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París estrecha el cerco sobre UBS

Dos exempleados revelan que cortejaron a 353 fortunas para que tuviesen cuentas en Suiza

El exministro de Presupuesto francés Jérôme Cahuzac, en la Asamblea Nacional el pasado 11 de diciembre.
El exministro de Presupuesto francés Jérôme Cahuzac, en la Asamblea Nacional el pasado 11 de diciembre. AFP

Las relaciones entre Francia y Suiza viven una crispación creciente por culpa del secreto bancario y la evasión fiscal, un fenómeno que sustrae al fisco galo entre 60.000 y 80.000 millones anuales, según las estimaciones más recientes. Como sucedió en Estados Unidos en 2009, la presión política y judicial de París sobre Berna es cada vez más intensa, mientras se suceden las filtraciones y los escándalos. Según ha publicado Le Monde, dos jueces han imputado a tres directivos de la Unión de Bancos Suizos (UBS) en Francia, sospechosos de haber dirigido durante años una red comercial muy activa cuyo objetivo era captar grandes fortunas, anónimas y célebres, para que llevaran su dinero a Suiza. Los jueces manejan una lista de 353 clientes potenciales, y la cantidad en juego para Hacienda supera los 850 millones de euros.

La investigación, abierta por “blanqueo y fraude fiscal en banda organizada”, ha ido avanzando gracias al celo de los jueces de París Guillaume Daïeff y Serge Tournaire. Tras ordenar redadas en las oficinas de Lyon, Estrasburgo, Burdeos y París, los magistrados han imputado a Laurent Lorentz, responsable de la sucursal de UBS en Estrasburgo; Hervé d'Halluin, exdirector de la filial de Lille, y Patrick de Fayet, antiguo responsable de UBS Francia.

La información que abrió la investigación llegó el año pasado a la fiscalía de París desde el regulador bancario francés ACP, que recibió una nota anónima presuntamente elaborada por exempleados de UBS Francia. Dos de ellos han dado la cara ahora en Le Monde, y sostienen que el venerable banco suizo funcionó entre 2004 y 2012 como una enorme y sistemática red de blanqueo y fraude fiscal. Los arrepentidos acusan a comerciales de los dos países y a los directivos de UBS Francia, y afirman que unos y otros cobraban bonos a fin de año por abrir cuentas secretas.

El presunto fraude masivo ha puesto bajo sospecha todas las operaciones financieras que ordenó UBS Francia hacia el extranjero, principalmente a Suiza, durante ocho años. Según los testigos, UBS Francia captaba sus clientes organizando “eventos mundanos” (conciertos, torneos de golf o regatas) a los que invitaba a millonarios y celebridades locales, que eran activamente cortejados por los directores y comerciales. El caso más llamativo es el de Pascal Brun, un carnicero que ganó 28 millones a la Loto, y al que UBS contactó en 2004 tras ver su nombre en la prensa.

Tras obtener las listas de los invitados a docenas de actos de mercadotecnia directa y secreta, y cruzarlas con las declaraciones de los testigos, los jueces han elaborado una lista de 353 clientes potenciales, y han pedido a Hacienda que solicite a Suiza que los confirme uno a uno, según contempla la convención fiscal firmada por los dos países en 2009. En los últimos meses, el fisco francés ha enviado a Berna cuatro peticiones nominativas de información, similares a la del exministro socialista Jérôme Cahuzac, y una no nominativa. Berna respondió con diligencia a la pregunta sobre Cahuzac –de forma negativa, porque la pregunta era demasiado concreta-, pero no ha contestado todavía a las demás.

Según Le Monde, Hacienda desea que su homólogo suizo le facilite las listas de clientes franceses de una cincuentena de empleados suizos de UBS. Esto acabaría de facto con el secreto bancario. Otra opción es que UBS se declare culpable, lo cual le evitaría una condena pero no una enorme multa. Los arrepentidos han contado a Le Monde que han sido acosados de distintas formas por sus antiguos jefes. UBS lo niega y afirma que solo buscan “dinero”.