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Luces y sombras de la pacificación en las favelas

'El País Semanal' se adentra en el trabajo de las denominadas Unidades de Policía Pacificadora en Río de Janeiro

“¡PRIORIDAD, POLICÍA HERIDO!” La Unidad de Policía Pacificadora evacua a un agente tiroteado en la favela de Sao Carlos, Río de Janeiro.

Desde hace más de tres años y en plenos preparativos de la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, la ciudad brasileña desarrolla un innovador programa de seguridad que supone un giro radical en la forma de tratar el problema de la violencia y el narco de las favelas, las barriadas que acogen a más de nueve millones de habitantes en la ciudad.

Este vídeo muestra una patrulla nocturna en la favela Sao Carlos el 7 de mayo que termina con un policía herido. Forma parte de un ensayo en vídeo y fotografías de Rafael Sánchez-Fabrés, minuciosamente elaborado durante cuatro meses, que analiza las luces y sombras de la “pacificación” de las comunidades más desfavorecidas y violentas de Río de Janeiro. Rafael realiza un retrato preñado de matices y aristas sobre cómo los protagonistas de esta historia (Policia Militar y tropas de élite, vecinos de las favelas y narcotraficantes) lidian con los efectos colaterales de estas pacificaciones. No todo es de color de rosa. A veces, los agentes pacificadores recurren al abuso de autoridad y al uso excesivo de la fuerza, contradiciendo la quintaesencia del proyecto original. Abundan las denuncias de agresiones a vecinos que nada tienen que ver con la delincuencia. Al mismo tiempo, muchos vecinos de las favelas no han terminado de aceptar la autoridad de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), a las que miran con desconfianza y recelo, y a menudo protagonizan actos de resistencia. La cámara de Rafael ha captado momentos de máxima tensión, como este tiroteo que ha desembocado en un agente herido de bala, teniendo que ser rápidamente evacuado en una operación cargada de dramatismo.

El texto que acompaña las fotos en ‘El País Semanal’ está basado en la experiencia de Francho Barón, que cubre este proceso de pacificación en Río de Janeiro desde su inicio en diciembre de 2008. Durante los últimos años, se ha empotrado en múltiples unidades pacificadoras y ha compartido horas de conversación con sus agentes, con los vecinos de las favelas, con expertos en violencia y con los responsables políticos del proyecto. También ha presenciado en primera línea de fuego las mayores operaciones de ocupación de favelas de las últimas décadas, como las del Complexo do Alemao o la favela Rocinha.

La misión de las UPP es mantener el control de estos territorios una vez expulsado el narcotráfico local. Esto, teóricamente, se hace mediante un bajo perfil represivo, evitando la ostentación de armas de fuego y fomentando el contacto y el diálogo con la población local, habituada desde hace una década a convivir con el poder paralelo del narco. En definitiva, se trata de un hibrido entre policía y asistente social, según lo definen las autoridades de Río.

Mientras muchos creen que las UPP han ayudado a sofocar la violencia y a abrir por primera vez las puertas de las favelas a los servicios públicos, como el abastecimiento de electricidad legal, la recogida de basuras, la educación, las obras públicas y los programas de asistencia social, otros ven el programa de pacificación como un encubrimiento transitorio de los graves problemas de seguridad de Río de Janeiro. Cuando acaben los JJOO en 2016, dicen, todo volverá a ser lo que era.

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