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Irán llama a los países islámicos a condenar en la ONU el ataque

El apoyo de Teherán obedece a intereses geoestratégicos más que a religiosos

El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, durante una comparecencia desde la central de Natanz.
El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, durante una comparecencia desde la central de Natanz. AP

Irán condenó ayer los ataques israelíes a Siria y pidió a los países vecinos que se unan para parar los pies al Gobierno de Israel. También ofreció ayuda para entrenar al Ejército sirio si Damasco se lo pide. La reprobación era previsible dado que Bachar el Asad es el principal aliado de Teherán en el mundo árabe. El peligro radica en que esa retórica se traduzca en acciones sobre el terreno, en un momento en que las rivalidades regionales están inflamando las diferencias confesionales entre musulmanes suníes y chiíes.

“El infame ataque con misiles sobre la periferia de Damasco revela la naturaleza inhumana de los sionistas y su impotencia ante la resistencia islámica”, declaró el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ramin Mehmanparast, citado por la agencia oficial IRNA. Desde que estallara la guerra siria hace dos años, Irán ha asumido la narrativa del régimen de El Asad de que el conflicto es obra de terroristas financiados por Occidente.

Mehmanparast pidió a la ONU que condene la agresión y tome medidas para evitar que se repita. Pero sobre todo requirió la unidad y la solidaridad de los países de la zona frente a lo que calificó de “ataques calculados” contra Damasco.

Ese llamamiento parece un intento de capitalizar el sentimiento anti-israelí que, debido a la cuestión palestina, anida en el mundo árabe. Sin embargo, ni el régimen iraní ni el sirio cuentan con muchas simpatías entre sus vecinos. Al contrario, la histórica rivalidad entre suníes y chiíes por la sucesión de Mahoma se ha reavivado en la última década al hilo de cambios políticos regionales en los que los primeros han visto un peligroso avance del Irán chií.

La defensa iraní del régimen de El Asad tiene más que ver con intereses geoestratégicos que con la confesión alauí del presidente sirio. No obstante, la tenue adscripción de los alauíes con el chiísmo refuerza los argumentos de los gobernantes árabes suníes quienes, como el rey Abdalá de Jordania, temieron la creación de un “arco chií” desde Irán hasta Líbano tras el derrocamiento de Sadam Husein.

En la actualidad, ambas comunidades están abiertamente enfrentadas en Irak, donde la minoría suní acusa a los chiíes de monopolizar el Gobierno y marginarles; en Bahréin, donde una dinastía suní se niega a compartir el poder con la mayoría chií; y en la propia Siria, cuya guerra civil cada vez más parece una guerra sectaria. En Líbano, el precario equilibrio confesional se mantiene con un reparto de facto del país.

El pasado enero, Ali Akbar Velayati, el veterano exministro de Exteriores que ahora es consejero del líder supremo, aseguró que su país consideraría un ataque a Siria como un ataque sobre su propio territorio. De momento, Mehmanparast se mostró convencido de que “Siria y la resistencia islámica [en referencia al Hezbolá libanés] darán una respuesta contundente a la agresión de los sionistas”.

A tenor de anteriores ataques (el pasado mes de enero y en 2007), es probable que Damasco no haga nada. Respecto a la posibilidad de que Hezbolá abra de nuevo el frente libanés, Israel siempre cuenta con ello. Más peligroso parece el ofrecimiento de apoyo realizado por el jefe del Ejército de Tierra iraní, el general Ahmad Reza Purdastan.

“Siria tiene un Ejército poderoso (…) y no necesita la intervención de otros países. Pero si requieren entrenamiento, podemos ayudarles”, señaló el oficial citado por IRNA.

Irán ha negado estar asistiendo militarmente a El Asad, a pesar de los intensos rumores sobre la presencia en Siria de miembros de la Guardia Revolucionaria. Fuentes de los servicios secretos occidentales aseguran que le proporciona armas vía Irak y Líbano. Teherán por su parte denuncia que Arabia Saudí y Catar están armando y financiando a los rebeldes. Si militares iraníes llegaran a implicarse directamente, el conflicto sirio alcanzaría otra dimensión. De momento, parece solo otra bravata iraní.