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Adiós a un periodista ruso incómodo y luchador

Enterrado Mijáil Béketov, periodista ruso víctima de su lucha por la ecología

El reportero Mikhail Beketov, durante una manifestación en Moscú de la oposición al Kremlin, el 21 de noviembre de 2010.
El reportero Mikhail Beketov, durante una manifestación en Moscú de la oposición al Kremlin, el 21 de noviembre de 2010. AFP

Mijáil Béketov, de 55 años, el periodista ruso víctima de su lucha por la ecología en la provincia de Moscú, fue enterrado hoy en Jimki, la ciudad cercana a la capital donde vivió y donde fue director del diario Jimkinskaiya Pravda hasta la salvaje paliza que lo convirtió en un inválido en noviembre de 2008. A resultas de los golpes, Béketov sufrió la amputación de una pierna y de tres dedos de una mano y se vio prácticamente privado del habla.

Béketov criticó la administración municipal de Jimki, cuyo alcalde era Vladímir Stélcheko, un veterano de Afganistán cercano al entonces gobernador de Moscú, Boris Grómov, el general que dirigió la retirada de las tropas soviéticas de aquel país en 1989. Tras la publicación de una serie de artículos sobre la tala del bosque de Jimki para construir una autopista entre Moscú y San Petersburgo, el perro del periodista apareció muerto a golpes. Posteriormente un artefacto hizo explosión en su coche.

El periodista acusó al alcalde de instigar los ataques, pero este a su vez le acusó de calumnias y lo demandó. Siguió la paliza en la que Béketov perdió una parte del cráneo y también la posibilidad de seguir dedicándose a su profesión. Las tensiones que se habían ido acumulando en Jimki cuando los afgantsi (veteranos de Afganistán) dominaban la administración culminaron en el verano de 2010 con el asalto a pedradas del ayuntamiento por parte de varios centenares de anarquistas y antifascistas. En la actualidad, Jimki tiene otro alcalde y la provincia de Moscú, otro gobernador.

Béketov se convirtió en un trágico testimonio de lo que puede sucederle al periodista comprometido con su profesión ante las fuerzas del poder y el dinero. El pasado lunes, a los 55 años, falleció en la clínica donde seguía tratamiento. Sus asesinos todavía no han sido encontrados, a pesar de que el círculo de sospechosos es muy reducido, según dijo el defensor de los derechos humanos de Rusia, Vladímir Lukin, durante los funerales civiles celebrados en la Casa de los Periodistas de Moscú. En 2012, Putin le concedió uno de los premios nacionales de periodismo y durante el acto de entrega prometió acelerar la investigación.

Los investigadores saben quien encargó y ejecutó el crimen, pero carecen de los requisitos procesales necesarios para detenerlos, según dijo hoy la abogada del fallecido, Stalina Gurévich. La abogada manifestó que el fiscal de instrucción encargado del caso la había llamado una sola vez en el último medio año, y eso, tras la muerte de Béketov. Distintos comentaristas llaman la atención sobre el contraste entre la celeridad con la que las autoridades encuentran y detienen a sospechosos de protagonizar los desordenes en las manifestaciones que precedieron a la toma de posesión de Putin en mayo pasado y la desidia a la hora de encontrar a los culpables de la violencia contra los periodistas.

Gurévich dijo que Béketov había continuado esperando que se esclareciera quien había atentado contra él. Cada vez que iba a verlo, explicaba la abogada al diario Kommersant, el periodista le enseñaba la mano sin dedos y la pierna amputada. “Para él era muy importante que encontraran a los culpables. Por desgracia no ha vivido para verlo”, sentenció. Al final, tras un rechazo inicial por supuesta falta de sitio, al cadáver de Béketov le encontraron un sitio en un cementerio local de Jimki donde ahora estudian si deben dedicarle una calle. Putin envió sus condolencias a los familiares del muerto.