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Decenas de miles de griegos claman contra la austeridad

Muere un manifestante por un paro cardiaco durante la huelga general

Decenas de miles de personas marcharon por el centro de Atenas para protestar contra las medidas de austeridad aprobadas por el Gobierno de coalición presidido por el conservador Antonis Samarás. Pretendían llamar la atención de la Unión Europea ante la decisiva cumbre de jefes de Estado y de Gobierno europeos que comenzó también en Bruselas, y en la que los Veintisiete deben intentar salvar a una Grecia que se halla al borde del abismo.

Ya de madrugada llegó el comunicado de los jefes de Estado y de Gobierno sobre el país heleno, un texto muy genérico que se limita a a "acoger con satisfacción la determinación del Gobierno de cumplir sus compromisos y apreciar los considerables esfuerzos realizados por el pueblo de Grecia". La canciller alemana, Angela Merkel, también se ha referido a Grecia y ha dicho tendrá que cumplir con sus compromisos, lo que permitirá permanecer en la zona euro. O dicho de otra forma, que solo seguirá en el euro si cumple sus compromisos.

Atenas vive en un permanente dejá vu. A media mañana, cuando, como en un guion ya escrito, empezó el lanzamiento de los cócteles molótov y la plaza de Syntagma se llenó del humo de los gases lacrimógenos, un hombre cayó al suelo y no se levantó. Era un marinero de 65 años, sin trabajo desde hace seis, y sufrió un paro cardiaco. Hace un año, el 20 de octubre de 2011, había ocurrido lo mismo. En una protesta masiva en contra los brutales recortes aprobados por el Gobierno, un desempleado que participaba en la manifestación había muerto de un ataque de corazón. Entonces también se celebra ba una cumbre europea.

En la quinta huelga general convocada en 2012 —y la segunda en apenas tres semanas—, 40.000 personas se congregaron en el centro de la ciudad para clamar que ya no queda nada más que recortar en Grecia.

Pero en un año ha cambiado el gobernante que presenta los ajustes. Entonces, como líder del principal partido de oposición, votó en contra. Pero Antonis Samarás no estaba en el Parlamento para ver desde la ventana lo que pasaba en la plaza de Syntagma. El primer ministro se reunió en Bruselas con sus homólogos europeos para recabar el apoyo a las reformas emprendidas por su Gobierno y recibir buenas palabras sobre el paquete de austeridad que está negociando con la troika para que Grecia obtenga los 31.000 millones de euros de otro tramo del rescate de 130.000 millones aprobado en febrero.

Aún quedan algunos flecos no menores —como la controvertida reforma laboral que piden los enviados del Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE)— para cerrar el acuerdo, pero anoche en Bruselas se esperaba que no hubiera ningún problema para elaborar un comunicado de apoyo a Atenas, ya que todos los líderes europeos estaban de acuerdo, según revelaron fuentes diplomáticas.

Nos arrebatan nuestras vidas”, se lamenta una joven en Atenas

A los que estaban en la plaza, el único nombre que les importaba de los jefes de Estado reunidos en la capital belga era el de Angela Merkel. Pese a la buenas palabras que la canciller alemana se esforzó en pronunciar en su visita a Grecia la semana pasada, muchos manifestantes achacaban al rigor de la canciller alemán sus sufrimientos actuales.

Sotiria, de 50 años y en paro desde hace cuatro, acudió a la manifestación con su marido de origen francés, Francis, de 58 años y dos sin encontrar un empleo. Ella trabajaba antes como administrativa en una empresa de logística. Él, en el sector de la construcción. “¿Cómo sobrevivimos? Con la pensión de mi madre, pero a ella también se la recortaron. Encontramos trabajillos en el mercado negro. Yo he empezado a limpiar casas. Tengo estudios universitarios y con este sistema parece que quieren que todos hagamos trabajos en los que no nos quede mucho tiempo para pensar”. Sotiria, como muchos participantes en la protesta tenía la cara pintada de blanco con un líquido para evitar la irritación causada por los gases lacrimógenos.

Al otro lado de Syntagma estaba Anne Yannikou, abogada de 30 años. La protesta se había disuelto, pero aún quedaba tiempo para más cargas. Con su chaqueta de algodón fino, Yannikou no se da la típica imagen de los anarquistas que lanzan piedras. Pero mientras miraba a los últimos grupos que se encaraban con la policía, reflexionaba en voz alta: “Si solo es un pequeño grupo no vamos a ningún sitio. Si toda la gente que había antes, y era mucha, mucha más que el otro día, se plantase frente a la policía obtendríamos mejores resultados”. ¿Y adónde nos llevan los enfrentamientos violentos? “Me considero una persona educada pero creo que ya no queda más que la violencia. Quiero tener un hijo e irme a vivir con mi novio. Pero todos los meses echamos cuentas y vemos qué no tendríamos para subsistir. Nos están arrebatando nuestras vidas”, argumenta.

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