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OBITUARIO

Alec Reid, el sacerdote que medió ante el IRA y ETA

Su imagen rezando ante un soldado linchado durante un funeral del IRA se convirtió en un icono de la violencia en el Ulster

Alec Reid, durante un viaje a Bilbao en 2006.
Alec Reid, durante un viaje a Bilbao en 2006.

Fue una figura clave en el proceso de paz de Irlanda del Norte y medió también en las conversaciones para el cese de la violencia de ETA en Euskadi. El sacerdote católico Alec Reid, fallecido ayer a los 82 años en un hospital público de Dublín, tendió puentes entre el IRA y los políticos que durante los años ochenta buscaban una salida al conflicto, aproximó posiciones entre los duros y los moderados del movimiento republicano y acabó ejerciendo de testigo del desarme del Ejército Republicano Irlandés. Reid fue fundamentalmente un hombre de paz que logró ganarse la confianza de todas las partes enfrentadas y encarrilar el camino hacia el fin de tres décadas de violencia que provocó más de 3.500 muertes en la provincia.

El religioso fue protagonista de una de las imágenes más icónicas del conflicto norirlandés, cuando en 1988 y en plena escalada de la violencia, fue fotografiado rezando ante el cuerpo de uno de los dos soldados británicos asesinados —cuyo linchamiento previamente había intentado evitar— durante un funeral en Belfast de combatientes del IRA. Fue un gesto valiente por parte de este sacerdote católico, miembro de la orden Redentorista, que a lo largo de cuarenta años desempeñó su ministerio en el monasterio Clonard del norte de la convulsa ciudad. Su tremenda fe, fortaleza y convicciones le merecieron generalmente el respeto de las dos comunidades enfrentadas en Irlanda del Norte, católicos y protestantes.

El monasterio de Clonard fue ayer descrito como “la cuna del proceso de paz” por el propio Gerry Adams, antiguo miembro del IRA y presidente de su brazo político, el Sinn Fein. Fue allí donde Alec Reid auspició las conversaciones secretas de Adams con el líder de los nacionalistas moderados (SDLP), John Hume, a finales de los ochenta, para comenzar a diseñar una estrategia negociadora y crear las condiciones que facilitarían un alto el fuego del IRA en 1994. “Sin su coraje, determinación y falta de egoísmo el camino de la paz hubiera sido mucho más largo y difícil”, ha subrayado Hume —él mismo Premio Nobel de la Paz— sobre el sacerdote católico nacido en el condado de Tipperary, en la República de Irlanda.

Reid era fotografiado a menudo junto a Gerry Adams, de quien fue confidente durante los años primigenios del proceso de paz. Tras la firma del Acuerdo de Viernes Santo, en abril de 1998, el religioso siguió muy vinculado a los esfuerzos para que la banda armada abandonara la violencia de forma definitiva y se adhiriera a la vía democrática. Cuando el IRA accedió finalmente al decomiso de sus armas, en 2005, Reid actuó de testigo, junto al reverendo protestante Harold Good, de ese proceso supervisado por la Comisión Internacional Independiente de Desarme.

“Todos tenemos una deuda de gratitud con él por su papel en el proceso de reconciliación”, ha subrayado la ministra británica para Irlanda del Norte, Theresa de Villiers, como tributo a un personaje fundamental que siempre eludió la luz pública para no frustrar su trabajo como mediador también entre el IRA y el Gobierno británico. Solo una vez rompió esa discreción y espíritu conciliador, en octubre de 1995, generando gran controversia: al verse acosado por el familiar de una víctima protestante comparó el trato que los unionistas dispensaban a los católicos con el de los nazis respecto a los judíos. Reid se retractó luego y pidió disculpas.

A partir de 2002, Reid ofreció su experiencia en la resolución de conflictos en otras partes del mundo, sobre todo en el País Vasco, donde residió periódicamente y mantuvo contactos con todos los partidos, aunque no careció de críticos que le reprochaban una cercanía excesiva al entorno del nacionalismo radical.