Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una nueva oleada de coches bomba causa 50 muertos en barrios chíies de Bagdad

Las explosiones golpean barrios chiíes de la capital iraquí

Septiembre termina con más de 1.100 muertos en atentados

Uno de los coches bomba es retirado del lugar del ataque.
Uno de los coches bomba es retirado del lugar del ataque. AFP

Una serie de coches bomba ha causado este lunes al menos medio centenar de muertos, además de numerosos heridos, en Bagdad, acercando a 6.000 la cifra de víctimas mortales de la violencia sectaria este año en Irak. Como viene siendo habitual en los últimos meses, la mayoría de los atentados se produjeron en barrios chiíes, lo que refuerza la sospecha de que son obra de extremistas suníes. Sus autores tratan de explotar tanto las tensiones políticas entre el Gobierno (una coalición de partidos chiíes y kurdos) y la minoría suní, como el renovado sectarismo que está azuzando en el país la guerra civil en la vecina Siria.

El primer ataque ocurrió en la barriada popular chií de Ciudad Sáder, al este de la capital iraquí, donde un hombre aparcó un coche blanco cargado de explosivos cerca del lugar donde un grupo de peones esperaban a ser contratados, según la agencia Reuters. El conductor les dijo que lo movería enseguida, pero el vehículo estalló poco después matando a por lo menos siete personas, incluidos dos soldados.

Mientras los equipos de socorro acudían a asistir a las víctimas, al menos una docena de coches bomba más sacudieron varios barrios de Bagdad. Los más mortíferos, en los también mayoritariamente chiíes de Al Kadhimiya y Shula, al norte, dejaron 13 muertos y una treintena de heridos, según fuentes hospitalarias citadas por France Presse.

Desde principios de año, Irak sufre un aumento significativo de la violencia terrorista que parece buscar una reanudación del conflicto que enfrentó a ambas comunidades entre 2005 y 2008. De hecho, en los últimos cuatro meses, el nivel de atentados se ha aproximado peligrosamente a los que se producían entonces. Sólo en septiembre han causado entre 840 muertos y 1.200 muertos, según las fuentes, con lo que se acercan a los 6.000 desde enero. Otros 5.000 han resultado desplazados de sus domicilios, de acuerdo con la ONU.

El delicado equilibrio sectario de Irak (grosso modo, 60% árabes chiíes, 20% árabes suníes y 20% kurdos) se está viendo muy afectado por la guerra civil en Siria. Allí, donde un 75% de la población es suní, milicianos de esa confesión intentan derribar al régimen de Bachar el Asad que, aunque se presenta como laico, cuenta con el respaldo del chií Irán. Iraquíes de una y otra rama del islam han cruzado los 600 kilómetros de frontera común para apoyar a sus correligionarios sirios.

El domingo, un atentado contra la sede de los servicios de seguridad en Arbil, el primero que se produce en la región autónoma de Kurdistán desde 2007, puso de relieve ese vínculo. Los extremistas suníes, probablemente vinculados a Al Qaeda, querían enviar un mensaje a los responsables kurdos para que no se inmiscuyan en Siria.

Las ramas iraquí y siria de Al Qaeda se unieron a principios de año en el autodenominado Estado Islámico de Irak y el Levante. Desde entonces, ese grupo extremista suní se ha responsabilizado de numerosos ataques a ambos lados de la frontera. Sus principales objetivos son los chiíes, a quienes su ideología considera herejes, las fuerzas de seguridad y los funcionarios, pero también los miembros de la milicia suní Sahwa, que colabora con el Gobierno.

De momento, el temor a regresar a la situación anterior a 2008 parece estar frenando la reanudación del conflicto iraquí. Sin embargo, la comunidad chií, principal víctima de los atentados, ha empezado a pedir cuentas por la inseguridad al primer ministro Nuri al Maliki. Además, los suníes, cuyo malestar con las políticas autoritarias de éste tratan de explotar los extremistas, denuncian la reaparición de milicias chiíes. El Gobierno de Al Maliki, víctima de la parálisis política, está siendo incapaz de romper ese círculo vicioso.

“Las represalias sólo conducen a más violencia y es responsabilidad de los dirigentes tomar medidas firmes para evitar que la situación empeore”, ha declarado recientemente Gyorgy Busztin, el vice representante especial de la ONU para Irak. Tanto esa organización como las cancillerías occidentales han pedido a Al Maliki que tome medidas para evitar la marginación política de los suníes y evitar que sean reclutados por los extremistas. Sin embargo, el Gobierno ha intensificado su campaña contra los insurgentes suníes, que muchos ven como un ajuste de cuentas.