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El cerco al Congreso mexicano levanta protestas en la Ciudad de México

Después de que las medidas de seguridad causaron atascos, las autoridades han decidido recular algunas de las previsiones frente a la próxima investidura de Enrique Peña Nieto

Todavía no ha tomado posesión y el priísta Enrique Peña Nieto ya ha enojado a un sector de la población de la capital mexicana. El Distrito Federal ha vivido tres días de controversia después de que el domingo las autoridades federales convirtieran en un búnker la sede de la Cámara de Diputados, donde el próximo sábado será el juramento de toma de posesión de Enrique Peña Nieto, presidente de México para el periodo 2012-2018.

Desde las primeras horas del domingo, miembros del Estado Mayor Presidencial, encargado del resguardo y seguridad del mandatario, instalaron vallas metálicas de tres metros de altura en calles circundantes al Palacio Legislativo, también conocido como San Lázaro. El cerco dejó aislados a decenas de miles de habitantes de esos barrios. Las molestias de los vecinos aumentaron porque ese mismo domingo se suspendió la operación en cuatro estaciones de Metro y otras del Metrobús [autobuses urbanos], algunas de ella nada cercanas al Congreso. Las medidas causaron atascos en los alrededores, molestias a los usuarios del transporte público y furor en las redes sociales, donde entre otras cosas se comentó el tema #EnriquePeñaNietoTieneMiedo.

Ante las protestas, las autoridades redujeron este martes el cerco y volvieron a operar dos estaciones del suburbano. Además, diputados del partido de la Revolución Democrática (PRD, izquierda) encabezaron una protesta en contra de la valla y derribaron varias de las planchas de acero que la forman. “(El cerco) violenta derechos fundamentales de manera innecesaria”, dijo a la prensa el líder de los diputados del PRD, Silvano Aureoles. La postura del equipo de Peña Nieto la fijó Miguel Ángel Osorio Chong, coordinador para el diálogo político y seguridad, quien en su cuenta de Twitter escribió que “ante el cerco de seguridad dispuesto por el EMP en San Lázaro, se tomó la decisión de retirarlo y abrir estaciones del Metro y calles cerradas”. El gobierno en funciones ha guardado silencio sobre este tema.

Distintos grupos sociales y partidos han anunciado que llevarán a cabo protestas en repudio a la llegada a la presidencia del exgobernador del Estado de México. La semana pasada, portavoces del movimiento #Yosoy132, que surgió tras una ruidosa protesta estudiantil en contra de Peña Nieto en la campaña electoral, anunciaron su intención de hacer un cerco a San Lázaro mediante una valla humana. Cabe mencionar que el movimiento #Yosoy132, que nació en mayo de este año, luce mucho más dividido que hace unos meses.

Por su parte, el excandidato presidencial Andrés Manuel López Obrador hizo un llamamiento a sus seguidores en todo el país, agrupados en el naciente partido político Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), a congregarse el sábado en distintos puntos del país para repudiar a Peña Nieto.

“El 1 de diciembre, 11 horas, en las capitales de los estados habrá actos de protesta por la imposición de EPN. En el DF [Distrito Federal] será en el Ángel [de la Independencia]”, publicó López Obrador el viernes en su cuenta de Twitter. El Ángel de la Independencia es un monumento en el Paseo de la Reforma, que se sitúa a cinco kilómetros de la sede del Congreso.

Un portavoz del Partido de la Revolución Democrática (que ha sufrido una bajada de militantes con el nacimiento de Morena) dijo el domingo que la comparecencia de Peña Nieto en San Lázaro "no será un día de campo”.

El programa oficial del sábado se compone de al menos tres actividades. Peña Nieto recibiría muy temprano en el Congreso de la Unión la banda presidencial que hasta ese día portará Felipe Calderón Hinojosa. Contrario a lo que solía ser la tradición, el nuevo presidente no dará su primer discurso en el recinto legislativo, sino en Palacio Nacional ante cientos de invitados. Posteriormente habrá una comida con invitados especiales. No será sin embargo la primera ocasión en que un presidente no pronuncie su discurso inaugural en el Congreso. Felipe Calderón, tras un accidentado proceso poselectoral, lo tuvo que pronunciar en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México. Entre las decenas de invitados de honor están confirmados Felipe de Borbón y el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden.

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