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La vieja Sudáfrica del ‘apartheid’ sale a la calle en protesta contra la violencia

Cerca de 350 personas protestan en Pretoria contra lo que llaman "la opresión de los negros"

Manifestantes del movimiento 'Octubre Rojo' en una manifestación en Pretoria.
Manifestantes del movimiento 'Octubre Rojo' en una manifestación en Pretoria. AFP

Son la minoría de una minoría y hoy se han movilizado para decir “basta” de lo que consideran una “discriminación y un ataque sólo por el color de piel”. Es el movimiento Octubre Rojo, un grupúsculo de blancos, sin ningún partido político detrás ni una estructura social sólida, que hoy ha salido a las calles de una veintena de localidades sudafricanas. Además había convocatorias en Estados Unidos, Australia y Londres, donde emigró la diáspora tras el fin del apartheid.

Según la policía, en Pretoria se han congregado 350 personas, la inmensa mayoría de las cuales procedente de áreas rurales y afrikáner, el colectivo que capitaneó el apartheid.

Liderados por el cantante y actor afrikáner Steve Hofmeyr, el grupo ha entregado a un representante del Gobierno un documento en el que advierte de que “ya se terminó el silencio ante los asesinatos de los granjeros blancos y ante la opresión que sufre la minoría blanca”.

El movimiento sostiene que la democracia sudafricana está provocando que los blancos sean objetivo de “crímenes raciales” y “asesinatos de odio”. Lo cierto es que las estadísticas revelan que son los negros los que siguen siendo de largo las víctimas de robos y asesinatos. Hofmeyr admite que la violencia se extiende por todo el país pero afirma que la manifestación es “para defender a la minoría” de los granjeros blancos, víctimas de ataques, pero de los que no hay datos oficiales. Para recordarles los manifestantes han portado grandes cruces blancas y han dejado ir centenares de globos rojos.

En este sentido, el movimiento vincula directamente estas muertes a la reforma agraria iniciada en los 90, que contempla devolver y transferir tierra a los negros, despojados de ella durante la colonización británica y el apartheid.

“No somos nostálgicos del apartheid”, afirma Lizette Badenherst alzando una pancarta donde se puede leer “STOP al genocidio blanco”. En la cincuentena, trabaja en una compañía de seguros de una localidad rural a 200 kilómetros de Pretoria y explica que ha sido víctima de la violencia y que, en una ocasión, su agresor reconoció en el juicio que la había escogido “sólo por ser blanca”.

Hofmeyr intenta desmarcarse de la etiqueta de racismo afirmando que él mismo votó por la Constitución democrática “en contra de los antepasados” porque el apartheid no podía continuar. Sin embargo, matiza que el régimen supremacista blanco “no hizo todas las cosas mal” y se queja de que haya caído en picado la calidad de la educación y, en cambio, la inseguridad y la violencia hayan escalado a nieles insostenibles.

A pesar de que los concentrados le han aclamado como “Steve, presidente”, Hofmeyr sostiene descarta trasladar el malestar a un partido para que concurra a las elecciones de 2014. No obstante, avanza que el movimiento seguirá activo en las redes sociales y apunta que pedirá “ayuda” a la comunidad internacional para acabar con un sistema que castiga a los blancos.

“Nuestros antepasados construyeron este país y no vamos a consentir que lo destrocen”, Tertius Botha, que asegura que la diferencia entre el apartheid y la actualidad es “sobre todo porque antes venía un negro a trabajar a tu granja y si era buen trabajador tenía con que alimentar a su familia y llevar a los niños a la escuela pero ahora, nadie quiere trabajar y sólo quieren nuestra tierra”. Este hombre sí que admite abiertamente que su idea es recuperar la “vieja Traansval”, la república independiente que constituyeron los bóeres al dejar Ciudad del Cabo e instalarse en las tierras del interior. “Definitivamente estamos discriminados y ahora hay más racismo que en el apartheid”, se despacha.

Octubre es contrario a la legislación de discriminación positiva para fomentar la contratación y capacitación de los blancos en las empresas, a manos aún de los descendientes de europeos. Sin embargo, otra vez la estadística y la realidad desmienten esta teoría. La brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado y habrá que esperar dos generaciones (50 años) para que los negros ganen lo mismo que sus compatriotas blancos. Hoy una familia blanca ingresa hasta seis veces más que los negros. Hay más datos para entender los desequilibrios raciales, que en Sudáfrica aún son raciales mayoritariamente. En dos décadas, apenas un 5% de la población negra ha conseguido escalar hasta la clase media, lo que quiere decir que pueden comprarse una casa. Representan más del 80% del censo por el 9% de los blancos, y mantienen peores condiciones en cualquier aspecto que se analice.

La concentración ha cogido por sorpresa a la población negra que trabaja y vive en el barrio de Arcadia. “¿De qué se quejan? ¿Discriminados de qué? No he visto ningún jardinero ni trabajadora doméstica blanca”, dice entre indignada y divertida Charmaine, que precisamente hoy cumple 20 años y ha venido al parque con sus amigas todas negras para celebrarlo.