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ANÁLISIS

Agua y sosa cáustica para la paz

La OPAQ ha sondeado a una planta de gestión de residuos peligrosos en España

La hidrólisis es el método escogido para deshacerse de las denominadas Sustancias Químicas Prioritarias que forman parte del arsenal sirio. Son llamadas así porque su único fin es la producción de armamento. Es decir, carecen de aplicaciones en la industria convencional y su manejo y almacenamiento es muy peligroso. De ahí que los inspectores de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) y de la ONU no puedan perderlas de vista. Deben embalarlas, sellarlas y supervisar su transporte y carga en los barcos que aguardan en el Mediterráneo la llegada del buque estadounidense Cape Ray, el único que puede destruirlas.

Una vez en la unidad móvil especialmente dispuesta a bordo del Cape Ray, las Sustancias Prioritarias se someten a una reacción química consistente en añadirles agua y un producto parecido a la sosa cáustica que permita su descomposición. Una vez diluidas, pierden potencia y pasan a formar parte de un residuo. Se trata de una basura tóxica, pero más fácil de limpiar. Por eso la OPAQ ha abierto un concurso público y espera que empresas estatales o privadas se encarguen de eliminarlo. Una de las sondeadas para tal operación es la planta de Gestión de Residuos Especiales de Catalunya (Grecat) —concesionaria del servicio público de incineración de residuos peligrosos— en Constantí (Tarragona). Grecat confirmó el jueves que la OPAQ ha preseleccionado a diversas empresas europeas para que se presenten al concurso y una de ellas se ha puesto en contacto con la planta. Pero tanto el Gobierno central como el catalán se oponen a que parte de la basura tóxica se trate en Tarragona.

Según los expertos de la OPAQ consultados, la hidrólisis puede producir hasta 7,7 millones de litros de vertidos que serán almacenados en 4.000 contenedores herméticos. Dado que la Convención de las Armas Químicas, cuyo cumplimiento vigila la propia organización, no permite lanzar los residuos al mar, los países receptores deberán contar con instalaciones adecuadas para evitar escapes.

Si bien Damasco ha reconocido poseer 1.300 toneladas de armas químicas, los detalles de la primera carga, embarcada el pasado 7 de enero en un buque mercante danés, no han sido desvelados. Lo más probable es que haya unas 30 toneladas de gas mostaza.

En total, Siria puede tener 500 toneladas de reactivos químicos muy peligrosos. Las 800 restantes son susceptibles de ser neutralizadas sin tanto despliegue internacional. “Este en un paso importante. Animo al Gobierno sirio a que mantenga el ritmo y saque las sustancias más peligrosas que quedan para que puedan ser destruidas lo antes posible fuera de su territorio”, dijo Ahmet Uzumcu, director general de la OPAQ, en cuanto supo que el primer viaje había salido bien.