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Guerra electoral en las redes sociales de México

La izquierda y el PRI luchan en Twitter y Facebook por ganarse el voto indeciso y joven

Un participante en una marcha del movimiento Yo soy 132.
Un participante en una marcha del movimiento Yo soy 132. AFP

Una guerra muy real se libra en terreno virtual en estas presidenciales de México. Millones de ciudadanos, en su mayoría jóvenes, están enganchados a las redes sociales y su influencia política, como ha demostrado la protesta estudiantil Yo soy 132, crece por días alterando el guion previsto de las elecciones.

Partidos, candidatos, simpatizantes y miles de activistas se han movilizado en un cruce de acusaciones que parece no tener fin. Entre los 10 trending topics (temas del momento en Twitter) de mayo según el rastreador México Twirus había ocho de política, como #YoSoy132, #ConAMLOTiemblaElPeso (sobre Andrés Manuel López Obrador, candidato del izquierdista Partido de la Revolución (PRD), #EPN (en referencia a Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), #ConAMLOTiemblaEPN…

Son muchos los que sospechan que las simpatías virtuales tienen poco de espontáneas y mucho de orquestadas


Peña Nieto, favorito en encuestas y aparentemente en la Red (760.000 seguidores en Twitter, casi tres millones en Facebook) es de momento el saco de golpes de los internautas. Todo empezó el pasado otoño, cuando en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara confundió títulos y autores. El lapsus corrió como la pólvora, saltó a la primera página de los diarios y al debate político nacional. El siguiente ciberescándalo tuvo lugar en la Universidad Iberoamericana, una institución de los jesuitas, donde el pasado 11 de mayo fue abucheado por los estudiantes. Saltaba la chispa de #Yosoy132, un movimiento que el pasado 30 de mayo se definió abiertamente como anti Peña Nieto.

Los equipos de campaña hablan de siembras para desacreditar los perfiles de los candidatos plagiándolos de seguidores fantasma

Rodrigo Serrano, universitario de 25 años, es uno de los autores del vídeo ‘131 estudiantes de la Ibero responden’, una crítica a quienes los relacionaron con López Obrador o les llamaron “turba de fascistas intolerantes”. Rodrigo recuerda que Twitter y Facebook se incendiaron con un comentario: “Soy estudiante de la Ibero, no soy porro [grupos de choque político en Universidades], no soy acarreado, nadie me entrenó para esto”. Convocó a los indignados a repetirlo ante una webcam y a mostrar identificaciones. El vídeo resultante fue trending topic mundial.

López Obrador cuenta con 640.000 seguidores en Twiter, 450.000 en Facebook y amplias simpatías. “Son un grupo más disgregado que los del PRI, sin estructura formal. Hay muchas opiniones espontáneas, sin orden, pero logran trasladar su mensaje. En Youtube y Twitter AMLO es muy defendido”, dice Eduardo Portas, fundador de la consultora Capital Social. El equipo de Peña Nieto no tiene empacho en reconocer que los activistas de López Obrador entraron a las redes “mucho antes” y se manejan con más soltura. José Merino, politólogo y tuitero, habla de paradigitales, un “ejército de ataque y contención” de temas como #LárgatedeTwitterEPN que simpatiza con la izquierda.

Son muchos los que sospechan que esas simpatías virtuales tienen poco de espontáneas y mucho de orquestadas. Jesús Ramírez, coordinador de estrategia digital de López Obrador, acusa al PRI de pagar a internautas entre 250 pesos (unos 14 euros) y 15.000 (880 euros) al mes. Asegura que los que más cobran se dedican (reenvían, hacen activos) temas durante jornadas completas, algo que el partido lo niega rotundamente. Ricardo Pompa, uno de los coordinadores de los voluntarios llamados ectivistas (una red de 20.000 jóvenes internautas), explica que se organizan por internet y sin apoyo económico, y reconoce que son poderosos: “Prácticamente cualquier tema que nos propongamos lo convertimos en trending topic”.

A Peña Nieto también lo acusan de emplear bots (perfiles robot que publican contenido automáticamente) para manejar a su antojo las tendencias. Los equipos de campaña hablan de siembras para desacreditar los perfiles de los candidatos plagiándolos de seguidores fantasma. “He visto bots de todos los partidos, pero he de decir que nunca he visto uno de Andrés Manuel. En el caso de Peña Nieto, no hay ni un hashtag suyo sin bots”, comenta José Merino. “Son los nuevos acarreados”, resume José Manuel Azpiroz, de la web Arena Electoral. Y es que muchos acusan al PRI de trasladar a las nuevas tecnologías viejas prácticas de sus 70 años de mandato.

Los partidarios de AMLO tampoco se quedan atrás. De sus filas han salido ataques masivos contra candidatos, intelectuales y periodistas, notables por su intolerancia, antisemitismo y machismo, como denunció Josefina Vázquez Mota, del Partido Acción Nacional (PAN), en una entrevista reciente con EL PAÍS. Es ella quien tiene la mejor cifra de seguidores en Twitter, unos 810.000, y 1,7 en Facebook, pero a medida que la campaña, y a medida que el PAN ha ido bajando en los sondeos, su popularidad también ha ido desvaneciéndose, a pesar de contar con una red de 5.000 voluntarios llamada e-pan y unos 11.500 participantes en el programa Josefinapuntos, que premia a los usuarios con reuniones con la candidata. “Se ha diluido. Empezó muy bien: el 5 de febrero, con su victoria interna, 125.000 mensajes en Twitter la mencionaron. La gente creía que había algo distinto en ella. Pero su campaña en el mundo real ha sido floja y eso se ha traducido en las redes”, afirma Portas.

¿Y todo esto se traducirá en votos? “Se ha gastado mucho dinero y no va a tener ningún efecto. Lo tendría si las campañas generasen diálogo, como la de Obama. Y mira, sí que ha tenido efecto algo más orgánico y espontáneo, el caso de los estudiantes, que no han gastado un centavo”, opina Merino. Algo distinto dice Portas: “Las redes sirven para influir en la percepción de cualquier tema hasta el último segundo. El mercado de los estrategas de redes sociales está ahí. El voto duro ya lo tienen, pero ese voto juvenil, cambiante, suele rondar entre el 20 y el 30%”. La respuesta, el 1 de julio: ¿cuántos despegarán los ojos de la pantalla y caminarán hasta el colegio electoral?