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ESCÁNDALO POR LA CORRUPCIÓN EN TURQUÍA

La corrupción en Turquía cerca a Erdogan

Un fiscal es apartado por denunciar que el Ejecutivo bloquea un caso que salpica a un hijo del primer ministro

Manifestantes y policías en una protesta contra el Gobierno, el miércoles en Estambul. Ampliar foto
Manifestantes y policías en una protesta contra el Gobierno, el miércoles en Estambul. EFE

El arrogante primer ministro de Turquía ha tenido que dar su brazo a torcer por primera vez en más de una década. Los escándalos de corrupción que han afectado a familiares de ministros y forzaron el miércoles el cambio de cerca de la mitad del Gobierno amenazaban este jueves con salpicar al propio Recep Tayyip Erdogan a través de una investigación a uno sus hijos.

"El objetivo principal de esta operación soy yo", ha reconocido el jefe de Gobierno a sus colaboradores más cercanos, según una información citada por el diario Millliyet. Cerca de un centenar de personas —incluidos los hijos de tres ministros, el alcalde del distrito de Fatih de Estambul y varios empresarios y banqueros vinculados al gubernamental Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP, en sus siglas en turco)— fueron detenidas el día 17 en una redada anticorrupción sin precedentes.

La respuesta de la formación política de Erdogan —que en sus campañas electorales se hace llamar Partido AK (limpio, en turco)— no tardó en llegar. Más de 500 agentes y mandos policiales, incluido el jefe provincial de Estambul, que intervinieron en la operación han sido destituidos o enviados a otros destinos desde entonces.

Algunos de los fiscales que seguían la trama también han sido apartados de la investigación. El fiscal de Estambul Muamer Akkas, uno de los más conocidos de Turquía por sus actuaciones contra militares golpistas, denunció este jueves que había sido separado de un nuevo caso de sobornos y que la policía se había negado el miércoles a acatar sus órdenes para detener a una treintena de personas. "Se ha permitido que los sospechosos tomaran precauciones, huyeran y manipularan las pruebas", aseguró Akkas en un comunicado difundido por la prensa turca.

Fuente: Bloomberg.
Fuente: Bloomberg.

Aunque no cita la identidad de los sospechosos, algunos medios apuntaban anoche que entre ellos figuraba Bilal Erdogan, un hijo del primer ministro relacionado con los negocios inmobiliarios y financieros, así como el director general de los Ferrocarriles del Estado de Turquía, Suleyman Karaman.

"He sido relevado de mi jurisdicción sin que se me diera ninguna razón", concluye el comunicado del fiscal. Según informó el diario turco Hurriyet, Akkas —que se hizo célebre también por sus pesquisas para localizar en 2007 a los asesinos del periodista turco-armenio Hrant Dink— investigaba una trama de corrupción multimillonaria y mucho más amplia que la que ha salpicado ahora a los tres ministros que han dimitido.

Mientas tanto, Erdogan parece haberse rodeado de colaboradores leales y cercanos en su equipo. El nuevo titular de Interior, Efkan Ala, que fue jefe de gabinete en la presidencia del Gobierno y es un conocido defensor de la política de mano dura contra las protestas del pasado verano en Estambul, controlará directamente a la policía. Desde el pasado lunes, los agentes están obligados a comunicar a sus superiores cualquier investigación que afecte a cargos públicos y los periodistas tienen prohibido el acceso a las comisarías.

El hasta ahora influyente ministro de Asuntos Europeos, Egemen Bagis, también aparece en las actas de investigación policial, según el diario Hürriyet. Erdogan ha calificado las pesquisas por corrupción de "campaña sucia" y "conspiración internacional" para hundir a su Gobierno, aunque otros miembros de su partido han aplaudido en las redes sociales la operación de limpieza en la Administración y el partido.

La prensa turca hace hincapié en la lucha interna por el poder que se ha desatado entre el AKP y el influyente movimiento del clérigo musulmán Fetullah Gülen, que cuenta con seguidores en el aparato judicial y policial. Erdogan ha achacado las redadas anticorrupción a "bandas que actúan bajo el manto de la religión", mientras que Gülen ha condenado a quienes "persiguen a los que intentan atrapar a un ladrón".

Akin Ozçer, columnista político y exdiplomático turco, sostiene que "las razones del divorcio entre el AKP y la cofradía de Gülen son aún muy oscuras". "Pero lo que de verdad es inquietante en Turquía es que el Parlamento siga siendo incapaz de redactar una nueva Constitución y no avance el proceso de paz con los kurdos". En su opinión, la ofensiva general contra Erdogan de los partidarios de Gülen beneficia a la oposición laica y nacionalista turca, muy debilitada después de que el Ejército haya perdido su papel hegemónico en Turquía. Erdogan experimenta una especie de manía persecutoria y cree que una "banda dentro del Estado busca su derrota", sugiere Ozçer.

Pero simplemente le están aplicando la misma receta que el primer ministro turco administró a los militares condenados en macrojuicios por golpistas.