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LA CONVENCIÓN DEMÓCRATA

La Convención de la igualdad

La mitad de los 6.000 delegados llegados a Charlotte son mujeres. Estas toman también el estrado, protagonistas entre las ponencias políticas

Michelle Obama durante su discurso en la Convención demócrata.
Michelle Obama durante su discurso en la Convención demócrata. EFE

Por primera vez, la mitad de los delegados de la Convención Demócrata son mujeres. Son el 50% de los 6.000 miembros del Partido que esta semana aclamarán a Barack Obama. Que el presidente permanezca en la Casa Blanca depende, en gran medida, del voto femenino. Y aunque Obama ya es, según las encuestas, más popular que su contrincante, el republicano Mitt Romney, entre las mujeres, su campaña no ha querido dejar pasar la oportunidad de apelar en esta ponencia a esa parte crucial del electorado. Las mujeres no sólo están en los pasillos donde se pactan estrategias políticas. Suyo es también el estrado, oradoras y protagonistas de una Convención que les garantiza una parte principal en las estrategias demócratas del futuro.

La oradora principal de la primera noche de la Convención es Michelle Obama, que acude a Charlotte a ofrecer los argumentos más personales a favor de la reelección de su marido, defendiendo sus reformas, pero dando también detalles del carácter y la vida personal de este, como marido y como padre. La primera dama sigue siendo muy popular entre los votantes, pero con ella y su intervención la Casa Blanca y el Partido Demócrata buscan la humanización del presidente, y no apelar a las inquietudes políticas del electorado femenino. Esa labor se la reservaron a nuevas estrellas del Partido, que siguen la estela de pioneras como la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

El miércoles, por ejemplo, se dirigirá a los delegados Elizabeth Warren, aspirante al Senado por Massachusetts y líder en pleno ascenso en el Partido. Warren, abogada y profesora de la Universidad de Harvard, se ha convertido en una guía intelectual de la izquierda norteamericana, con sus duras críticas a los excesos financieros de Wall Street y de la desigualdad económica en EE UU. En Massachusetts, donde pugna por el escaño que en su día ocuparon John y Edward Kennedy, Warren va por detrás del republicano Scott Brown en las encuestas, pero a Charlotte llega como toda una líder, casi una ideóloga en la que muchos delegados ven el futuro del Partido.

El aborto, que los republicanos buscan prohibir, en muchas instancias incluso en supuestos de violación o incesto, es un asunto crucial en la Convención Demócrata. En el programa político pactado por los delegados al arranque de este encuentro, que ofrecerá las líneas maestras de la política demócrata en los próximos cuatro años, se dice: “El Presidente y el Partido Demócrata creen que las mujeres tienen el derecho de ejercer control sobre sus opciones reproductivas”. Entre las invitadas a pronunciar discursos se hallan Cecile Richards, presidenta de Planned Parenthood, que ofrece cobertura médica a millones de mujeres y financia supuestos legales de aborto.

Una de las intervenciones más esperadas es la de Sandra Fluke, la estudiante de la Universidad de Georgetown que en febrero compareció ante el Congreso para dar apoyo a la cobertura de anticonceptivos por parte de los seguros médicos y a la que el comentarista conservador Rush Limbaugh calificó de “zorra” en su programa de radio. Desde aquel incidente, que le dio prominencia nacional, Fluke ha participado en varios actos de campaña de Obama. Y la polémica no ha cesado. El jueves pasado, al enterarse de que Fluke participaría en esta Convención, otro pope mediático de la derecha, Bill O’Reilly, del canal televisivo Fox News, dijo: “Entonces, cuando Sandra Fluke hable en la Convención, en lugar de globos caerán condones del techo”.

Los republicanos ya buscaron arrebatarle algo del voto femenino a Obama en su convención, sobre todo con el discurso de Ann Romney, esposa del candidato a la presidencia. Esta buscó la empatía sobre todo de las amas de casa, con detalles de su vida familiar y el cuidado de sus cinco hijos, pronunciando una de las frases luego más repetidas por los medios y los analistas: “Amo a las mujeres”. El discurso de Ann Romney, sin embargo, fue el de una mujer que es pilar de una familia conservadora, algo muy alejado de la idea de emancipación e independencia femenina que han traído los demócratas a Charlotte.

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