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Bachar el Asad moviliza sus tropas para aplastar la revuelta en Alepo

Turquía cierra su frontera con Siria y solo permite el paso de refugiados

Rebeldes rompen el ayuno de Ramadán en Alepo, el martes por la noche.
Rebeldes rompen el ayuno de Ramadán en Alepo, el martes por la noche. AFP

El Ejército sirio ha movilizado sus tropas apostadas en diversos puntos del país para reforzar su contraofensiva en Alepo, segunda ciudad del país, en la que se libran intensos combates entre militares y rebeldes. La revuelta que hace 16 meses sacó a los sirios en masa a la calle para pedir la caída del régimen es hoy una guerra abierta en la que unos insurrectos mal armados, y formados por grupos incluso a veces enfrentados, desafían a un potente Ejército regular. La evidente superioridad del Ejército no ha impedido que los insurgentes hayan sido capaces de poner en jaque al régimen en dos de sus principales bastiones: Alepo y Damasco.

El recrudecimiento de la ofensiva gubernamental ha animado además al embajador sirio en Emiratos Árabes Unidos y su homóloga en Chipre a desertar. Lamia al Hariri abandonó su oficina en Nicosia por una supuesta cita médica. La diplomática reapareció más tarde en Catar. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Londres, cifra en 18.000 los muertos como consecuencia de la campaña represiva con la que el Gobierno aspira a aplastar la rebelión.

Que desde hace seis días la guerra abierta se haya trasladado a Alepo —2,5 millones de vecinos, en el norte de Siria— después de que los rebeldes asestaran un golpe mortal a la cúpula militar en Damasco, significa que la dictadura del presidente Bachar el Asad ha perdido al menos parte de sus apoyos en las capitales comercial y administrativa. Los rebeldes aseguran incluso haber liberado barrios de Alepo, poco dada hasta ahora a favorecer una rebelión portadora de inestabilidad. Aun así, una eventual victoria rebelde no sería ni mucho menos inminente, según los observadores.

Alepo fue bombardeada de nuevo ayer por la aviación del Ejército, según testigos citados por diversos medios. Los combates se extendieron por buena parte de la ciudad y llegaron hasta las puertas de la espectacular medina. “He escuchado al menos 20 cohetes; creo que vienen de los helicópteros. Y también muchos disparos de metralletas”, relató Omar, un vecino, a Reuters.

En Damasco, el Ejército volvió a emplear armamento pesado para reducir los focos de rebelión. Mientras en Homs, la ciudad más castigada por las fuerzas armadas, el asedio a la prisión general dura ya cinco días. Los activistas de la zona denuncian que el general al frente de la cárcel ha cortado la electricidad y que a los presos —incluidos niños y mujeres— les niegan comida y agua.

El miedo al avance de los grupos armados rebeldes en Damasco y Alepo ha recrudecido la campaña militar del Ejército por todo el país. El deterioro de la situación sobre el terreno ha llevado a Turquía a cerrar la frontera que comparte con Siria al tráfico comercial. “Los refugiados pueden seguir pasando”, informa por teléfono desde Ginebra Sybelle Wilkes, portavoz del Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas. Entre un millón y millón y medio de sirios han abandonado sus casas y se han desplazado al extranjero o a partes del país más seguras. En los últimos días, los rebeldes se han atribuido la toma de varios puestos fronterizos y controles aduaneros en el norte del país. Moscú, aliado incondicional de Damasco, estimó que los cruces están en manos de grupos afines a Al Qaeda. El régimen de Damasco acostumbra a referirse a “terroristas islámicos” para hablar de los rebeldes.

Moscú envió, además, un mensaje tranquilizador a Occidente. Rusia aseguró haber recibido “garantías” por parte de Siria de que sus armas químicas “están a buen resguardo”. El Ministerio de Exteriores aseguró haber trasladado a Damasco su posición, según la cual, Moscú considera “inaceptable cualquier amenaza de usar armas químicas”.