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El Supremo declara a Dirceu, exministro de Lula, culpable de corrupción

El tribunal da por probada la responsabilidad en las corruptelas del expresidente del PT

ATLAS

El Supremo de Brasil ha condenado este martes, con seis votos en contra y dos a favor, a José Dirceu, exministro del expresidente Lula da Silva, por corrupción activa en el proceso llamado mensalão. Faltan aún otros dos magistrados por votar. Lo harán este jueves y ya dieron a entender días atrás que también emitirán sentencia condenatoria.

Junto con Dirceu han sido también condenados el entonces presidente del Partido de los Trabajadores (PT), José Genuino, y el tesorero, Delubio Soares. Los tres constituían en 2003 el núcleo fuerte del PT y han sido condenados por haber sobornado con dinero público a cuatro partidos, hoy aliados del Gobierno, y a varios diputados para que apoyaran el primer Gobierno de Lula. Los tres serán también procesados más tarde por “formación de cuadrilla” (un delito equivalente al de organización criminal).

El Supremo ya había condenado a políticos de cuatro partidos por corrupción pasiva. Este martes lo ha hecho con los corruptores.

La condena más difícil era la de Dirceu, ya que las pruebas contra él no eran tan evidentes como las de los otros implicados. El mismo juez Ricardo Lewandowski, que absolvió a Dirceu, advirtió de que la absolución no significaba que Dirceu no fuese el jefe de la trama, sino que él no había hallado en los actos una prueba concreta de su culpabilidad.

La mayoría de los magistrados, sin embargo, se basó en la teoría de los indicios junto con las pruebas testimoniales recurriendo a lo que ocurre en las organizaciones criminales y de la mafia. En estos casos, según ellos, los capos “no dejan huellas” y hay que llegar a su culpabilidad a través de lo que llamaron “el conjunto de la obra”.

Con la condena del llamado núcleo político de la trama, cuya autoría, según la acusación, recayó en Dirceu, cae la tesis de la defensa de que no existió el mensalão como trama organizada para que el Partido de los Trabajadores se perpetuase en el poder, sino algunas conductas delictivas aisladas.

Lo que más ha extrañado de la condena de Dirceu —considerado el segundo político más poderoso del país, después de Lula— es que haya sido consumada por un Supremo en el que, de los 11 magistrados, ocho fueron designados por Lula y por la presidenta Dilma Rousseff. Hasta el juez instructor ha confesado que él votó siempre por Lula y Rousseff. No se ha tratado, pues, de una condena llevada a cabo desde las filas de la oposición, sino de magistrados amigos todos de Lula. Los analistas políticos lo han visto de manera positiva, como si se hubiese tratado de una catarsis de tipo ético llevada a cabo internamente por simpatizantes del partido condenado.

La presidenta Dilma había dado orden en la mañana del martes a sus ministros para que no se manifestaran ante la ya esperada condena de Dirceu.

Se espera ahora una declaración del expresidente Lula, que siempre ha considerado este proceso —retransmitido en directo por la televisión— como un “golpe político” por parte de los que no soportaron que un tornero mecánico llegase al poder y acabase triunfando, como él mismo declaró.

No sería imposible que Dirceu recurriese a una Corte Internacional, ya que hasta el último momento ha declarado que es inocente y que ha sido condenado sin pruebas.

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