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El Partido Republicano cierra filas en torno a la reforma migratoria

El senador Rand Paul durante una comparecencia el pasado día 14 en Maryland.
El senador Rand Paul durante una comparecencia el pasado día 14 en Maryland. REUTERS

La presentación esta semana de un plan de inmigración por parte de un senador afiliado al Tea Party refleja el cambio de orientación del Partido Republicano en este debate e indica que el acuerdo sobre un nuevo sistema migratorio podría estar muy cerca. Rand Paul, político conservador republicano, pidió a los miembros de su partido que reconozcan que “no vamos a deportar a 12 millones de indocumentados”.

“La prudencia y la compasión nos dirigen hacia el mismo objetivo: conseguir que estos trabajadores salgan de las sombras y se conviertan en miembros plenos y contribuyentes de nuestra sociedad”, afirmó el senador, considerado como uno de los posibles candidatos republicanos en 2016, ante la Cámara Hispana de Comercio.

El senador del Tea Party ha protagonizado uno de los giros más drásticos entre los republicanos. Paul propuso apenas hace un año, durante las primarias de su partido, que EE UU respondiera a la inmigración ilegal con una valla eléctrica a lo largo de toda la frontera con México. También defendió la eliminación de la 14ª Enmienda para que los descendientes de indocumentados no tuvieran nacionalidad estadounidense a pesar de nacer en el país.

Ahora argumenta que los republicanos “debemos convertirnos en los padres de una nueva generación de votantes hispanos” porque, de no hacerlo, “tendremos que resignarnos a un estado permanente de minoría política”. Paul prometió asimismo que encontraría “un lugar para los inmigrantes que quieran vivir y trabajar en Estados Unidos”.

Debemos convertirnos en los padres de una nueva generación de votantes hispanos”

Las palabras del senador llegaron además apenas un día después de que el presidente del Comité Nacional Republicano defendiera en un informe que el partido debe ayudar a sacar adelante la reforma si no quiere perder para siempre el respaldo de los votantes hispanos. Los resultados de las últimas elecciones, en las que el presidente, Barack Obama, resultó reelegido gracias, en parte, al apoyo de siete de cada diez hispanos, obligaron a reaccionar al partido de Mitt Romney, derrotado.

Apenas dos meses después, cuatro senadores republicanos y cuatro demócratas anunciaron un plan de colaboración histórico para redactar la nueva legislación de inmigración. El ya conocido como “grupo de los ocho” cuenta con John McCain, senador republicano de Arizona que ya impulsó el último intento de reforma en 2007, y Marco Rubio, de Florida, cuya presencia ayudará a acercar las posturas más conservadoras.

Los ocho senadores incluyeron en su primer borrador la creación de una vía para regularizar a los indocumentados, algo que también defendería Paul -a pesar de que en su discurso nunca pronunció la palabra “ciudadanía”. El republicano propone otorgar permisos de trabajo y de residencia a los indocumentados, pero no especifica si esto desembocará después en la ciudadanía estadounidense, ya que ésta se puede solicitar tras diez años de permanencia legal en el país.

Cuando la agencia Associated Press informó de que un miembro del Tea Party apoyaba el acceso a la ciudadanía para los indocumentados, su equipo rectificó, asegurando que no respaldaba esta opción sino la “normalización” de los ‘sin papeles’. Paul enredó aún más esta controversia, y acabó siendo acusado por organizaciones de inmigrantes y políticos demócratas de querer crear un estatus de segundo nivel para los indocumentados. De no poder acceder a la ciudadanía, tendrían permiso de residencia, pero nunca la plenitud de derechos de la que disfrutan los estadounidenses.

Los medios norteamericanos han interpretado el gesto del senador como un importante avance a favor de la reforma. “Los comentarios de Paul aportan una gran evidencia de que la generación de nuevos líderes conservadores se está volviendo en contra del argumento republicano de que se debe negar la ciudadanía a quienes entran en el país de manera ilegal”, dice The New York Times. “El giro de Paul puede recibir oposición de los seguidores del Tea Party y de conservadores que suelen rechazar una propuesta de reforma migratoria como esta”, reconoce también The Wall Street Journal.