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Concluye la huelga de hambre de los presos de California

La protesta por las condiciones inhumanas de los prisioneros en confinamiento solitario ha durado 60 días.

Un antiguo preso, con su hija en una protesta.
Un antiguo preso, con su hija en una protesta. REUTERS

El centenar de presos que desde el 8 de julio, fecha en que comenzó la huelga masiva de hambre en las prisiones de California, se habían negado a comer, reanudaron la ingesta de alimentos ayer, por primera vez en 60 días.

Así lo ha comunicado el Departamento de Corrección y Rehabilitación en un comunicado, en el que se señala que “los prisioneros están bajo supervisión médica para vigilar de cerca su estado de salud, al tiempo que retoman lentamente la toma de alimentos sólidos”.

“Nos complace que esta peligrosa huelga de hambre haya finalizado antes de que ningún interno pusiese seriamente en riesgo su vida”, ha manifestado el jefe de prisiones estatales, Jeffrey Beard.

La semana pasada varios legisladores de California hicieron un llamamiento a los presos para que pusiesen fin a la huelga de hambre, entre ellos los senadores demócratas por Berkely, Loni Hancock, y por San Francisco, Tom Ammiano.

Según señalaron ambos, “el tema que la huelga de hambre ha puesto sobre el tablero no puede ser ignorado por más tiempo. Los presos ya han mantenido su protesta por siete semanas y ya va siendo hora de que se acabe para que no pongan en riesgo sus vidas”.

Parece que el comunicado surtió efecto y ayer, los 100 últimos prisioneros que se mantenían sin ingerir comida accedieron a hacerlo. Es la protesta más extensa y masiva que hasta ahora han mantenido los prisioneros de California, con 30.000 internos de 22 cárceles en huelga en su momento de mayor apogeo para protestar por las políticas de aislamiento indefinido que practica el sistema penitenciario de este Estado.

En el 2011 mantuvieron una protesta similar, iniciada también en la prisión de Pelican Bay State Prison, que se prolongó por espacio de 20 días y fue seguida por 6000 internos. Las reivindicaciones eran las mismas en ambas ocasiones, fundamentalmente poner un límite de cinco años a los confinamientos en solitario y mejorar las condiciones en las que están los presos (ropa, comida, llamadas telefónicas y programas de rehabilitación y educación).

La huelga ha puesto de manifiesto una vez más las condiciones “inhumanas” , tal y como han denunciado organizaciones como Amnistía Internacional y los Obispos de California, en que se encuentran más de 3.000 presos recluidos en unidades especiales de seguridad, al límite de la locura.