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El pacto de unión bancaria consagra la hegemonía alemana en la UE

Francia y Reino Unido chocan por el proyecto de integración militar europea

Merkel, junto al primer ministro luxemburgués, Xavier Bettel.
Merkel, junto al primer ministro luxemburgués, Xavier Bettel. REUTERS

La que empezó siendo conocida en la política local como Das Mädchen (la muchacha) ha acabado por convertirse en la figura que más poder ha acumulado en el continente en las últimas décadas. Nada más revalidar su cargo en Berlín, Angela Merkel llegó este jueves a una cumbre de líderes en la que no se tomaron decisiones trascendentales, porque lo realmente importante, el mecanismo para liquidar bancos que ha de convertirse en la segunda pata de la unión bancaria, ya lo habían decidido la noche anterior los ministros de Economía. Y en este caso, como ha pasado en tantas ocasiones desde el inicio de la crisis del euro, el acuerdo final se moldeó, casi punto por punto, a los deseos de la superpotencia del continente y de la mujer que acaba de recibir la legitimidad para gobernar cuatro años más.

Las crisis bancarias del futuro no se resolverán con un mecanismo ágil encabezado por la Comisión Europea en la que un gran fondo europeo tape los agujeros y aleje el fantasma del contagio como quería el propio Ejecutivo comunitario, el Banco Central Europeo, el Parlamento, Francia, Italia y casi todo el mundo. Las largas semanas de discusiones entre ministros se saldaron con una victoria del Gobierno alemán, que se negaba en redondo a dejar tanto poder en otras manos. El sí se logró a costa de descafeinar el proyecto inicial hasta el punto de que algunos expertos se preguntan si lo finalmente logrado merece el nombre de unión bancaria.

A los ministros de Finanzas les tocaron las negociaciones maratonianas a cara de perro; y los jefes de Estado y de Gobierno se quedaron con la foto y la bendición política al pacto económico. Pese a las críticas que había vertido en los últimos días, el presidente del BCE, Mario Draghi, también alabó el acuerdo alcanzado horas antes. “El BCE acoge con gran satisfacción el acuerdo. Es un paso importante para completar nuestra unión bancaria”, dijo.

Para que lo acordado por los ministros entre en vigor aún hace falta el visto bueno del Parlamento Europeo, previsto para antes de las elecciones del próximo mes de mayo. Y, a tenor de las palabras de su presidente, esta tarea parece difícil. “Vamos en la mala dirección si en lugar de optar por un órgano de decisión independiente y rápido, dejamos que los Estados retengan su poder de decisión”, dijo el socialdemócrata Martin Schulz, que además de máxima autoridad de la Eurocámara está en campaña para convertirse en el próximo presidente de la Comisión.

Más allá del bloque económico, la cumbre abordó el primer intento desde 2008 de reforzar una política común de defensa. La iniciativa provocó un choque de posturas entre las dos grandes potencias militares europeas. Francia pidió a sus socios más cooperación en misiones como la que ellos desarrollan en solitario en la República Centroafricana. Tanto Reino Unido, el país más reticente a la cooperación militar, como los nórdicos rechazaron una mayor cooperación. Lo único que pudo acordarse fue que la alta representante para la Política Exterior, Catherine Ashton, presente una propuesta de financiación de este tipo de operaciones militares que ahora sufragan solo los países que participan en ellas. La idea es buscar algún tipo de apoyo comunitario que alivie a los Estados que se enrolan en operaciones militares.

Más importante que ese futuro marco resultó la decisión de que los fondos comunitarios destinados a investigación (Horizonte 2020) puedan emplearse, por primera vez, para innovación militar.

El líder británico, David Cameron, ya dejó claro antes de entrar en la cumbre sus recelos hacia esa mayor coordinación militar en la UE. Aunque el documento presentado a los Veintiocho nada decía de crear ejércitos comunes, Cameron advirtió de que vetaría cualquier intento de crearlos. “No es apropiado que la UE tenga capacidades, ejércitos o fuerzas aéreas”, aseguró. El presidente francés, François Hollande, aspiraba a mucho más con la creación de una “Europa de la defensa”.

Uno de los principales argumentos de Reino Unido para oponerse a una mayor coordinación militar europea es que ya existe la OTAN y que cualquier otra cooperación es contraproducente. Pero el secretario general de la Alianza Atlántica, invitado al debate de ayer, dejó sin argumentos a Cameron. “Reforzar la defensa europea es reforzar la OTAN”, aseguró en conferencia de prensa. Rasmussen pidió a los Estados que no incurran en duplicidades ni malgasten en activos militares.