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Más de 300 asesinatos en dos meses aterrorizan la periferia de São Paulo

Desde hace dos meses, el número de asesinatos en la ciudad más poblada de Brasil se ha disparado. Más de dos tercios de las víctimas han muerto en los últimos 20 días

Miembros de la Policía durante una operación en la favela Paraisópolis, Sao Paulo.
Miembros de la Policía durante una operación en la favela Paraisópolis, Sao Paulo. EFE

"Eviten salir de casa a partir de las cuatro de la tarde, si salen no lo hagan solos, lleven un documento consigo y eviten aglomeraciones". Sao Paulo vive una ola de violencia que ha llevado a los párrocos de la periferia a hacer este tipo de recomendaciones a los vecinos.

Desde hace dos meses y, especialmente a partir del 24 de octubre, el número de asesinatos en la ciudad más poblada de Brasil se ha disparado. Las víctimas, 144 en septiembre, y más de 200 en los últimos 20 días, caen en tiroteos entre policías y criminales, en ejecuciones sumarias o alcanzadas por balas perdidas. Los asesinos suelen ir en pareja a lomos de motocicletas, con lo que han ganado el apodo de "motoristas fantasmas".

"Vivimos un clima de extrema inseguridad, de miedo. Las personas se sienten desprotegidas ante esta ola de crímenes", relata el obispo auxiliar de São Paulo, Milton Kená Júnior, que lidera a 73 curas que ejercen en los barrios pobres del noroeste de la ciudad, donde la violencia ha roto cualquier rutina.

Extraoficialmente –el Gobierno lo niega- se ha decretado el toque de queda. "No sabemos quién lo marca, pero los propios curas cuentan como al final de la tarde los barrios se quedan desiertos”. En otras regiones, siempre lejos de las zonas nobles de la ciudad, los autobuses han cambiado sus horarios y los niños han dejado de ir a la escuela en el turno de tarde.

Los asesinatos y los atentados violentos, como la quema de autobuses, se han expandido por todo la región metropolitana, donde solo entre septiembre y octubre se han registrado 997 homicidios, un 31% más que los ocurridos durante mismo periodo de 2011.

Tras las muertes está el PCC o Primer Comando de la Capital, grupo criminal que nació en 1993 en defensa de los derechos de los presos y que controla el narcotráfico en São Paulo, pero también agentes de la Policía Militar (PM).

De hecho, de lo que se habla es de una guerra entre ambos bandos, con muchísimas víctimas colaterales. Las autoridades no admiten que el conflicto tenga esas proporciones —lo que les supondría asumir que han perdido el control de la situación—, pero cartas publicadas por la Folha de São Paulo, en las que líderes del PCC ordenan la ejecución de dos policías por cada "hermano caído" en manos de la PM, ponen en evidencia la versión oficial.

Desde el mes de mayo las ejecuciones de policías militares -93 en lo que va de año- comenzaron a ser portada. Los asesinos aprovechaban para matarlos en sus días libres, cuando estaban con sus familias. Ese fue el comienzo de una situación que, después de varios meses, ha llegado hasta el vecino Estado de Santa Catarina amenazando su temporada turística.

"Lo que está ocurriendo ahora es que el cuerpo de élite de la Policía Militar, la Rota, pasó a investigar el crimen organizado en la calle, una función que le corresponde a la Policía Civil. Según la propia Policía Civil y el Ministerio Público, en algunas de esas acciones ha habido indicios de abusos: los policías en lugar de detener a los integrantes del PCC, los mataban. Y el comando está respondiendo”, explica Josmar Jozino, periodista del diario Agora y autor de tres libros sobre el PCC.

Este brote de violencia no es nuevo. En 2006 una serie de 540 asesinatos llevó a las autoridades a decretar el estado de sitio en Sao Paulo y a poner en jaque a sus 41 millones de habitantes. El PCC respondía a la decisión de las autoridades de aislar a 765 presos del comando en una prisión de alta seguridad a 600 kilómetros de Sao Paulo. Para Jozino, la situación de 2006 está muy cerca de repetirse. “Las autoridades han perdido el control”, afirma.

A pesar del aumento de los asesinatos, São Paulo no es de los estados más violentos de Brasil. El año pasado registró una tasa de 10,1 homicidios por cada 100.000 habitantes, lejos de los 44,8 de Espíritu Santo o de los 92 de Honduras, uno de los países con el mayor índice del mundo.