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China teje el poder en la sombra

El Partido Comunista anuncia la celebración de su congreso tras la expulsión de Bo Xilai

El primer ministro chino, Wen Jiabao, brinda durante su discurso en Pekín con motivo del Día Nacional.
El primer ministro chino, Wen Jiabao, brinda durante su discurso en Pekín con motivo del Día Nacional. AFP

El anuncio por parte del Politburó, el pasado 28 de septiembre, de la expulsión del Partido Comunista Chino (PCCh) del exdirigente Bo Xilai fue realizado el mismo día que comunicó la esperada convocatoria del congreso quinquenal del partido, que comenzará el 8 de noviembre. Fue una simultaneidad esclarecedora. Tras meses de especulación sobre el destino de quien hasta hace unos meses era claro candidato a entrar en el próximo Comité Permanente del Politburó, Pekín optó por la vía dura, acusó a Bo de abuso de poder, corrupción, intentar ocultar el asesinato por parte de su esposa de un ciudadano británico y tener relaciones impropias con numerosas mujeres, y decidió perseguirlo judicialmente.

El Gobierno despejó así lo que parecía el último obstáculo para celebrar un congreso clave, que verá la llegada de la generación de líderes que durante la próxima década regirá los destinos de la segunda mayor economía del mundo, y envió una clara señal de que, tras meses de forcejeos políticos y negociaciones, el reparto de poder en los máximos órganos del partido ha sido acordado y todo está listo para que los más de 2.200 delegados que participarán en el cónclave bendigan las decisiones adoptadas previamente por la cúpula dirigente.

A pesar del meteórico progreso económico y social que ha experimentado China, la política del país asiático sigue sumida en el secretismo más absoluto. El nombre de los nueve —el número podría variar— miembros del Comité Permanente que se presentarán al mundo el último día del congreso por estricto orden jerárquico en el Gran Palacio del Pueblo en Pekín es uno de los secretos mejor guardados en China y fuente de especulación entre analistas, académicos y diplomáticos extranjeros, que interpretan cada señal en busca de luz como quien lee los posos de té.

Pero si algo parece dejar claro la caída de Bo Xilai —líder del ala más izquierdista y conservadora del partido— es que los llamados reformistas, con Hu Jintao y Wen Jiabao —actuales presidente y primer ministro, respectivamente— a la cabeza, han ganado la partida y cederán el testigo al vicepresidente, Xi Jinping, y el viceprimer ministro Li Keqiang para que en marzo próximo asuman la jefatura del Estado y del Gobierno. Durante el congreso, se prevé que Xi suceda a Hu como secretario general del PCCh. Xi y Li son los dos únicos miembros del Comité Permanente actual que continuarán en el próximo.

El partido ha intentado trasladar durante estos tiempos de tensión política una imagen de unidad, y ha repetido con insistencia que el escándalo Bo Xilai no tiene nada que ver con luchas intestinas como argumentan muchos expertos tanto dentro como fuera de China. La prensa oficial vendió rápidamente su caída como una muestra de la determinación del partido en la lucha contra la corrupción.

Una regla de oro en el PCCh es que las diferencias que pueda haber en la cúpula no deben aflorar ante la opinión pública. El sábado 29 de septiembre, justo al día siguiente del anuncio de la expulsión de Bo, el partido dio una nueva muestra de unidad. Los nueve miembros del Comité Permanente —entre ellos, Zhou Yongkang, máximo responsable de la seguridad interna nacional y próximo a Bo Xilai— aparecieron juntos en una recepción oficial en el Gran Palacio del Pueblo, con motivo del 63º aniversario de la fundación de la República Popular China, el 1 de octubre.

China funciona mediante un sistema de dirección colegiada, basado en delicados equilibrios de poder, que son construidos en los meses e incluso años que preceden al congreso del partido, con objeto de acomodar a las diferentes facciones; en esencia, la representada, por un lado, por una coalición flexible de los llamados príncipes y la facción de Shanghai, que agrupa a los hijos de altos exdirigentes del PCCh y a líderes con experiencia en las ricas provincias costeras, respectivamente, con el expresidente Jiang Zemin como figura de referencia, y, por otro, la facción de la Liga de las Juventudes Comunistas, o Tuanpai, en torno a Hu Jintao, que tiende a favorecer políticas más partidarias de reducir las desigualdades sociales. No obstante, las fronteras entre una y otra facción no son absolutas y ambas tienen como prioridad absoluta mantener el gobierno único del PCCh.

En los arcanos de la política china, los líderes salientes ocupan un lugar destacado en la designación de los entrantes. Hu y Wen eran partidarios de un castigo duro para Bo Xilai, cuyo populismo y conservadurismo podían hacer peligrar su legado político y el inicio de la nueva era que representan Xi Jinping y Li Keqiang.

Intercambio de cromos

La eliminación política de Bo ha sido parte del intercambio de cromos en las delicadas negociaciones sobre la composición de los futuros Politburó —organismo integrado por 25 personas hasta la expulsión de Bo Xilai— y Comité Permanente, según los analistas. Su desaparición beneficia a Xi Jinping, ya que quita de en medio a un potencial rival, que puso en peligro la unidad del PCCh, y refuerza su posición como líder indiscutible de los príncipes. Xi Jinping es hijo de Xi Zhongxun, un antiguo viceprimer ministro, mientras que Bo es hijo de Bo Yi Bo, uno de los grandes revolucionarios chinos.

Jiang Zemin y sus aliados lograron evitar en 2007 que Li Keqiang, el preferido por Hu Jintao y su facción, fuera designado el próximo líder del país. Xi Jinping, apoyado por la facción de Shanghai, surgió como una opción de consenso entre ambas partes. A pesar de estar jubilado, Jiang Zemin ejerce considerable influencia tras las bambalinas. Su aparición pública con ocasión de un concierto a finales del mes pasado en Pekín, cuando vive en Shanghai, ha sido interpretada en este sentido.

La influencia del expresidente, sin embargo, ha disminuido, y se prevé que los Tuanpai salgan del XVIII congreso con una posición en el Politburó y el Comité Permanente más reforzada que en los cónclaves anteriores. Entre los políticos que se perfilan como miembros del próximo Comité Permanente, están el viceprimer ministro Wang Qishang, considerado un protegido de Jiang Zemin; Li Yuanchao, miembro del Politburó y protegido de Hu Jintao; Liu Yunshan, integrante del Politburó y hombre cercano a Hu, y Wang Yang, líder reformista y jefe del PCCh en la provincia sureña de Guangdong, también próximo a Hu Jintao.