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PERFIL

Un galán pragmático

Sus rivales lo pintan como un político vacío, pero Peña Nieto ha gobernado el complicado Estado de México y se ha hecho con el control del PRI

Enrique Peña Nieto, acompañado por su esposa, saluda a sus seguidores en la sede del PRI el domingo por la noche.
Enrique Peña Nieto, acompañado por su esposa, saluda a sus seguidores en la sede del PRI el domingo por la noche. AFP

"Era muy noble, muy decentito, muy educadito”, recuerda Rosa Marta Campos Mercado, la maestra de primaria que enseñó a leer y a escribir a Enrique Peña Nieto, desde el domingo presidente electo de México. Cuenta Rosa Marta a EL PAÍS que ella tenía entonces 24 años y que el niño se enamoró de ella. “Fui su amor platónico. Sus padres me llamaron porque Enrique decía que se quería casar conmigo. Es algo que ocurre muy a menudo. Desde entonces sus padres me llamaban nuera”.

Aquello ocurrió en los primeros años setenta en Atlacomulco, un pequeño municipio del Estado de México (Edomex), a unos 150 kilómetros de la capital mexicana, en el que nació el líder del PRI en 1966. La maestra es devota incondicional de su antiguo pupilo, a quien estará eternamente agradecida por ayudarle a ser primera regidora (teniente de alcalde) de una localidad vecina, conseguirle trabajo a una hija y sobre todo por asistirle, estando Peña Nieto en plena campaña electoral para gobernador del Estado, con el traslado de los cadáveres de otra hija y una nieta muertos en un trágico accidente de tráfico en Sinaloa, en el otro extremo del país.

Atlacomulco da nombre también a un influyente grupo de poder dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde los años cuarenta, cuando fue gobernador del Edomex Isidro Fabela, en la época del presidente Manuel Ávila Camacho. Este grupo impulsaría la carrera política de Peña Nieto hasta llevarlo, tras ganar las elecciones en 2005, al sillón del gobernador del Estado, cargo en el que sucedería a su tío, Arturo Montiel, ligado a varios escándalos de corrupción.

Peña Nieto estudió la secundaria en Toluca, la capital de Estado, y posteriormente se licenció en Derecho por la Universidad Panamericana, vinculada al Opus Dei. Siempre pulcro, acicalado, un tanto introvertido, según quienes le conocen, y con un característico tupé, llamado copete en México, que ha sido la delicia de los caricaturistas de este país, Peña Nieto inicio entonces su ascenso hacia el poder por los meandros del priismo hasta llegar a gobernador del complicado Edomex, el más poblado del país, y ahora a la presidencia.

El joven político se casó en 1994 tras un corto noviazgo con Mónica Pretelini, con quien tuvo tres hijos y de quien enviudó en 2007 tras una relación marcada en los últimos años por las infidelidades del candidato. El propio Peña Nieto ha reconocido que las mujeres son su punto débil –ha tenido dos hijos fuera del matrimonio- y a tenor de los mítines es correspondido. No es raro escuchar a sus fans gritarle cosas como “¡Enrique, bombón, te quiero en mi colchón!” en los actos electorales.

"Tiene más de cabrón
que de bonito",
dice un viejo priista

Y ellas también han sido el origen de los peores dolores de cabeza de su carrera política. Su incapacidad para explicar en televisión la causa de la muerte de Mónica Pretelini hizo correr ríos de tinta de una manera solo comparable a su lapsus en la última Feria del Libro de Guadalajara cuando confundió autores y obras. El alto número de mujeres asesinadas en el Edomex -2.673 entre el año 2000 y el 2009- también desató una fuerte polémica que aún se le recuerda, y su segundo matrimonio con Angélica Rivera, alias La Gaviota, una actriz de telenovelas de Televisa, contribuyó a alimentar su imagen de galán de culebrón y las críticas de sus rivales políticos, que le ven como una criatura fabricada por la principal cadena de este país y al que acusan de gastar millones en promocionar su imagen.

Pero puede que se equivocan quienes piensan que es un político vacío. Ha logrado hacerse con el control del partido y no le ha temblado el pulso cuando ha tenido que deshacerse de algunos barones como fue el caso de Humberto Moreira, gobernador de Coahuila y presidente del PRI, cuando fue acusado de malversación. Como dice un viejo priista, “tiene más de cabrón que de bonito” y su falta de formación intelectual se debe “a que no tuvo que fajarse en el debate intelectual propio de una capital como Ciudad de México para ascender”.

Peña Nieto ha declarado que es un “pragmático sin ideología” a quien importan sobre todo “los resultados” y que representa a un nuevo PRI que “ha aprendido de sus errores y ha roto con el pasado”. Ahora tendrá que demostrarlo.