Peña Nieto intenta recuperar la iniciativa cercado por las protestas

La aprobación de la ley de educación es un golpe en la mesa ante las críticas

Manifestantes montan barricadas en la manifestación del domingo.
Manifestantes montan barricadas en la manifestación del domingo.Marco Ugarte (AP)

Débil. Atorado. Acorralado. En crisis. En los últimos días de agosto, así se calificaba en la prensa mexicana al Gobierno de Enrique Peña Nieto. El presidente ha perdido el impulso de las primeras semanas de su mandato, cuando sorprendió con el Pacto por México (una ambiciosa agenda de reformas respaldadas por los tres principales partidos del país) o cuando metió en prisión a la odiada líder del sindicato de maestros, Elba Esther Gordillo. Desde la lona en la que lo colocan sus críticos, en las primeras horas de septiembre el presidente ha iniciado la contraofensiva.

Peña Nieto ha dado una muestra de decisión al hacer que la Cámara de Diputados aprobara en la madrugada del lunes la polémica ley del Servicio Profesional Docente. Es parte de la reforma educativa que su Gobierno ha emprendido y que se encontraba empantanada por el rechazo tanto de especialistas en educación como de los maestros de la poderosa Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que lleva semanas de protestas en la capital mexicana. La ley fue aprobada con los votos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), del Partido Acción Nacional (PAN) y parte del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

“Celebro que de forma inédita, a unas horas de iniciados sus trabajos [el nuevo periodo de sesiones de la legislatura comenzó el domingo] la Cámara de Diputados haya aprobado la nueva ley del Servicio Profesional Docente”, dijo el presidente mexicano este lunes al empezar, en la residencia oficial de Los Pinos, su primer informe de Gobierno, relativo a los primeros nueve meses de su administración. “Es un paso muy importante y trascendental para asegurar la calidad de la educación”.

Con este golpe de mano, que sorprendió a los maestros disidentes —que rechazan los mecanismos de evaluación de su trabajo previstos en la ley— y a parte de la izquierda, Peña Nieto ha roto el impasse en el que cayó después de que las protestas del sector educativo le obligaran a frenar la iniciativa cuando pretendía aprobarla en agosto.

La ley había sido congelada tras la llegada al Distrito Federal de miles de maestros de la CNTE. Este sindicato surgió en 1979 como disidencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en protesta por la corrupción y la complicidad con los gobiernos del PRI. Con los años, sin embargo, la Coordinadora ha sido acusada de haber caído en los mismos vicios que pretendía combatir.

Los maestros, provenientes sobre todo de Oaxaca, reclamaron la suspensión de la Ley del Servicio Profesional Docente. Para presionar, bloquearon los accesos al Congreso el 21 de agosto. En los días siguientes, bloquearon parcialmente el acceso al aeropuerto de México DF y estrangularon vías importantes durante más de cinco horas, dejando varados decenas de miles de vehículos.

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Peña Nieto hizo en su discurso de primer informe de Gobierno una defensa del derecho de las minorías, pero ha advirtió de que no tienen derecho a imponerse a la mayoría. “En el México de hoy, la democracia respeta a las minorías, pero en todo momento las minorías deben respetar la democracia, a sus instituciones y las libertades de todos”, aseguró.

Las palabras del presidente van en concordancia con las pronunciadas la tarde del domingo por el secretario de Gobernación (ministro del Interior), Miguel Ángel Osorio Chong, quien sentenció que “en nuestro país nadie puede imponer su verdad a los demás, las ideologías no deben estar por encima de las soluciones, ni los intereses de unos cuantos anteponerse al bienestar de la mayoría. Los mexicanos exigen soluciones a problemas y no problemas a cada solución que se plantea”.

El mensaje del Gobierno ha sido claro a los maestros, pero va más allá de la reforma educativa, que está prácticamente aprobada, a falta de la ratificación en el Senado. Pero están cerca los debates de la polémica reforma energética y de una no menos controvertida nueva ley fiscal. La izquierda, tanto sectores moderados como radicales, ha manifestado ya su rechazo a la propuesta gubernamental para abrir Petróleos Mexicanos (Pemex) a la iniciativa privada mediante contratos de utilidad compartida.

En su informe, Peña Nieto no dejó lugar a dudas sobre lo que pretende. Llamó a hacer historia, a usar los 120 días que restan de 2013 para hacer de este el “año en que México se atrevió a despegar”, pero también advirtió: “Hay inercias y resistencias que vencer […] respetaré los derechos de todos, pero también estoy decidido a usar todos los instrumentos del Estado democrático para impulsar las transformaciones que reclama la gran mayoría de los mexicanos”.

La primera respuesta al llamado de Peña Nieto vino de la Coordinadora de maestros. A los pocos minutos de acabado el informe se aprestaba para realizar una marcha hacia Los Pinos para protestar de nuevo por la ley aprobada de madrugada, algo considerado por los maestros y por parte de la izquierda como un albazo de los peores.

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