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OBITUARIO

Klaas Carel Faber, el nazi al que Holanda no logró castigar

Obtuvo la nacionalidad alemana porque fue voluntario en la SS

Klaas Carel Faber.
Klaas Carel Faber.

El caso de Klaas Carel Faber ha causado décadas de tensiones entre las autoridades judiciales de Alemania y Países Bajos. Los crímenes que cometió el nazi holandés durante la II Guerra Mundial le valieron su condena a muerte en 1947, que le fue conmutada por la cadena perpetua un año más tarde. En 1952 se fugó de la cárcel para refugiarse en Alemania. Como voluntario de la SS, Faber había obtenido la nacionalidad alemana gracias al llamado Decreto del Führer de 1943: una ley dictada personalmente por Adolf Hitler permitió a Faber burlar la ley de su país y vivir tranquilamente en Baviera. Alemania no extradita a sus ciudadanos aunque hayan sido condenados por 22 asesinatos racistas mientras militaba en la organización más sanguinaria de la historia.

Durante años, la impunidad de Faber ha sido una piedra de escándalo en la judicatura alemana. En 1957, la Fiscalía de Düsseldorf abrió diligencias contra él, pero los jueces holandeses se negaron a facilitar las pruebas. El tribunal aplicó el principio de inocencia. Tras vivir en la región renana durante nueve años, Faber se mudó a la ciudad bávara de Ingolstadt, donde vivió, trabajó hasta su jubilación y murió el pasado jueves a los 90 años.

Faber nació en Harlem, Países Bajos, en 1922. Su padre militaba en el partido nazi holandés NSB y murió tiroteado por la Resistencia antinazi holandesa en 1944. Klaas y su hermano Piet, que también militaban en el NSB y se habían integrado en la SS tras la ocupación alemana, fueron destinados a Groninga, donde los nazis mantenían un reputado centro de detención y tortura. Los hermanos Faber participaron en diversas ejecuciones y asesinatos de judíos y de militantes antifascistas.

El 19 de septiembre de 1944, la SS de la zona asesinó a cinco hombres con sendos disparos en la cabeza en un bosque cercano a la frontera con Alemania. En octubre mataron a otros seis, meses más tarde a 11. Klaas solo reconoció haber disparado contra estos últimos. En el juicio que terminó con su doble condena a muerte, Piet asumió los 22 crímenes y trató de exculpar a Klaas, dos años más joven. Piet fue ejecutado, pero gracias a su autoinculpación Klaas salvó la vida y acabó en la cárcel de Breda.

De allí escapó en 1952 junto a otros condenados nazis. Un policía de fronteras alemán, excamarada de la SS, les ayudó a pasar a Alemania.