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Las renuncias de Hollande agrietan el PS

La confianza en el presidente francés se derrumba hasta el 19% tras el viraje en economía y el retroceso en políticas de igualdad por las presiones de católicos ‘ultras’

El presidente francés, François Hollande, este jueves en el Palacio del Elíseo en París. Ampliar foto
El presidente francés, François Hollande, este jueves en el Palacio del Elíseo en París. Getty Images

Los bandazos políticos —y personales— de François Hollande; su proverbial indefinición, que sus detractores califican como mera inconsistencia y que sus defensores todavía llaman con optimismo capacidad de síntesis; su reciente y muy mitterrandiano giro a la derecha en economía, y sus fracasos y renuncias en promesas de todo tipo (el crecimiento, el paro, el déficit, un trato más humanitario para los romaníes, y la ley de la familia y la inseminación artificial para las parejas lesbianas) comienzan a erosionar a la izquierda francesa y a abrir grietas cada vez más profundas en el Partido Socialista.

Fuente: TNS Sofres.
Fuente: TNS Sofres.

La última encuesta conocida, realizada por TNS-Sofres y publicada este jueves por Le Figaro, estima que Hollande ha perdido tres puntos porcentuales de apoyo en dos meses, lo que deja su cota de confianza en un 19%, una nueva marca negativa en su año y medio largo de presidencia, y la segunda nota más baja —tras el 16% cosechado por Jacques Chirac en julio de 2006— en la historia de la Quinta República.

Como parecía previsible desde que en enero Hollande cambió de rumbo y presentó su oferta de pacto a la patronal para reducir las cargas laborales de las empresas en 30.000 millones y el gasto público en 50.000 millones hasta 2017, la desconfianza de los militantes y simpatizantes socialistas se ha disparado: solo un 49% de quienes se declaran cercanos al PS confían ya en el jefe del Estado, siete puntos menos que en el último barómetro.

Cuando faltan menos de dos meses para las elecciones municipales de finales de marzo, y cuatro para las europeas de mayo, el temor a la abstención y al voto de castigo es cada vez más palpable entre los alcaldes y electores del PS, así como entre sus socios de Gobierno, los Verdes, y sus aliados comunistas en el Parlamento. En las municipales, el PS presentará listas comunes con el PCF en 210 ciudades, y con los Verdes en otras 190 localidades.

La última renuncia de Hollande, comunicada a la ciudadanía a través del ministro del Interior, Manuel Valls, líder del ala derechista del Gobierno y que pese a su ubicuidad mediática también comienza a perder fuelle en los sondeos, ha sido el aplazamiento del proyecto de ley sobre la familia: estaba previsto votarlo esta primavera, pero Hollande lo apartó de la agenda sine die horas después de las protestas que reunieron a 100.000 católicos ultraconservadores en Lyon y París.

El entorno del presidente ha hecho saber que se trata de una retirada estratégica para centrar al país en el gran objetivo nacional —la recuperación económica y la creación de empleo—, y para evitar que la tensión y la crispación se extiendan como sucedió en 2013 con la ley del matrimonio homosexual.

Hollande, que ha sido varias veces insultado y silbado en público por la Manif pour Tous, es cada vez más sensible a la voz de la calle

Hollande, que ha sido varias veces insultado y silbado en público por la Manif pour Tous, es cada vez más sensible a la voz de la calle, según se ha visto en renuncios anteriores como la ecotasa, anulada tras la revuelta de los Gorros Rojos en Bretaña, o el caso de Leonarda Dibrani, cuando ofreció a la joven gitana que volviera a Francia sin su familia tras las protestas de estudiantes en París.

Pragmático y buen conocedor de la historia y las tripas de los franceses, Hollande nunca se había mostrado entusiasta con una ley elaborada por el ala izquierdista del PS, quizá porque sabe que las cuestiones de sociedad siempre han producido histeria y nervios entre las fuerzas reaccionarias del país.

A solo dos meses de la incierta cita con las urnas, Hollande no quería otra discusión sobre el punto más espinoso del proyecto, la Procreación Médica Asistida (PMA, reproducción asistida) y su extensión a las parejas lesbianas, que en principio debía integrar la ley del matrimonio homosexual y que fue finalmente aplazado hasta este año por el Gobierno —una doble renuncia—.

Pero la sensación de que Hollande y Valls, el frente más conservador del socialismo galo, han capitulado ante una pequeña manifestación de fachos (fachas) justo después de que el presidente visitara al papa Francisco en Roma ha sido inevitable. Y tanto el momento elegido como las formas han suscitado un hondo malestar entre quienes piensan que la prioridad dada a la economía no debe hacer olvidar que la izquierda fue votada para liberalizar la sociedad.

Así, pesos pesados del PS como Anne Hidalgo, la candidata socialista a la alcaldía de París, se han desmarcado de la línea oficial. Hidalgo se ha declarado “extremadamente decepcionada” por la renuncia a regular la maternidad de las lesbianas, y ha prometido que presionará para que la ley se vote lo antes posible: “No puede ser que nos quedemos paralizados ante los movimientos ultraconservadores que no representan al pueblo soberano”.

Me dicen que cómo van a confiar en un Gobierno que abdica ante 80.000 personas. La decepción es grande.

Esther Bembassa, senadora

En provincias, donde esta ley llamada a regular la adopción, la figura de los suegros, e incluso los orígenes familiares tiene menos defensores, la decisión no ha caído mejor. La senadora ecologista de Val de Marne Esther Bembassa ha detectado “furia” entre sus votantes: “Me dicen que cómo van a confiar en un Gobierno que abdica ante 80.000 personas. La decepción es grande y si esto sigue así se quedarán en casa”, ha dicho Bembassa, que presentará la semana próxima una propuesta de ley sobre la PMA.

El desencanto también es notable entre algunos ministros verdes, como Cecile Duflot, que ha recordado que “respetar la familia es reconocer las nuevas formas de vida familiar” y que “la izquierda implica la conquista de derechos!”. El líder del PCF, Pierre Laurent, ha definido el gatillazo como “totalmente increíble”.

En cambio, los analistas son escépticos sobre el alcance electoral de esta renuncia, y creen que las municipales se juegan sobre la política local y la economía. El politólogo Frédéric Dabi ha dicho que las decepciones y sus consecuencias se determinaron hace tiempo y “se apoyan mucho menos sobre el proyecto de ley de la familia que sobre las cuestiones económicas y sociales”.

Por si acaso, y en vista de la reacción de militantes y candidatos, el primer ministro Jean-Marc Ayrult, que sigue en guerra abierta con Valls, afirmó este jueves que el Gobierno examinará sin dilación algunas medidas concretas del proyecto de ley. Citó, entre otras, el ejercicio de la autoridad paterna.