32 horas de viaje electoral

Miles de venezolanos residentes en el sur de Florida emprendien un viaje de 1.400 kilómetros para ir a votar a Nueva Orleans

Miles de personas han puesto rumbo a Nueva Orleans. / A. Belchi (EFE)

Quienes suben al autobús saben que lo que sigue es una carrera de obstáculos. Un maratón de ida y vuelta que durará hasta 32 horas y cuya recompensa será teñirse de tinta violeta el meñique derecho como señal de haber votado, aún a pesar de todas las distancias, en las elecciones presidenciales de Venezuela convocadas para este domingo. El sábado por la tarde, miles de venezolanos que residen en las ciudades del sur de Florida han emprendido viaje -en bus, en coches particulares, en avión- hacia la ciudad de Nueva Orleans, Luisiana, donde se encuentra el colegio electoral más cercano desde que, en enero de 2012, el Gobierno de Venezuela decidió cerrar su consulado en Miami. Son 1.400 kilómetros de carretera los que tienen por delante. Son tantas las ganas que tienen de ir votar.

“Uno está afuera, lejos, y no vive lo más terrible que vive el resto de nuestros compatriotas: la escasez, el crimen. Sé que la trampa va a volver a ocurrir, pero si no hago este esfuerzo de recorrer 32 horas de camino para ir a votar, me sentiría mucho peor”, dice Rafael Núñez: pequeño empresario, de 50 años, quien se mudó con su familia desde Caracas a Dania Beach, Fort Lauderdale, hace 17 años. Hará el viaje por segunda vez; en la primera oportunidad, para votar en las presidenciales del 7 de octubre de 2012, él y su esposa solo encontraron lugar en los últimos asientos de un autobús corriente, junto al baño, y allí viajaron 16 horas de ida y 16 de vuelta. “Luego estuve en una cola desde las 5:30 de la mañana y voté a las 9:30. La terrible trampa que hacían (los funcionarios consulares) era chequear a cada elector en tres listados, solo para retrasar el proceso. Este año, además, instalaron el centro de votación a 16 millas del centro de New Orleans, para hacer todo más difícil”, cuenta Núñez a El País.

El centro electoral de Nueva Orleans es el más grande de todo el proceso, dentro y fuera de Venezuela. Allí, un total de 19.542 electores, registrados originalmente en el Consulado de Venezuela en Miami, están habilitados para votar. En los comicios presidenciales de octubre pasado, donde Hugo Chávez logró su cuarta reelección consecutiva, participaron 8.506 votantes: 8.449 lo hicieron a favor del candidato de la opositora Mesa de la Unidad Democrática, Henrique Capriles; y 51, a favor de Chávez. Por resultados como éstos, el sur de Florida es considerado uno de los bastiones más fuertes de la oposición en el extranjero.

En cada una de las ciudades donde vive un grupo significativo de venezolanos –en Miami, en Doral, en Weston—y al margen de los partidos políticos que tienen representación en ellas, los electores se han organizado. Desde enero de 2012, cuando Hugo Chávez ordenó el cierre del Consulado de Venezuela en Miami, han fundado media docena de organizaciones y asociaciones civiles sin fines de lucro -Voto Donde Sea, De Miami pa’ New Orleans, Venezuela Vigente, Aerovotar, entre ellas- para facilitar el traslado.

“Desde el principio decidimos que, para que el mensaje fuera puro, debíamos mantenernos alejados del tema político. Nuestro objetivo es buscar soluciones a los problemas de nuestro país, desde donde nos encontremos. A ninguno de los pasajeros se les preguntó por quién iban a votar. Basta con ser venezolanos, tener cédula y estar registrados”, dice Andrés Casanova, uno de los creadores de Aerovotar, una fundación que trasladó gratuitamente a 1.212 votantes en las elecciones de octubre pasado, y que esta vez llevará a 850 venezolanos, en cinco vuelos chárter, a un costo de 450 dólares por pasaje. Viajar en autobús cuesta bastante menos –entre 20 y 75 dólares—pero la inversión de tiempo para el viaje es tres veces mayor. “Analizando el registro electoral nos dimos cuenta que el 91% de los electores son mayores de 30 años, lo cual quiere decir que hay entre ellos mujeres embarazadas, familias con niños pequeños. De ellos, el 52% son mayores de 50 años. Transportar a toda esta gente en autobús era ilógico, porque hay personas que no están dispuestas o en capacidad de viajar”, explica Casanova.

En la ciudad de Doral, la única del extranjero donde los inmigrantes venezolanos son mayoría, están invitados a reunirse quienes no puedan hacer el periplo de la votación. “No te quedes en tu casa solo y acompáñanos en este momento trascendental para la nueva historia de Venezuela”, dice un volante del restaurante El Arepazo, que a partir de las 2:00 de la tarde del domingo ofrece “información de lo que estará ocurriendo en Venezuela y el resto del mundo simultáneamente en pantalla gigante digital” y que es considerado por sus propietarios como el equivalente venezolano a “El Versalles”: un restaurante de la calle ocho de Miami donde se reúne la comunidad cubana, a contar los días para la caída del régimen de los hermanos Fidel y Raúl Castro.

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