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El Fondo Ana Frank de Basilea recupera los archivos que cedió a Holanda

La justicia holandesa ordena a la Casa de Ana Frank que remita los papeles a Suiza este año

El 263 de Prinsengracht, en Ámsterdam, donde se refugió Ana Frank y hoy alberga su Casa Museo.
El 263 de Prinsengracht, en Ámsterdam, donde se refugió Ana Frank y hoy alberga su Casa Museo. AFP

La justicia holandesa ha ordenado a la Casa de Ana Frank, en Ámsterdam, que devuelva al Fondo de Ana Frank, abierto en Basilea (Suiza), los archivos que le pertenecen. Se trata de miles de documentos, que ocupan 4,5 metros, y pertenecen a Otto Frank, padre de la niña judía autora del Diario sobre el Holocausto más leído del mundo. El Fondo los cedió en 2007 y pidió su regreso en 2010. La Casa de Ana Frank, sin embargo, cuestionaba la propiedad de parte de las cartas y fotos de la familia, y el caso acabó en los tribunales. Ahora tendrá que retornarlos antes del 1 de enero de 2014.

“No esperábamos otra cosa. El archivo es de Otto Frank. Las leyes internacionales estaban claras y la situación también”, ha dicho Yves Kugelman, miembro de la junta del Fondo, al conocer la sentencia. “La Casa de Ana Frank lamenta que estas dos organizaciones se hayan enfrentado. Ojalá que podamos seguir colaborando a partir de ahora en interés del legado y el espíritu de Ana Frank”, ha replicado Ronald Leopold, su director. La Casa también subraya que no disputaba la propiedad de todo el archivo, sino su regreso. “Creíamos que se trataba de una cesión a largo plazo”, dicen.

La pugna no afecta al Diario de Ana Frank, donado por Otto al Estado holandés después de la II Guerra Mundial. Sí ha mostrado, por el contrario, la diferencia de enfoque dado por el Fondo y la Casa a la preservación de la memoria del Holocausto. El primero quiere crear, en Fráncfort, ciudad natal de Ana, el Centro de la Familia Frank con ayuda del Museo Judío y el ayuntamiento. Por eso pedían la vuelta del archivo. Desde hace décadas repudian, por otro lado, lo que llaman uso comercial de la niña. Consideran que la han convertido en una marca, “cuando el padre solo quería un centro de reunión para jóvenes”, según Kugelman. La Casa-Museo holandesa rechaza la crítica. Sus responsables aseguran que la historia de la chica no se presenta fuera del contexto histórico y promueven la tolerancia con programas educativos.

La familia Frank, judíos alemanes originarios de Fráncfort, emigraron a Holanda entre 1933 y 1934. Ana tenía entonces cinco años. En 1942, dos años después de la invasión nazi, tuvieron que esconderse en la parte de atrás de las oficinas comerciales del padre, fabricante de pectina. La casa estaba en el número 263 de Prinsengracht, uno de los canales de Ámsterdam. Delatados en 1944, Ana, su madre Edith, y su hermana, Margot, perecieron en los campos de concentración. Tampoco volvieron los cuatro amigos que se ocultaron con ellos. Sólo sobrevivió el padre, que a su regreso decidió publicar el Diario escrito por la niña en el escondite. La obra, de obliga lectura en muchos colegios, lleva vendidos 30 millones de ejemplares en 60 lenguas.