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La UE lucha para reconquistar el Este

Bruselas advierte a Ucrania de los riesgos del ‘abrazo ruso’

La Unión insiste en que la mano sigue tendida hacia Kiev pese al naufragio del pacto comercial

Un hombre lleva una pancarta que reza "¡Yanukovich: no robes el futuro!" frente al palacio de Vilna donde se celebra la cumbre europea.
Un hombre lleva una pancarta que reza "¡Yanukovich: no robes el futuro!" frente al palacio de Vilna donde se celebra la cumbre europea. AP

Un choque de mundos se produce estos días en Vilna, la capital de Lituania. La Unión Europea y seis países del Este del continente celebran aquí una cumbre que tenía que coronar el acercamiento de varios de ellos a los Veintiocho. Pero la que iba a ser una fiesta diplomática que saludaría un nuevo avance de la frontera del Oeste se ha convertido en una incruenta batalla entre Rusia y la UE. Ucrania es el objeto más preciado de un pulso que mide la fuerza de las dos potencias del continente y su capacidad de proyección. La Unión llegó a la cita malherida, y lucha aquí para recuperar el terreno perdido.

Los Veintiocho han sufrido dos varapalos desde el verano. En septiembre, Armenia renunció a proseguir en la senda que llevaba a un acuerdo de asociación con la UE para mantener la colaboración militar con Moscú. La semana pasada, Ucrania decidió congelar la firma de su acuerdo, que habría anclado Kiev al Oeste sin llegar a prometer la adhesión a la UE. La novia más deseada se paró a pocos metros del altar. Más bien, fue retenida.

La ofensiva rusa en la región —represalias en materia de importaciones y en el suministro de gas— causa profunda irritación en la Unión. En una conversación mantenida al margen de la cumbre, Carl Bildt —ministro de Exteriores sueco y fundador junto a su homólogo polaco de la política de Asociación Oriental— la manifestaba sin circunloquios. “Rusia utiliza las armas económicas para presionar. No le quedan otras. Ya lo hizo con Lituania y Polonia. Empieza a ser un asunto bastante molesto. Creo que va siendo hora de contemplar una respuesta de carácter comercial a esa actitud”, dijo. Varios líderes hablaron abiertamente de “chantajes” rusos.

El rostro y el tono de Radoslaw Sikorski, ministro de Exteriores polaco, destilaban ayer tensión. Los miembros del Este de la UE interiorizan naturalmente con mayor intensidad los zarpazos rusos. Sikorski contestó con arsénico puro a las preguntas de un grupo de periodistas en un encuentro organizado por el European Journalism Centre, en el marco de un viaje financiado por la Comisión. ¿Es concebible una negociación tripartita sobre Ucrania con Rusia en la mesa? “Ucrania es un país soberano”. Léase: jamás. ¿Es esta cumbre una lucha geopolítica? “No estaba convocada para serlo”. Pero es lo que es.

Las últimas batallas —en una región que agrupa a 75 millones de personas (Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania) y muy importante en la estrategia de suministros energéticos— no han ido bien para la UE. Pero la guerra no está perdida todavía.

La canciller Angela Merkel y el comisario europeo de Ampliación, Stefan Füle, dejaron claro que la mano de la UE sigue tendida hacia Kiev. Con la otra mano, claro está, Bruselas aprieta todo lo que puede para que Ucrania cambie de rumbo, advirtiendo a Kiev de los riesgos que esconde el abrazo ruso. Los europeos intentaban arrancar al menos alguna declaración conjunta que mantuviese vivo el proceso, reafirmando el compromiso ucranio de acercarse a Europa. Las perspectivas de lograr una vuelta total de la tortilla ucrania parecían anoche muy escasas. “No tengo esperanza de que ocurra esta vez”, dijo Merkel. Pero el medio plazo es otra historia.

Bildt, a pesar de todo, se mostró incluso optimista. “El viento desde el Oeste es más fuerte. Las fuerzas democratizadoras crecen en Ucrania”, dijo. Y si Armenia está perdida —y Azerbaiyán y Bielorrusia navegan en otra órbita—, Georgia y Moldavia en cambio sí firmarán aquí en Vilna un preacuerdo de asociación que implica convergencia política y libre comercio (aunque no una promesa de adhesión a la Unión).

En los trabajos de la cumbre, muchos tienen la sensación de que el presidente de Ucrania, Víctor Yanukóvich, intenta sacar mayores contrapartidas en la negociación con la UE. Pero Arseniy Yatsenyuk, jefe del partido de Yulia Timoshenko en el Parlamento de Ucrania, considera que su objetivo real es otro. “Ni tan siquiera ha vendido el país por algo de efectivo. Lo está vendiendo simplemente para garantizarse su reelección [con el apoyo de Moscú]”, dijo Yatsenyuk en un pasillo de un acto colateral a la cumbre. “No nos engañemos: esto no es una pugna entre Este y Oeste. Es una batalla entre pasado y futuro”.

Quizá la UE podría haber ofrecido a Kiev mayores garantías ante las previsibles represalias rusas. “Pero es difícil imaginar cuáles…”, responde Bildt. Un mayor paquete de respaldo económico sin duda habría ayudado, pero la Unión no está para derroches. “Y si uno tiene diabetes, la solución no es una caja de chocolatinas, sino un régimen”, dijo, en una entrevista, el ministro de Exteriores lituano, Linas Linkevicius. La UE ofrece un régimen del que Ucrania saldría probablemente más sana y libre. Rusia amenaza con una asfixia inmediata. Ese es el dilema de Kiev, la perla del Este.

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