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Los países del Golfo reconocen a la oposición como representante de Siria

Los países del Golfo respaldan también como "representante legítimo del pueblo sirio" a la nueva coalición contra el régimen de El Asad

El dirigente opositor sirio Ahmed Moaz al-Khatib llega a la reunión de la Liga Árabe.
El dirigente opositor sirio Ahmed Moaz al-Khatib llega a la reunión de la Liga Árabe. AFP

El Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) ha sido este lunes el primer bloque de países en reconocer a la nueva coalición opositora siria como representante legítimo del pueblo sirio. Arabia Saudí, Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Omán -miembros del CCG- confirmaron así su respaldo al cambio de régimen en Damasco, una preferencia que, si bien con distinta intensidad, ya habían dejado clara desde que el año pasado se inició la revuelta contra Bachar el Asad.

“Los Estados miembros del CCG declaran su reconocimiento de la Coalición Nacional Siria de las fuerzas de la oposición y de la revolución (…) como representante legítimo del pueblo hermano sirio”, asegura un comunicado difundido por el secretario general del CCG, Abdellatif al Zayani, del que se han hecho eco las agencias de noticias.

El texto anuncia que los integrantes de ese bloque “van a facilitar apoyo a la nueva entidad para que pueda llevar a cabo las aspiraciones del pueblo sirio, con la esperanza de que [el grupo] sea un paso adelante hacia una rápida transferencia del poder”. Esas palabras dan a entender un aumento de la ayuda económica y militar que Arabia Saudí y Catar, los dos países más implicados en la crisis siria, ya habían reconocido estar brindando a los rebeldes. Al Zayani, un exgeneral bahreiní, expresa además su deseo de que el resto de “los estados árabes y la comunidad internacional reconozcan [también] a la coalición”.

La rapidez con que el CCG ha respondido a la formación de la coalición opositora, apenas un día antes en Doha, la capital de Catar, no constituye ninguna sorpresa. Desde el inicio de la revuelta siria, en marzo de 2011, ese grupo ha sido muy crítico con el régimen de Bachar y no ha escondido su preferencia porque fuera relevado al frente del país. El emir de Catar incluso llegó a ofrecer asilo al dictador sirio y a su familia.

Esos gestos están lejos de constituir un apoyo a las aspiraciones democráticas de los sirios. Tanto los saudíes como el resto de los monarcas de la península Arábiga han vivido con aprensión la Primavera Árabe y aún tratan de protegerse del mínimo riesgo de contagio. Sin embargo, el régimen sirio siempre ha sido una china en su zapato. Desde que Hafez el Asad, el padre del actual mandatario, se pusiera de parte de Irán en su guerra con Irak durante los años ochenta del siglo pasado, hasta el bombardeo israelí de Líbano en 2006 cuando Bachar les llamó “medio hombres” por no intervenir en defensa de sus hermanos árabes, Damasco siempre ha estado en la trinchera opuesta a sus intereses (salvo un breve acercamiento durante la guerra para desalojar a Irak de Kuwait en 1991).

Ahora, el CCG espera que la nueva Coalición, establecida tras grandes esfuerzos internacionales para amalgamar las diversas y malavenidas tendencias opositoras que hasta ahora han sido incapaces de coordinarse de forma efectiva, permita “acabar con el baño de sangre, proteger la unidad territorial de Siria y poner en marcha un Congreso Nacional que prepare el camino a un Estado sometido a la ley y abierto a todos sus ciudadanos, sin excepción ni discriminación”. También, aunque no lo diga el comunicado, un Estado que no intente exportar la democracia y mucho menos la ideología islamista que se adivina entre las corrientes con más peso.