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La odisea de votar al otro lado de la frontera

Menos del 0,5% de los mexicanos que residen en EE UU participará en los comicios de su país

La legislación electoral es el principal obstáculo para que puedan ejercer su derecho al voto

Un mexicano con una bandera de su país y otra de EE UU, en Denver.
Un mexicano con una bandera de su país y otra de EE UU, en Denver. EFE

De los 12 millones de ciudadanos que constituyen la diáspora mexicana, según datos del Migration Policy Institute, el próximo domingo únicamente votarán en las elecciones presidenciales el 0,5%. De acuerdo con las cifras oficiales del Instituto Federal Electoral de México (IFE), sólo 61.687 de todos los mexicanos residentes en el extranjero se han inscrito para participar en los comicios del 1 de julio. La mayoría -45.555- de esos electores (procedentes de 100 países), reside en Estados Unidos, no en vano, allí viven 11,7 millones de mexicanos (según el Censo), de los que 10,6 millones son mayores de 18 años y están en condiciones de participar en las elecciones presidenciales.

“Hay una gran sensación de desapego hacia México entre los estadounidenses, que los inmigrantes también comparten. Aunque casi todos pueden votar, en general la mayoría de los problemas que preocupan a los mexicanos que viven en EE UU tiene más que ver con la política estadounidense, incluida la ley de Arizona o el paro en EE UU, que con la mexicana”, indica en un correo electrónico Alberto Díaz-Cayeros, director del Center for US-Mexican Studies de la Universidad de San Diego (California), para explicar la baja proporción de mexicanos que ha solicitado el voto por correo.

La legislación que regula el voto en el exterior es muy complicada y pocos tienen los recursos y el tiempo para inscribirse”

Eric Olson

“No creo que el inmigrante mexicano tenga desinterés por las elecciones, lo que ocurre es que la legislación que regula el voto en el exterior es muy complicada y pocos tienen los recursos y el tiempo para inscribirse”, explica en conversación telefónica Eric Olson, director del Instituto Mexicano del Centro Woodrow Wilson, aquí en Washington. Para participar en las elecciones presidenciales, los mexicanos en el extranjero deben disponer de su tarjeta de votante -que no se puede tramitar desde la Embajada- e inscribirse en la Lista Nominal de Residentes en el Extranjero que se encuentra en los consulados e Internet antes del 15 de enero. “Demasiada antelación para unas elecciones que se celebran casi siete meses después”, razona.

“Claro que me interesa lo que ocurre en México, es mi país. Sin embargo, aquí no tenemos información sobre lo que hacer para poder votar”, se queja a través del teléfono María Ramírez, una empleada del hogar mexicana de 27 años que llegó a Houston (Tejas) hace siete. El doctor Antonio Zabaleta, director del Centro de Estudios Fronterizos y Transnacionales de Tejas, tiene otra teoría. “Muchos mexicanos tienen miedo de que, si se inscriben en un listado para solicitar el voto, les puedan deportar por estar en situación irregular”, explica en conversación telefónica desde Brownsville.

Los inmigrantes mexicanos sí parecen concernidos por cómo vayan a abordar el problema de la violencia los principales partidos del país

En EE UU, los periódicos y emisoras latinas han informado sobre las elecciones, pero “la mayoría se ha mantenido al tanto de las propuestas de los tres candidatos hablando directamente con sus familias o por Internet”, señala Olson. Los inmigrantes mexicanos sí parecen concernidos por cómo vayan a abordar el problema de la violencia los principales partidos del país -PRI, PAN y PRD-. Una frontera segura es esencial para Gerardo Ritz, un empresario mexicano que dirige en Nogales (Arizona) la compañía de fruta que su familia posee en Culiacán (Sinaloa). “Los controles en la carretera son buenos para mi negocio, solo espero que el siguiente presidente siga la misma política que [Felipe] Calderón en materia se seguridad”, indicó en conversación telefónica.

Si la economía se ha impuesto sobre la seguridad en el debate electoral mexicano, el problema de la inmigración, uno de los puntos más candentes en el panorama político de EE UU, tampoco ha merecido la atención de los candidatos presidenciales de México. “No ha sido una campaña rica en propuestas en ningún frente. Temas como la migración centroamericana por el país, tan importante por sus efectos sociales y de seguridad, han brillado por su ausencia”, sostiene Díaz-Cayeros. “En Washington acaban de descubrir que tienen un vecino en el Sur, pero la inmigración no está en la lista de prioridades de los partidos mexicanos”, explica Zabaleta.

No ha sido una campaña rica en propuestas en ningún frente. Temas como la migración centroamericana por el país han brillado por su ausencia”

Alberto Díaz-Cayeros

Pero el resultado de las elecciones del próximo domingo no solo importa a los mexicanos que viven al norte de Río Grande. Con más de 3.200 kilómetros de frontera en común, a los estadounidenses también les interesa, más que quién dirija el destino del país vecino, cómo lo haga. Mexico es el segundo mercado de las exportaciones de EE UU y su tercera fuente de importaciones. Según un estudio del centro Woodrow Wilson, el año pasado el comercio entre ambas naciones generó medio trillón de dólares. En Estados como Tejas o Arizona, lo que pase este 1 de julio en México importa casi tanto o más que lo que ocurra en Washington el próximo 6 de noviembre. Allí, muchos negocios dependen de los visitantes mexicanos y sus dueños no quieren ni pensar que un cambio en su política económica o de seguridad, disuada a sus clientes de cruzar la frontera.

Las encuestas en México auguran una victoria apretada del PRI. En EE UU no hay sondeos oficiales sobre las preferencias de los inmigrantes y las opiniones están divididas. “Más que sobre siglas, la gente votará por la persona que considere que va a ayudar a sus familias”, vaticina Zabaleta. “Tradicionalmente el PRD tiene buen desempeño por el efecto generacional de los mexicanos que recordaban con añoranza a Lázaro Cardenas [el presidente en los años 30] y por su fuerte discurso nacionalista. En estas elecciones, sin embrago, sospecho que la proporción aquí no va a ser muy distinta que la de la elección en Mexico”, explica Díaz-Cayeros, una opinión que comparte Olson: “Siempre se ha pensado que el PRI no tenía predicamento entre los inmigrantes mexicanos, pero en estas elecciones quienes se han inscrito para votar son los empresarios y los jóvenes con recursos, que son, en su mayoría, priístas”.

Gane quien gane el domingo, las relaciones entre ambos países no cambiarán demasiado, a la espera de lo que suceda en noviembre en la Casa Blanca. “Todos los candidatos van a ser pragmáticos. Ni siquiera [Andrés Manuel] Lopez Obrador (PRD) va a dejar de entender lo crucial que es mantener una relación cordial con EE UU y los grupos de inversionistas y negocios. Los destinos de los dos países están tan íntimamente ligados que todos los candidatos mantendrán una buena relación bilateral”, indica Diaz-Cayeros.