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Bo Xilai es acusado de soborno, corrupción y abuso de poder

El exsecretario del PCCh en Chongqing podría ser condenado a la pena capital con suspensión de sentencia, lo que equivale a cadena perpetua, pero se descarta que sea ejecutado

El juicio será celebrado previsiblemente en las próximas semanas

Bo Xilai en marzo de 2012. Ampliar foto
Bo Xilai en marzo de 2012. Bloomberg

El mayor escándalo político que ha sacudido a China en las dos últimas décadas se acerca a su fin. Bo Xilai, de 64 años, exsecretario del Partido Comunista Chino (PCCh) en la municipalidad de Chongqing –la más poblada del país-, ha sido acusado formalmente de aceptar sobornos, corrupción y abuso de poder, según ha informado este jueves la agencia estatal Xinhua. Los cargos, formulados por los fiscales en un tribunal de Jinan (capital de la provincia costera de Shandong), abren la puerta al juicio, previsiblemente en las próximas semanas, de quien fue en su momento estrella rutilante de la política china. El exlíder no ha sido visto en público desde hace más de un año, después de que saliera a la luz el escándalo, en el que se mezclan poder, sexo, dinero y muerte.

“El acusado Bo Xilai, funcionario civil, se aprovechó de los privilegios de su posición para obtener beneficios de otros y recibió dinero y otros artículos [como propiedades] en cantidades muy grandes de forma ilegal”, señala el texto de los fiscales, según Xinhua. La acusación afirma que Bo también “malversó gran cantidad de dinero público y abusó de su poder, lo que causó graves pérdidas a los intereses de la nación y del pueblo de una forma muy grave”. La utilización de estos superlativos presagia que recibirá un duro castigo, aunque se descarta que sea sentenciado a muerte y ejecutado. Sí podría, en cambio, ser condenado a la pena capital, con suspensión de sentencia, lo que en la práctica equivale a cadena perpetua. De momento, no ha sido anunciada la fecha del juicio.

Bo ha sido acusado de recibir más de 20 millones de yuanes (2,5 millones de euros) en sobornos y malversar otros cinco millones de yuanes, según el diario de Hong Kong South China Morning Post. Eso es aproximadamente un tercio de la cantidad que se embolsó el exministro de ferrocarriles Liu Zhijun, según los tribunales. Liu fue condenado a muerte con dos años de suspensión de sentencia a principios de este mes.

Bo fue expulsado del partido en septiembre pasado, y fue acusado por la prensa oficial de corrupción, mantener relaciones impropias con numerosas mujeres –algo que el PCCh prohíbe expresamente porque considera que induce a la corrupción- e intentar encubrir el asesinato de un hombre de negocios británico amigo de la familia, Neil Heywood, en noviembre de 2011 por parte de su esposa, Gu Kailai, aparentemente debido a una disputa económica.

El escándalo estalló después de que Wang Lijun, exjefe de policía de Chongqing, se refugiara en febrero del año pasado en un consulado de Estados Unidos y desvelara el asesinato. Bo Xilai fue destituido el mes siguiente como secretario del partido en Chongqing, y en abril fue expulsado del Politburó, bajo sospecha de estar implicado en “graves violaciones de disciplina”. En agosto, Gu Kailai fue juzgada y condenada a muerte con suspensión de sentencia, y en septiembre Wang fue sentenciado a 15 años por ocultar inicialmente la muerte de Heywood y otros crímenes. Según la prensa china, Gu dijo durante su juicio que el británico puso en peligro la seguridad de su hijo, Bo Guagua, aunque no explicó de qué forma.

El embrollo se produjo en un momento particularmente sensible en China, cuando el PCCh se disponía a celebrar su 18 congreso, que tuvo lugar en noviembre pasado, y tenían lugar las negociaciones y luchas de poder entre las diferentes facciones del partido para colocar a sus representantes en el Comité Permanente del Politburó (siete miembros), al cual aspiraba a entrar Bo. Los partidarios del ambicioso y carismático político afirman que fue víctima de una purga política.

El escándalo acabó con su carrera. Pero su caída provocó especulaciones sobre si el partido se colocaría en una situación embarazosa al juzgar a uno de sus miembros más prominentes de forma pública. El sistema chino establece que los funcionarios son investigados primero por el departamento de disciplina del partido, en un proceso conocido por su opacidad y secretismo.

Sin embargo, los líderes afirmaron desde el primer momento que Bo no recibiría un trato de favor. Xi Jinping, que asumió la dirección del PCCh en el congreso de noviembre y la jefatura del Estado en marzo, ha lanzado una intensa campaña contra la corrupción, y el juicio a Bo puede convertirse en un símbolo de su compromiso absoluto en la lucha contra esta lacra que afecta a todos los niveles de la sociedad china, y, según Xi, amenaza la supervivencia del partido.

Un editorial en la agencia oficial China News Service refuerza hoy este mensaje. La acusación a Bo “muestra la firme voluntad y clara posición del Partido Comunista Chino contra la corrupción”, señala. “También dice a todo el partido y a toda la sociedad que en un país regido por la ley no importa quién seas, no importa lo alta que sea tu posición, si violas la disciplina del partido y la ley del Estado, serás investigado a fondo y duramente castigado”.

 

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