Premio Nobel de la Paz
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

La paz después de la guerra

El premio Nobel ha sido muchas veces polémico pero casi siempre ha acertado al reconocer esfuerzos genuinos de reconciliación

Kissinger, en la Casa Blanca en 1971.
Kissinger, en la Casa Blanca en 1971.Tom Blau (Cordon Press)

El añorado polemista Christopher Hitchens, que murió de cáncer hace ahora un año, una enfermedad que narró con la misma rotundidad y lucidez que marcó toda su obra, comienza su ensayo sobre Henry Kissinger diciendo que el propósito de su libro no es denunciar los crímenes del que fuera secretario de Estado de EE UU, sino que su objetivo es que acabe siendo juzgado y condenado por un tribunal penal internacional. Kissinger es premio Nobel de la Paz que compartió con el vietnamita Le Duc Tho en 1973 por sus esfuerzos para acabar con la guerra de Vietnam. Es posible encontrar unos cuantos peros a la lista de políticos que han recibido este galardón –empezando por Barack Obama, un presidente que si bien frenó los abusos de la administración Bush, no ha dudado en utilizar los drones y no ha cerrado Guantánamo--, pero también están en ella todos los grandes nombres que han dado pasos gigantescos en nombre de la paz, desde Jean Henry Dunant en 1901, padre de la convención de Ginebra tras contemplar el horror de la batalla de Solferino, hasta Martin Luther King, René Cassin, Aung San Suu Kyi, Liu Xiaobo o, claro, Nelson Mandela.

El problema del premio Nobel de la Paz es una obviedad: a la paz se llega después de la guerra y alguno de los que lo han recibido fueron combatientes antes de pacifistas. Eso sí, mostraron la suficiente lucidez como para ser capaces de reconocer el momento en que ya no tenía sentido seguir combatiendo, cuando había que olvidar principios que parecían irrenunciables en nombre de una solución. El caso más claro se produjo en 1994 cuando el palestino Yasir Arafat y los israelíes Simon Peres e Isaac Rabin recibieron el galardón. Arafat y Rabin se habían pasado media vida luchando el uno contra el otro, pero al final acabaron en Oslo. Sus renuncias en nombre de la paz le costaron la vida al ex primer ministro israelí, asesinado en noviembre de 1995 por un fanático sionista, venerado todavía por los colonos. En Irlanda del Norte, recibieron el galardón John Hume y David Trimble. El IRA se quedó fuera, pero han pasado los años y sus dirigentes han demostrado su compromiso con la paz. Lo que entonces hubiese parecido un escándalo, ahora tal vez no lo sería.

En cuanto a la Unión Europea, puede tener muchos defectos, pero su contribución a la paz en el continente es indudable. De hecho, no es la primera vez que los intentos de reconciliación en Europa reciben este galardón: en 1926, ya fueron premiados el alemán Gustav Stresemann y el francés Aristide Briand por su trabajo para lograr la reconciliación francoalemana. Fracasaron pero sin su esfuerzo seguramente el proyecto de construcción europea no hubiese avanzado tan rápido tras el cataclismo de la II Guerra Mundial.

El historiador Antony Beevor mantiene que la guerra ha desaparecido del continente europeo porque las democracias no combaten entre sí, no por la UE. Pero resulta muy difícil desligar los dos procesos, como quedó claro después de la ampliación al este, con la entrada de los países que estuvieron al otro lado del Telón del Acero. Si es un premio que reconoce la paz que llega después de la guerra, la UE lo merece sin ninguna duda. Europa puede tener muchos problemas, muchísimos, demasiados, pero la paz y la reconciliación no están entre ellos.

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Sobre la firma

Guillermo Altares

Es redactor jefe de Cultura en EL PAÍS. Ha pasado por las secciones de Internacional, Reportajes e Ideas, viajado como enviado especial a numerosos países –entre ellos Afganistán, Irak y Líbano– y formado parte del equipo de editorialistas. Es autor de ‘Una lección olvidada’, que recibió el premio al mejor ensayo de las librerías de Madrid.

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