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Obama busca en el G-20 una coalición por el crecimiento económico

La Casa Blanca confía en que un nuevo gobierno en Grecia haga pronto progresos en la economía

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama. EFE

Los resultados de las elecciones griegas fueron la primera buena noticia que recibió a Barack Obama a su llegada esta noche a Los Cabos para participar en la cumbre del G-20. Pero el presidente norteamericano buscará en este foro otros pasos mucho más decisivos para la solución de la crisis europea y el comienzo de un etapa de crecimiento económico que le resulta vital para sus aspiraciones de reelección. 

“Confiamos en que estas elecciones conducirán rápidamente a la formación de un nuevo Gobierno que pueda hacer progresos oportunos para encarar los desafíos económicos del pueblo griego”, afirma la nota oficial hecha pública por la Casa Blanca tras conocerse la victoria en Grecia de las fuerzas que patrocinan el mantenimiento de su país en el euro. “Creemos que a todos nos interesa”, añade el comunicado, “que Grecia continúe en la zona euro respetando sus compromisos de reformas”.

Obama viene impulsando desde hace tiempo acciones más contundente de parte de los líderes europeos y medidas de estímulo que equilibren la austeridad dominante hasta la fecha en la mayor parte de los países de Europa. Lo hizo en la reciente cumbre del G-8 en Camp David y lo hace constante y directamente con la canciller alemana, Angela Merkel, con la que se ha reunido ya este año tres veces y ha conversado otras veinte por teléfono o vídeo conferencia.

Ahora, recordando las perspectivas de que la crisis europea amenaza a toda la economía mundial, desde Asia hasta América Latina, intentará ganar el respaldo de las potencias emergentes presentes en esta reunión para respaldar su causa a favor del crecimiento.

En ninguna delegación presente en Los Cabos se aprecia tal sentido de urgencia como en la de Estados Unidos. Algunos observadores han detectado incluso más ansiedad entre los norteamericanos que entre los propios europeos por la evolución de los acontecimientos en Europa. Esa urgencia es particularmente detectable en la Casa Blanca.

Obama buscará pasos decisivos para la solución de la crisis europea y el comienzo de un etapa de crecimiento económico vital para sus aspiraciones de reelección

A poco más de cuatro meses para las elecciones presidenciales norteamericanas y con la economía de ese país dando claras señales de debilitamiento, Obama necesita angustiosamente noticias positivas en Europa que devuelvan la confianza a los mercados y creen un clima general más optimista.

En cierta medida, confía obtenerlo en esta cumbre. Funcionarios norteamericanos han anticipado que no esperan anuncios concretos de gran trascendencia, pero sí un acuerdo general sobre la necesidad de favorecer el crecimiento económico. Eso, que podría ser presentado por la Casa Blanca como una victoria de Obama, sería suficiente para que el presidente sintiera que su política había sido internacionalmente respaldada y, al mismo tiempo, serviría como presión sobre los líderes europeos, especialmente Merkel, para no retrasar más las acciones decisivas que se les reclaman.

Obama pretende salir de Los Cabos explicándole a sus electores que se anuncia un tiempo de mayor estabilidad económica y que el bienestar y los puestos de trabajo que ahora se resisten a retornar, volverán pronto a ser apreciables en EE UU.

Algunos observadores han detectado incluso más ansiedad entre los norteamericanos que entre los propios europeos por la evolución de los acontecimientos en Europa

Para el presidente norteamericano, esta cumbre tiene, por supuesto, otros muchos ángulos. Además de su primera reunión con Vladimir Putin, Obama se reunirá con el presidente de China, Hu Jintao, y con el de México, Felipe Calderón. Ambos países son esenciales en la política exterior estadounidense. Irán y Siria serán asuntos a tratar con Hu y en otros contactos más informales que Obama mantendrá aquí. Fuentes de la Administración confían en que puedan aproximarse posiciones en relación a Siria, otro de los asuntos que puede afectar a la agenda electoral norteamericana.

Pero ninguno de ellos tiene en estos momentos tanta prioridad como la economía. Consciente de hasta qué punto eso preocupa a Obama, su rival republicano, Mitt Romney, le ha advertido que no se le ocurra comprometer dinero de los contribuyentes norteamericanos en el rescate de ningún país europeo. “Nosotros no vamos a enviar cheques a Europa”, ha asegurado Romney. Obama no ha dicho en ningún momento que esté dispuesto a hacerlo, pero ahora ha sido públicamente disuadido por su contrincante.