David Frost, el periodista que entrevistó a Nixon, muere a los 74

El reportero, conocido por su serie de entrevistas al expresidente de EE UU (1969-1974), ha fallecido de un ataque cardíaco

David Frost, en una foto de 2003.
David Frost, en una foto de 2003.Lisa Maree Williams (Getty Images)

”He defraudado al pueblo americano y tendré que cargar con ese peso por el resto de mis días”. Tuvieron que mediar casi tres años y medio desde su dimisión como presidente de Estados Unidos, y sobre todo las afiladas habilidades de un periodista británico, para que Richard Nixon admitiera finalmente su responsabilidad en el caso Watergate y emitiera una disculpa pública ante las cámaras. David Frost, fallecido este domingo a causa de un ataque al corazón, ha pasado a la historia como el acicate de aquella emisión televisiva que todavía hoy ostenta el récord de audiencia para un espacio político (45 millones de personas). El entrevistador fue tan protagonista de aquel hito político y periodístico como el propio Nixon.

La noticia de su muerte -que le sobrevino a bordo del transatlántico Queen Elizabeth y pocas horas después de pronunciar allí un discurso- ha conmocionado a sus compañeros de profesión, porque sir David, seguía a sus 74 años activo y en aparente buena forma. La próxima semana, tenía prevista una entrevista con el primer ministro británico, David Cameron.

Protagonista de medio siglo de carrera como guionista de espacios cómicos, presentador de programas de la pequeña pantalla y periodista que entrevistó a los principales dirigentes mundiales, David Frost tuvo su momento estelar en aquel dilatado cara a cara con Nixon que se desarrolló en varias sesiones de dos horas a lo largo de doce días (marzo de 1977). El relato de cómo consiguió el británico esa exclusiva que le obsesionaba desde que el presidente abandonó la Casa Blanca en agosto de 1974 constituyó tres décadas después material para la obra de teatro de Peter Morgan Frost/Nixon y su consiguiente traslación al cine (encarnados en ambos casos por los actores Michael Sheen y Frank Langella).

“Señor presidente, ¿por qué no quemó las cintas del Watergate”, espeta Frost a su interlocutor en uno de los cuatro programas especiales de 90 minutos que resumieron aquellos encuentros para la audiencia televisiva. Fue en parte el dinero ofertado (600.000 dólares y el 20% de las ganancias derivadas), pero principalmente la oportunidad de redimir su imagen dejándose entrevistar por un periodista al que entonces se consideraba poco incisivo lo que convenció a Nixon para aceptar el envite. El desenlace fue muy distinto al que proyectaba el político republicano: acabó cediendo ante un Frost que no le daba tregua, y entonando el mea culpa por el escándalo que le costó la presidencia.

Paradójicamente, y tal como destacó en aquel tiempo la revista Time, ese momento marcó el inicio de la “reencarnación de Richard Nixon como figura pública” porque, gracias a esa sinceridad, sus pecados comenzaron a ser “tolerados por millones de indulgentes y olvidadizos americanos”. También David Frost recuperó y multiplicó su notoriedad en un momento en el que su estrella periodística empezaba a languidecer. Desde entonces, siempre fue recordado como el hombre que forzó la confesión de un presidente de los Estados Unidos.

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Nacido en Kent (sudeste de Inglaterra), Frost fue estudiante de la Universidad de Cambridge, donde conoció a algunos de los futuros comediantes más celebrados del país. Trabajó en la cadena ITV y luego en la BBC al frente de programas cómicos en los que contó con actores como John Cleese, futuro miembro de Monty Python. La televisión británica le brindó la oportunidad de evolucionar hacia la entrevista política, desde la que se construyó una reputación: en el Reino Unido todavía se recuerda su tenso duelo con la primera ministra Margaret Thatcher, a quien inquirió sobre el hundimiento de la embarcación argentina Belgrano durante la guerra de las Malvinas. Ello le abrió las puertas de las cadenas de Estados Unidos, un mercado que acabaría contemplando con impotencia cómo aquel británico era capaz de birlar a los periodistas nacionales la gran exclusiva del momento, encarnada en Richard Nixon.

En los últimos años no dejó de encadenar proyectos, el más publicitado su ingreso en 2006 en el servicio en lengua inglesa de la cadena Al Jazeera. Casi ningún político se atrevía a dar el no a David Frost, entre ellos un David Cameron que, a pesar de los varapalos sufridos por su gestión de la crisis siria, iba a recibirlo en los próximos días. Ante la noticia de su muerte, el primer ministro británico ha querido reconocer su valía humana y profesional a través de su cuenta de Twitter: “Podía ser –y desde luego lo fue conmigo- un amigo, pero también un entrevistador temible”.

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