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EE UU insiste, de momento, en defender la vía diplomática en la crisis siria

La Administración trata de desviar la atención sobre el plan de contención del Pentágono en caso de una intervención militar

El presidente sirio, Bachar el Asad, llega a un acto en memoria de unos estudiantes muertos.
El presidente sirio, Bachar el Asad, llega a un acto en memoria de unos estudiantes muertos. EFE

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, fue muy claro durante su visita a Oriente Próximo la semana pasada, cuando advirtió de que, si el régimen de Bachar el Asad había empleado armas químicas en un ataque en la provincia de Alepo, supondría un “punto de inflexión” en el conflicto. Este lunes, sin embargo, desde la Casa Blanca y el Departamento de Estado se ha insistido en que la Administración estadounidense sólo contempla la vía diplomática para abordar el conflicto en Siria, en tanto que se sigue investigando si su Gobierno empleó material químico en la muerte de 26 personas el pasado martes.

“Seguimos trabajando con la oposición siria en el proceso de acelerar la transición democrática en ese país”, ha señalado el portavoz adjunto de la Casa Blanca, Josh Earnest, en la rueda de prensa diaria. Casi al mismo tiempo, el portavoz del Departamento de Estado, Patrck Ventrell, insistía en esa misma idea resaltando que EE UU es el país que más ayuda humanitaria ha enviado al pueblo sirio. Ninguno de los dos ha querido desvelar qué pasos podría dar la Casa Blanca si se comprobaba que El Asad había usado armas químicas contra los sirios en el ataque de Alepo, el “punto de inflexión”, la “línea roja”, que Obama ya ha advertido que no debía cruzar el presidente sirio, si no quería que EE UU interviniera militarmente en el conflicto. “No voy a comentar aquí cuál es nuestro plan de contingencia”, ha asegurado Earnest.

Un artículo publicado este lunes por The Washington Post cuestiona que EE UU esté realmente preparado para intervenir de manera activa en Siria en caso de que se compruebe el uso de armas químicas por el régimen de El Asad. “Si tuviéramos que desplazarnos allí mañana, diría que no estamos preparados”, confiesa un miembro de la Administración Obama, que no quiere identificarse, al diario.

Un artículo publicado este lunes por The Washington Post cuestiona que EE UU esté realmente preparado para intervenir de manera activa en Siria en caso de que se compruebe el uso de armas químicas por el régimen de El Asad

De acuerdo con la información, el Pentágono estudia dos vías de ataque, destruir buena parte del arsenal de armas químicas de Siria o desmantelar su fuerza aérea para impedir que pueda derramar su munición química sobre la población. Ambas posibilidades presentan inconvenientes. La primera opción conlleva la necesidad de tener que colocar los explosivos in situ, lo que exige desplegar a efectivos en el terreno, sin poder atacar desde posiciones aéreas y además, tiene el riego de provocar la dispersión de productos contaminantes que afecten a la salud de la población. Un ataque a la aviación siria, por otro lado, no impediría que el régimen pudiera emplear productos químicos en otro tipo de artillería -bombas, misiles...-.

La falta de coordinación con los rebeldes en el interior y la frágil alianza de los grupos de la oposición política a El Asad, puesta de manifiesto este fin de semana con la dimisión de su principal líder, Moaz al Jatib, también es otro obstáculo a la hora de definir una futura estrategia militar por parte de EE UU en la zona, indica The Washington Post.

La Casa Blanca ha empleado la retórica de la “línea roja” para tratar de disuadir a El Asad de emplear su arsenal nuclear contra los rebeldes y la población civil siria y calmar, al mismo tiempo, a los políticos de su país, a los Estados árabes y a la oposición siria, que reclamaban de Obama una posición más firme y activa en el conflicto. Hasta ahora el Pentágono y la Administración estadounidense siempre se han mostrado cautos cuando ha habido informaciones sobre ataques con armas químicas en Siria.

EE UU ha enviado a la frontera con Jordania equipamientos especiales para protegerse de posibles agresiones con productos químicos y numeroso personal militar para ayudar a entrenar a unidades especiales para asegurar los arsenales

En el ataque del martes pasado en Alepo, donde murieron 26 personas, las denuncias han venido de parte de la insurgencia y del propio Gobierno sirio, que se acusan mutuamente de haber empleado material químico en la refriega. Tanto Obama, en su gira por Oriente Próximo, como la Casa Blanca y el Departamento de Estado, este lunes, han asegurado que EE UU está investigando el incidente, pero no han dado pistas de qué pasos darán si se comprueba que fueron víctimas de un ataque con productos químicos. De momento, EE UU ha enviado a la frontera con Jordania, donde se concentra gran parte de los depósitos de armas químicas de Siria, equipamientos especiales para protegerse de posibles agresiones con productos químicos y numeroso personal militar para ayudar a entrenar a unidades especiales para asegurar los arsenales.

La semana pasada varios congresistas presentaron una propuesta de Ley para autorizar a EE UU a entrenar a los rebeldes sirios. Hasta ahora la Administración Obama se ha negado a facilitar armas a los grupos insurgentes por temor a que acaben en manos de grupos extremistas. The New York Times desvela este lunes, sin embrago, que la CIA está colaborando con Jordania, Arabia Saudí, Catar y Turquía para proveer de ayuda militar a la insurgencia siria. El artículo, que cita datos del tráfico aéreo, entrevistas con oficiales y declaraciones de dirigentes rebeldes, asegura que la Agencia ha asesorado a esos países en la compra de armas para los opositores. Con esta intervención, impulsada cuando el general David H. Petraeus estaba al cargo de la CIA, EE UU consigue, según The Times, mantener cierta influencia entre los rebeldes y garantizar que el armamento no acababa en manos de radicales.