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LAURA CHINCHILLA | PRESIDENTA DE COSTA RICA

“La CELAC no pretende sustituir a la OEA, se puede seguir coexistiendo”

La mandataria asume en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños la presidencia del organismo

La presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla.
La presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla. EFE

A Laura Chinchilla, presidenta de Costa Rica, le quedan apenas cien días en el cargo. Este domingo se celebra la primera vuelta de las elecciones presidenciales en su país, una cita que se prevé muy apretada entre cuatro candidatos, tan apretada que La Nación, principal periódico de ese país, ha decidido no difundir una encuesta que tiene para evitar contribuir a la “especulación malintencionada”. Su país, histórico defensor de los derechos humanos en el continente, asume además en la cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) la presidencia de este foro de diálogo y la responsabilidad de organizar la cita del próximo año. Arropada por su canciller, Enrique Castillo, la presidenta contesta las preguntas a dos voces con su ministro y en algunas cuestiones le cede directamente la palabra.

Pregunta. ¿Para qué sirve una cumbre como esta de la CELAC que se celebra estos días en La Habana?

Laura Chinchilla. A través de estas cumbres podemos articular mejor los esfuerzos en los espacios multilaterales, tener una voz única, lo que la hace mucho más efectiva, e intercambiar algunas experiencias. Y el hecho de que en esta cumbre hayan participado el secretario general de la ONU y de que además esté el secretario general de la OEA, aunque la cita sea en Cuba, habla de la forma respetuosa y efectiva con que se está mirando ese instrumento que es la CELAC.

P. Costa Rica hereda en esta cita la presidencia de la Celaccon una amplísima participación de jefes de Estado y de Gobierno. Desde esa posición ¿Va a apoyar la participación de Cuba en la Cumbre de las Américas que se celebrará el año próximo en Panamá para que quede completa la familia latinoamericana?

L. CH. Con toda franqueza no nos hemos planteado ese tema. Cada instrumento hemisférico, sea de diálogo o institucional como la OEA (Organización de Estados Americanos), tiene su propia dinámica, sus propias prioridades y su propia agenda. Y, como hemos planteado Costa Rica y otras naciones, la CELAC no pretende sustituir ni destruir a la OEA. Se puede seguir coexistiendo, lo importante es alimentar la institucionalidad que prevalece en la región, que se enriquece con un instrumento como la CELAC.

Enrique Castillo. En la última cumbre de las Américas, celebrada en 2012 en Cartagena de Indias, la mayoría de los países de la cumbre estuvieron anuentes a la participación de Cuba, incluyendo a Costa Rica. Pero se planteó una discusión entre otros miembros de la cumbre, principalmente Venezuela o Ecuador [sobre la posibilidad de no participar en más cumbres a las que no asistiera Cuba], y no sabemos cuál sería el resultado si esa discusión se repitiera.

P. Su país es, de momento, el único que ha respondido al llamamiento de los grupos opositores cubanos para mantener una reunión estos días en La Habana, encabezada por el Embajador y la jefa de Política Exterior. ¿Qué significado tiene para Costa Rica ese encuentro?

E. C. [En este asunto, la presidenta cede la palabra a su canciller]. Costa Rica no se niega a escuchar posiciones que le quieran ser expuestas. Y en este caso se trata de eso, de escuchar, no de intervenir, ni de tener ninguna injerencia.

P. Otra cumbre que termina con llamados a la pobreza y a vencer la fractura social. El problema persiste, no se agrava pero se estanca ¿Qué pasa que no se desatascan esas fuerzas que impiden eliminar la miseria en el Caribe y Latinoamérica?

L. CH.  No es justo emitir una sentencia tan radical, porque si una región ha avanzado contra la pobreza ha sido América Latina. Y ha habido avances en otros temas que acreditan la autoridad moral a la región, como el asunto del desarme nuclear o el del cambio climático. Para algunos esta última cuestión sigue siendo un ejercicio retórico, pero para las pequeñas naciones insulares del Caribe esa es una cuestión de subsistencia básica.

P. Su país y Nicaragua tienen un contencioso pendiente en La Haya por el islote de Portillos en el río San Juan y otro pendiente de plantear sobre límites marítimos. ¿Han cambiado sus expectativas sobre la solución que el tribunal pudiera dar a ese conflicto después del fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre el litigio entre Chile y Perú?

E. C. Hay que hacer una aclaración, los temas no son comparables. En el caso del islote Portillos no se trata de un problema de límites, sino de invasión, se traspasó una frontera previamente establecida y que no estaba cuestionada. La otra cuestión sí es un litigio sobre límites marítimos, pero tampoco son comparables, porque la materia fáctica de los hechos es distinta.

L. CH. El fallo es muy reciente [fue emitido el lunes] para dar una respuesta, pero para nosotros será un material de análisis muy interesante de cara a nuestras acciones ante la corte internacional de Justicia. Y no cambia en absoluto nuestras aspiraciones de que el tema limítrofe en los mares se resuelva con apego al derecho internacional.

P. ¿Cree que la extrema igualdad que pronostican las encuestas puede producir inestabilidad política en un país institucionalmente tan sólido como el suyo? ¿Podría darse un problema de legitimidad si finalmente gana en segunda vuelta un candidato por un margen muy estrecho?

L. CH.: Yo creo que va a ser inevitable que de aquí al domingo haya importantes niveles de incertidumbre, y hasta un poco de tensión. Es normal y no es la primera vez que sucede. Pero de ahí a hablar de un proceso que afecta la legitimidad de nuestras instituciones, yo no lo creo. Nuestras instituciones son fuertes, confío en que se impondrá la institucionalidad. Hemos sido ejemplo de pureza en el ejercicio del sufragio, nunca ponemos barreras a los observadores y la prensa en Costa Rica no tiene prácticamente vedado prácticamente ningún espacio público para hurgar o inspeccionar. Vamos a una democracia blindada, entendida sin barreras para el escrutinio, por eso daremos un ejemplo al mundo aunque el conteo sea ajustado.