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El paquete democrático turco decepciona a la minoría kurda

Los kurdos, el 20% de la población turca, esperaban un mayor reconocimiento de sus derechos políticos y sociales

El paquete de reformas democráticas presentado este lunes por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, ha sido recibido con gran expectación en todo el país pero sobre todo por la minoría kurda, que finalmente ha acabado decepcionada. Los kurdos, que forman cerca del 20% de la población turca, esperaban un mayor reconocimiento de sus derechos políticos y sociales y que estas medidas contribuyeran a desbloquear el actual proceso de paz entre la milicia del PKK y el Estado.

"Ciertamente, la sorpresa prometida por el primer ministro Erdogan ha resultado ser tan inexistente como el contenido de su tan cacareado paquete democratizador presentado hoy", ha escrito la periodista Nucan Cudi en la agencia kurda de noticias Firat. "El carácter religioso de este paquete democratizador que fue presentado como una revelación fue bastante inquietante. La actitud más prevalente fue de escepticismo, y no sólo entre los kurdos".

Las reformas permiten a los kurdos ir a clase en su idioma materno, pero solo en escuelas privadas, y despenalizan el uso de letras inexistentes en el alfabeto turco pero usadas por los kurdos, como la q, la x y la w. La tercera medida que parece dirigida a los kurdos, que pueblos y ciudades puedan volver a usar su nombre original en un idioma diferente al turco, se ve más como una vuelta a la normalidad que como un avance democrático.

El anuncio de estas reformas llega cuatro semanas después de que el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, en kurdo) anunciara que detenía la retirada de sus milicianos armados de suelo turco ante la ausencia de pasos del Gobierno para avanzar en la "resolución de la cuestión kurda", en palabras de su nuevo líder en el terreno, Cemil Bayik, el pasado 6 de septiembre. "Si Turquía sigue complicando la situación o desata la guerra contra nosotros, volveremos a enviar a nuestros milicianos a Turquía", añadió aquel día Bayik.

El PKK se alzó en armas contra el Estado en 1984 y el conflicto ha costado más de 40.000 vidas, la mayoría guerrilleros kurdos y también población civil. La milicia había iniciado su retirada el pasado mayo, tras haber declarado un alto el fuego unilateral en marzo, todo dentro de un proceso de paz entre el PKK y el Estado turco que se inició a finales de 2012, cuando el Gobierno reveló que había empezado conversaciones con Abdulá Ocalan, el líder del PKK, preso desde 1999. 

Aunque en un inicio exigía la independencia, en la actualidad el PKK reclama más autonomía para la región mayoritariamente kurda del sudeste turco y el reconocimiento de toda una serie de derechos sociales y políticos para la minoría kurda. Turquía, la UE y Estados Unidos consideran el PKK una organización terrorista.