Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Angelino Alfano, el delfín de Berlusconi, crea un nuevo partido de centroderecha

El actual ministro de Interior recluta para su nuevo grupo a cinco ministros, 30 senadores y 27 diputados

Il Cavaliere pierde la capacidad de derribar al Gobierno

Berlusconi llega al congreso de su partido en Roma.
Berlusconi llega al congreso de su partido en Roma. AFP

La serpiente se quedó sin veneno. Silvio Berlusconi ya no puede provocar la caída del Gobierno de Enrico Letta. El día elegido por Il Cavaliere para refundar la vieja Forza Italia, el partido con el que aterrizó en política en 1994, fue también el de la gran traición: Angelino Alfano, su delfín durante los últimos años, el político de 43 años al que Berlusconi, de 77, hizo creer que sería su sucesor al frente del centroderecha italiano, decidió matar al padre fundando un grupo parlamentario y llevándose consigo a cinco ministros, 30 senadores y 27 diputados.

La consecuencia inmediata es que Berlusconi, pendiente de su expulsión del Senado tras ser condenado en sentencia firme por fraude fiscal, ya no podrá seguir amenazando con derribar al Gobierno para obtener un salvoconducto que lo salve de la justicia.

Durante una intervención de hora y media ante sus leales, Berlusconi llegó a dramatizar con una pausa y un gesto de conmoción la amargura que le había causado la marcha de Alfano y la fundación del nuevo grupo, que se llamará Nuevo Centroderecha. “Podéis imaginar”, explicó, “el dolor que me provoca la situación, cuando mi misión desde 1994 hasta hoy ha sido precisamente la de unir a los moderados. Aunque este nuevo grupo puede parecer que ayuda a la izquierda, no podemos cavar entre ellos y nosotros una zanja que después sea muy difícil atravesar. En el futuro tendremos que hacer coalición con ellos. No quiero que los insultéis”. La platea entendió al instante el mensaje —tantos años contemplando al líder y sus golpes de escena— y estalló en gritos de “¡traidores!” y “¡payasos!”.

"¡Traidores!", gritan los seguidores del ex primer ministro a los que se fueron con Alfano

La ruptura —ahora oficial— entre Silvio Berlusconi y su ahijado político se fraguó el pasado 2 de octubre en el Senado. Aquel día, Angelino Alfano, actual vicepresidente y ministro del Interior en el Gobierno de coalición presidido por Enrico Letta, impidió que el viejo político —cada vez más acosado por sus problemas judiciales— derribara al Ejecutivo. La sonada derrota, en vivo y en directo, de Il Cavaliere provocó también un gran y público enfrentamiento entre la línea dura del Pueblo de la Libertad (PDL), hostil al Gobierno de coalición con el centroizquierda, y aquellos que, liderados por Alfano, son partidarios de preservar su cuota de poder en el llamado Gobierno de estabilidad con el Partido Democrático (PD).

La refriega, no exenta de insultos y amenazas, ha terminado como el rosario de la aurora. Aunque Alfano, durante la presentación del Nuevo Centroderecha ante la prensa extranjera, se esforzó en dirigir palabras de cariño y respeto hacia Berlusconi y, sobre todo, de garantizar que se opondrá a su expulsión del Senado, Il Cavaliere acusa la puñalada: “Dejarme después de que a casi todos los he creado yo, a algunos los he salvado y a muchos les he enseñado todo”.

Independientemente de la puesta en escena —Berlusconi habló sin necesidad de papeles durante una hora y media y solo se retiró después de un ligero mareo—, lo cierto es que el mensaje del político y magnate durante el acto de refundación de Forza Italia sonó a disco rayado. El habitual discurso descaradamente populista en el que, como suele, atribuyó los males de Italia al euro, los jueces y los comunistas. Dijo que las medidas económicas del Gobierno de Enrico Letta no servirán para nada y que el anterior primer ministro, Mario Monti, fracasó porque “se arrodilló” ante las exigencias de Bruselas y Angela Merkel.

Tal vez para marcar rápidamente la diferencia, Angelino Alfano dijo estar convencido de que “Italia necesita más Europa”. Atribuyó su marcha a la radicalización del entorno de Berlusconi —los llamados halcones— y a la necesidad de poner fuera de toda duda la estabilidad del Gobierno de Enrico Letta: “Este Gobierno está en pie desde hace seis meses y medio. Juzgarlo ya es como entregar el campeonato de liga tras 10 jornadas o el Giro después de cuatro o cinco etapas”.

Lo cierto es que la ruptura con Alfano, los ministros y 57 parlamentarios —por ahora— deja al viejo zorro de la política sin una de sus armas preferidas, tal vez ya la única: ya no podrá amenazar, un día y otro también, con dejar caer al Gobierno de Enrico Letta. Simplemente porque no puede. Ya no dispone del veneno necesario.