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Hollande cierra un año pésimo al frente de la presidencia

El mandatario intenta recuperar en Europa el capital político perdido en Francia

Un brutal desplome de popularidad marca el aniversario del inicio de su mandato

El presidente francés, François Hollande, ayer tras su visita a un colegio en Les Mureaux, cerca de París.
El presidente francés, François Hollande, ayer tras su visita a un colegio en Les Mureaux, cerca de París. REUTERS

El Elíseo no polemiza con Alemania. Su mensaje es que la alianza francoalemana sigue trabajando y siendo crucial para Europa, y que la relación acabará dando los frutos necesarios para lograr una Unión más solidaria e integrada que permita salir de la que probablemente es la crisis —existencial y de credibilidad, sobre todo— más profunda de la historia. Pese a los desacuerdos, “normales en una amistad tan estrecha y especial como la que tienen París y Berlín después de mucho tiempo de odiarse”, explica un portavoz de François Hollande, “Alemania ha entendido que la crisis y la división perjudican a sus intereses nacionales”. París cree que Angela Merkel reaccionará para consensuar con Francia y el resto de socios una Europa más unida y eficaz, y quizá, como piden los socialistas, “más cercana a los pueblos que a los mercados”. Pero eso solo será, si es, tras las elecciones de septiembre. En ningún caso antes.

Este es el resumen del relato que un portavoz de Hollande hace a este diario horas después de que la algarada entre la izquierda francesa y la derecha francoalemana haya subrayado las diferencias de criterio sobre el liderazgo europeo y a la vez alimentado las esperanzas sobre el final del austericidio y la desregulación, esa gran receta neoliberal que está aniquilado la fe en el proyecto europeo y que ha empobrecido a millones de ciudadanos del continente que todavía es, aunque parezca mentira, la primera potencia comercial del mundo.

El problema es que Hollande tiene prisa: Europa es el clavo ardiendo que puede salvar su legislatura. El presidente socialista ha vivido un primer “año terrible”, como titulaba este martes Le Monde, y tras una década de gobiernos y de tres presidencias conservadoras, sabe por experiencia que, aunque la prima de riesgo francesa viaje en el mismo vagón que la alemana, sin una Europa próspera y más solidaria no hay crecimiento, ni reducción del paro, ni siquiera salvación política.

Los datos son claros: la popularidad del presidente se mueve en simas cercanas al 27%, y desde que llegó al Elíseo ha ido acumulando malas noticias hasta coronar en la peor: el desempleo alcanzó en marzo su cota más alta desde 1997. En menos de un año, el Partido Socialista (PS) ha perdido buena parte del crédito ciudadano que obtuvo en las presidenciales y las legislativas, y teme, con razón, que el creciente descontento social pueda suponer un castigo de grandes proporciones en las elecciones municipales y europeas de 2014.

El mandatario no deja de acumular malas noticias: el paro se ha disparado

En ese sentido, el presidente francés no está en absoluto alarmado por la precipitada filtración del agresivo borrador redactado por la dirección del PS, que fustigaba el egoísmo de la derecha alemana y el thatcherismo de la derecha británica. Según el portavoz del Elíseo, la polémica es solo “una anécdota mediática de corto alcance que no influirá en las relaciones bilaterales. La controversia pasará, y cuando pase será el momento de relanzar el debate europeo”.

Más allá de la polvareda, queda la sustancia: Francia quiere y necesita que Europa cambie y que lo haga rápido. El impulso europeísta es obligado para Hollande, y todo hace pensar que la escritura de un nuevo programa con la marca de la casa del PS es el primer paso hacia una política de Estado más agresiva en Bruselas. Las líneas maestras estaban ya en el programa electoral, pero el giro político se ha convertido en una necesidad imperiosa para un presidente y un partido atenazados por la política de rigor presupuestario, y vistos por muchos electores de izquierda como un equipo voluntarista pero inerme ante el poder de la gran tenaza formada por las finanzas sin reglas, los mercados especulativos y los gobiernos conservadores.

La web del PS ha lanzado un debate para recoger ideas de los militantes

Aunque el PS y el Elíseo afirman que desde junio “se ha avanzado en la unión y la supervisión bancaria, en la tasa Tobin, en el pacto por el crecimiento y en la liquidez que tanto preocupa a España”, lo cierto es que Hollande no ha podido convencer a Merkel de poner fin a las sangrías de los recortes para probar con los estímulos. La web del PS ha lanzado un debate en línea para recoger ideas de los militantes en cinco áreas: crecimiento, empleo e integración solidaria; energía, transición ecológica, redes y espacio; la Europa social y de los derechos; democracia, gobernanza y participación ciudadana; y seguridad, defensa y comercio. “Los socialistas quieren Europa. Lo que combaten es la Europa del tríptico de la derecha: desindustrialización desregulación y desintegración”, afirma el documento.

El congreso europeo del PS será el 16 de junio, dos semanas antes del Consejo en el que Alemania y Francia deberían presentar ideas conjuntas. Esa será la primera prueba del algodón de Hollande. Pero El Elíseo rebaja las expectativas, ya que confía lo justo en el alcance de esa cumbre: “Alemania estará lógicamente pendiente de sus elecciones y no creemos que se pueda avanzar mucho. Llevaremos reflexiones conjuntas porque las reuniones bilaterales se siguen celebrando, pero no parece el momento de anunciar grandes cambios”.

París intentará forjar un acuerdo europeo sobre pilares fundamentales, anunciados en el texto del PS: el cambio de los estatutos del BCE, la licencia bancaria para el Mecanismo Europeo De Estabilidad (MEDE), y la mutualización de la deuda: los famosos eurobonos. Hoy son cuestiones tabú en Alemania, pero El Elíseo no es tan pesimista como antes. “Son asuntos importantes que hay que debatir con todos y sobre todo con Alemania. Estamos trabajando intensamente para buscar un consenso. Cuanto antes lo consigamos mejor será para la zona euro y para la UE. Cuanta más confianza generemos y más integrados estemos, más fuerte será Europa y antes volverá la confianza. Tenemos que fortalecernos. La imagen de una Unión dividida que no logra decidir sobre su futuro es una pésima señal”.