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El treintañero que encantó a Islandia

El líder del PP, Sigmundur David Gunnlaugsson, tiene el mandato de formar Gobierno

Sigmundur David Gunnlaugsson, líder del Partido Progresista, muestra su alegría tras conocer los resultados de las elecciones del 27 de abril.
Sigmundur David Gunnlaugsson, líder del Partido Progresista, muestra su alegría tras conocer los resultados de las elecciones del 27 de abril. EFE

Hay personas, ya en edad adulta, a las que si uno observa entornando los ojos y con algo de fantasía, podría imaginar cómo eran de niños, por esos rasgos infantiles que mantienen con el paso de los años. Sigmundur David Gunnlaugsson es una de esas personas. Tiene 38 años recién cumplidos. Joven, sí, pero no una rara avis de la clase política islandesa. La edad media del Althingi (Parlamento) nacido de las elecciones celebradas el 27 de abril ronda los 48 años (la diputada más joven está cerca de los 22 años; el más veterano tiene 68). Sigmundur David, cabeza de cartel del Partido Progresista en los pasados comicios, ha recibido el mandato del presidente, Ólafur Ragnar Grimsson, para formar el segundo Gobierno de la Islandia poscrisis. Y todo pese a no ser el vencedor absoluto en las urnas. Al menos, según los números.

Sí fue, Sigmundur David, el ganador moral de los comicios. Cogió las riendas del Partido Progresista (PP), de centroderecha, en enero de 2009, con tan solo 33 años. Tres meses después, las urnas dieron a socialdemócratas y verdes la alternativa, la de probarse en el poder tras el batacazo financiero. El PP, aliado tradicional del Partido de la Independencia (PI), mandamás casi incontestable en Islandia desde que el país se hizo soberano en 1944, tuvo que conformarse con nueve escaños.

Con Sigmundur David a la cabeza, el partido, liberal y vinculado al fuerte sector agrario, ha ocupado ahora una decena más de asientos en el Althingi –el PI le aventajó en dos puntos en porcentaje de voto, pero solo arañó tres parlamentarios más que hace cuatro años. Y por eso, por ser el que mejor lo ha hecho, el presidente Ólafur le ha puesto al frente de la mesa de negociación que forme un nuevo Ejecutivo. Este lunes, Sigmundur David se verá las caras con el líder del PI, Bjarni Benediktsson.

Si magia y misterio rodean Islandia, misterio y magia acompañan también a Sigmundur David. Misterio por lo poco que se sabe de su formación, algo que a tenor de su edad pasó anteayer. Lo que parece claro es que se licenció en administración de empresas en 2005 en la Universidad de Islandia. A partir de ahí, su currículo, en el apartado académico, pasa por Oxford, donde cursó estudios internacionales, Moscú y Copenhague. Pero él mismo ha mostrado especial celo sobre las notas finales que obtuvo y mantiene sus más y sus menos con la prensa islandesa, que discrepa de que Sigmundur David haya abarcado tanto como dice.

Reikiavik se aleja de Bruselas

Ó. G., Madrid

Ni con cantos de sirena, los islandeses se dejarían engatusar por Bruselas. Las negociaciones formales para la adhesión de Islandia a la UE comenzaron en julio de 2010, pero mucho ha nevado desde entonces. Y más que lo va a hacer si, como está previsto, el Partido Progresista (PP), liderado por Sigmundur David Gunnlaugsson, y el Partido de la Independencia (PI), con Bjarni Benediktsson a la cabeza, sellan un acuerdo de gobierno para los próximos cuatro años.

Los dos han dicho no al proceso de adhesión e incluso han informado de que pararán las negociaciones. Y eso pese al europeísmo confeso de los otros cuatro partidos con representación parlamentaria: Alianza Socialdemócrata, Izquierda Verde, Futuro Brillante y Partido Pirata.

