línea que ha seguido la Casa Blanca y el Departamento de Estado en los últimos días, cuyos portavoces han recordado cómo “viene siendo habitual que el Gobierno venezolano apele a las teorías conspiratorias o los rumores de que EE UU está interesado en influir en la situación interna del país no son ciertas” cada vez que se ve envuelto en una crisis política.

No es muy habitual que Obama se refiera explícitamente a la situación de Venezuela o a sus líderes. Tras el esperanzador encuentro que mantuvo con el fallecido Hugo Chávez al comienzo de su mandato, la relación entre ambos líderes se congeló. Con ocasión de la muerte del presidente venezolano, Obama apenas se refirió a él y se limitó a reafirmar el “compromiso de EE UU con los principios democráticos, el Estado de Derecho y las libertades civiles” del país sudamericano.

En junio del año pasado, preguntado, durante una entrevista en Univisión, si reconocía a Maduro como presidente legítimo de su país, el presidente prefirió soslayar una respuesta directa para resaltar que el problema de la legitimidad no era lo que más le preocupaba sino, “la violencia, las protestas y la represión contra la oposición”. El sucesor de Hugo Chávez contraatacó asegurando que las declaraciones del mandatario estadounidense “daban a la derecha fascista luz verde para atacar al pueblo de Venezuela”.

En general, la Administración Obama ha optado por no responder a las provocaciones del Gobierno venezolano para evitar dar aliento al chavismo. Esa es la estrategia que siguió durante las elecciones presidenciales, donde prefirió mantener una prudente indiferencia. Con todo, en esta ocasión, su postura, responsabilizando exclusivamente al Gobierno venezolano y a los grupos armados afines de la violencia en las calles, es la más beligerante de las que han emitido el resto de los países de América Latina.

Pese al intercambio de declaraciones y de expulsiones recíprocas de diplomáticos, Washington y Caracas nunca han llegado a romper la relación durante los 15 años de chavismo. La mayor parte de los ingresos del Gobierno venezolano provienen de la venta de crudo a las petroleras estadounidenses y muchas de sus refinerías se verían en dificultades si tuvieran que sustituir el petróleo venezolano por otro de otras naciones, unos lazos que garantizan la fluidez de otro intercambio, el comercial