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La justicia resucita al antiguo partido donde participó las FARC

La Unión Patriótica es rehabilitada en pleno proceso de paz de La Habana

Luciano Marín Arango, jefe de las FARC, habla en La Habana.
Luciano Marín Arango, jefe de las FARC, habla en La Habana. EFE

El antiguo partido político donde participó la guerrilla de las FARC en la década de los ochenta en Colombia vuelve a vivir. El máximo tribunal administrativo de Colombia ha decidido devolver la personalidad jurídica al llamado movimiento Unión Patriótica (UP), un partido de izquierdas surgido tras el intento de acuerdo de paz de los años ochenta y que permitió a varios dirigentes de ese grupo armado ilegal que dejaron las armas, participar en política.

El fallo del alto tribunal llega justo cuando se cierra una ronda de negociación entre el Gobierno de Colombia y la dirección de las FARC en La Habana en la que se ha tratado sobre las posibilidades de participación política de los guerrilleros en caso de alcanzarse la paz y, por tanto, la desmovilización.

Ambas partes han dicho que, por ahora, solo han discutido sobre las garantías para esa participación, “un elemento esencial para la construcción de un acuerdo final”, dice un comunicado conjunto divulgado el martes. El Gobierno de Colombia inició el pasado septiembre una negociación de paz con la guerrilla de las FARC, la más numerosa de América Latina, que debe concluir este año.

El fallo conocido ayer considera que el Consejo Nacional Electoral (CNE) se excedió hace 11 años en sus competencias cuando determinó quitarle el reconocimiento como partido a la UP, tras considerar que no se había presentado a las elecciones de 2002 y como consecuencia de esto no había logrado el número de votos suficientes para mantener su personalidad jurídica como partido.

La izquierdista UP nació en 1984 y logró ganar 16 alcaldías, 256 concejales y 16 escaños en el Congreso. Pero en los años siguientes sufrió el asesinato de más de 4.000 personas, entre dirigentes y militantes, según cifras de la Corporación Reiniciar, una organización no gubernamental que ha documentado el exterminio de ese movimiento político a manos de algunos agentes del Estado y paramilitares de ultraderecha. Entre las víctimas están los candidatos a la presidencia Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo.

Según el fallo del Consejo de Estado, el CNE no tuvo en cuenta a la hora de ilegalizar el partido “la grave crisis de supervivencia de la UP debido al extermino al que venían siendo víctimas sus dirigentes, militantes y candidatos”, explicó el presidente de ese tribunal, Alfonso Vargas, a medios locales. De hecho, un magistrado del sistema de Justicia Transicional que opera en Colombia para esclarecer los crímenes de los paramilitares, reconoció recientemente que “bastaba ser integrante de un sindicato o simpatizante de la UP para ser objeto de señalamientos, hostigamientos y ataque de los grupos paramilitares”.

El presidente, Juan Manuel Santos, celebró la decisión calificándola como acto de justicia y afirmó que espera que contribuya “a erradicar la política de las armas”. Por su parte, el Polo Democrático Alternativo, un movimiento que aglutina diferentes partidos de izquierda, a través de su presidenta, Clara López (ex integrante de UP), también saludó la decisión pero dijo que era “insuficiente” para resarcir el daño provocado por el exterminio, a la vez que pidió garantías para las próximas elecciones de 2014 en las que posiblemente se presente la UP a través de coaliciones.

Entre los dirigentes de las FARC que salieron a hacer política bajo las banderas de la UP, estuvieron Braulio Herrera y Luciano Marín, más conocido como Iván Márquez, que ahora es el jefe del equipo negociador de la guerrilla en Cuba. Los dos llegaron a ser elegidos en la Cámara de Representantes de Colombia pero a finales de los ochenta y por el rompimiento de los acuerdos de paz, se reintegraron a las filas de la subversión.

El parlamentario de izquierda Iván Cepeda, hijo del senador de la UP asesinado Manuel Cepeda, afirmó a medios locales que devolver la personalidad jurídica a la UP es apenas una “cuota inicial” para una verdadera reparación política. Y mandó un mensaje a La Habana: “Los movimientos políticos que surjan de un eventual proceso de paz no pueden contar con la misma suerte que corrió la UP”.

El actual presidente de la UP, Omer Calderón, dijo a la revista Semana que “ellos [las FARC] ya tienen sus organizaciones con las que lo podrán hacer [estar en política]”. Calderón añadió que la UP podría ayudar a “crear una base política a una nueva situación de paz”.