Sigmundur David y Bjarni —vencedor en las pasadas elecciones en número de votos, aunque comparte con su tradicional aliado la misma cantidad de escaños— han alimentado su euroescepticismo con las encuestas: más de la mitad de los islandeses han mostrado su oposición a la adhesión.

En eso coinciden PP y PI, aliados, presumiblemente, de un futuro Ejecutivo de centroderecha. Queda saber si Sigmundur David arrima a Bjarni al ascua de su sardina, esa que con dosis de cierto populismo ha reinado en campaña: la cancelación de un 20% de la deuda de los hogares a costa de los acreedores.

Bjarni, político de una de las familias más influyentes de Islandia y ave fénix electoral tras estar al borde de renunciar, ha defendido también el alivio de la deuda, en este caso, a través de una reducción de la que permanece indexada a la inflación, y un recorte de impuestos. En ese cruce de caminos se verán los dos ganadores en las urnas.

Y magia porque es lo que tiene que salir de la varita que el joven político ha recibido de Ólafur. “Los islandeses siempre buscamos la solución mágica”, comenta el periodista del diario Frettabladid Kolbbein Óttarsson, en una charla sobre el éxito de voto del PP. Sigmundur David, igual de trajeado que a sus 33 años, pero con bastante más peso, ha sabido gobernar el debate de campaña con su promesa estrella: aliviar la deuda de los hogares islandeses a costa de los acreedores de los bancos quebrados en 2008.

En otras palabras, el líder de los liberales ha repetido hasta enemistarse con todos en los debates electorales que es capaz de arrancar un compromiso de los acreedores –muchos de ellos fondos buitres-, que pescaron en aguas revueltas durante la crisis y entraron en los bancos quebrados, para que acepten una quita que permita al Estado cancelar un 20% de las hipotecas de las familias, la mayoría indexadas a una inflación que no logra descolgarse del umbral del 4%. Muchas cifras para concluir en el siguiente tira y afloja: Si los acreedores (extranjeros) ceden, el Gobierno, en manos de Sigmundur David, iniciará el desmantelamiento del corralito (control de capital) que tanto molesta a los inversores foráneos. Y si no ceden, habrá que hacerlo por ley, según ha defendido el PP.

“¿Qué mensaje daría al exterior si lo hace por ley?”, se pregunta el periodista Kolbbeinn Óttarsson. Pero la magia tiene esas cosas, escapa a la razón, y Sigmundur David ha defendido que la gente lo entendería, que su lucha es la de hacer pagar a los bancos que llevaron al país a la crisis, una suerte de bandera anticapitalista poco acorde con el liberalismo que acompañó al partido antes del colapso de 2008 y que alimentó la desregulación financiera, a la postre, el gran polvo de estos lodos.

El 24% de los electores, no obstante, dio su apoyo el pasado 27 de abril a Sigmundur David. Y no solo por necesitar creer, sino porque él mismo, el líder de los progresistas, creyó en algo y venció: el caso Icesave. Sigmundur David y su PP defendieron hasta el último minuto que el pago de la deuda adquirida por Icesave (sucursal online de Landsbanki, entidad intervenida) con británicos y holandeses debía llevarse a un tribunal europeo, mientras el resto de formaciones negociaban como devolver el dinero para que las arcas sufrieran lo menos posible. El Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, en sus siglas en inglés) dio en abril la razón a los que votaron no en referéndum a apoquinar a cualquier precio. Islandia no hizo nada ilegal, como el PP sostenía. Y Sigmundur David se disparó en las encuestas electorales.

Sea la que sea su pareja de baile en un Gobierno necesariamente de coalición, Sigmundur David se convertirá salvo sorpresa en uno de los dirigentes más jóvenes del mundo (tras ejemplos como el de Corea del Norte, Kosovo, San Marino…). Será la esperanza de una isla que dejó ya de golpear las cacerolas y volvió a apoyarse en los que un día fueron señalados como culpables de todo.