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Los socialistas franceses buscan una mayoría cómoda en el Parlamento

La campaña arranca con la derecha desmotivada y buscando sucesor a Sarkozy

Martine Aubry y el primer ministro Jean-Marc Ayrault, el martes en París.
Martine Aubry y el primer ministro Jean-Marc Ayrault, el martes en París. AFP

Sin tiempo para desconectar de las presidenciales, ya están aquí las legislativas que deben conceder o negar a François Hollande la mayoría necesaria para gobernar sin sobresaltos y aprobar las reformas prometidas durante la campaña que le llevó al Elíseo. Los comicios del 10 de junio (primera vuelta) y el 17 (segunda) se presentan de momento bastante igualados, con los sondeos dando una ventaja de un punto a los socialistas (32%) sobre la derecha de la Unión por un Movimiento Popular (UMP, 31%). La nueva formación de Marine Le Pen (Agrupación Bleu Marine) cabalga con un 16% de intención de voto hacia su regreso a la Asamblea Nacional, donde podría llegar a tener ocho diputados, mientras el frente de Izquierda captaría un 8%, y los Verdes y el centrista Modem, un 4%.

Las encuestas muestran que la movilización de los electores es bastante menor que en las presidenciales, y solo un 62% del censo piensa acudir a las urnas, aunque la cifra es cinco puntos mayor que la participación real que hubo en 2007. Los votantes de derechas están especialmente desmotivados por la derrota de Nicolas Sarkozy —alejado del mundanal ruido en un palacio del rey Mohamed VI en Marrakech— y solo el 53% de quienes le apoyaron planea votar. La discreta fuga del padre fundador de la UMP ha desatado, como era previsible, la guerra de sucesión.

Retirado estratégicamente a sus cuarteles de invierno Alain Juppé, que decidió no volver a presentarse como diputado para mantenerse como alcalde de Burdeos hasta que lleguen tiempos mejores, las hostilidades se han desatado entre Jean-François Copé, secretario general del partido, y François Fillon, exprimer ministro, quien ha afirmado que tras la marcha de Sarkozy el partido “no tiene un líder natural”.

La izquierda parte con ventaja global, aunque no domina de forma abrumadora los sondeos, sobre todo porque los socialistas no han querido sellar un acuerdo preelectoral con el Frente de Izquierdas de Jean-Luc Mélenchon que habría evitado luchas fratricidas en las plazas más disputadas. Mélenchon, que parte como favorito a la batalla más mediática contra Marine Le Pen en el bastión de la líder ultraderechista, el deprimido pueblo norteño de Hénin-Beaumont, ha acusado a la primera secretaria del PS, Martine Aubry, de haber impedido el acuerdo traicionando a la izquierda dura.

Tras quedar fuera del Gobierno, Aubry ha fumado la pipa de la paz en público con el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, y ambos codirigirán la campaña del PS, pese a que Le Canard Enchainè ha afirmado que Aubry espetó el otro día a sus colaboradores una frase memorable que ella desmiente: “No trabajaré con ese naze [incapaz]”.

Los socialistas han optado por concurrir solos con el Partido Radical de Izquierda y sin los comunistas agrupados en el Frente de Izquierda porque saben que si logran la mayoría en la Asamblea sería la primera vez en la historia que controlan las dos cámaras parlamentarias y el Elíseo, lo que les facilitaría una gobernación cómoda y permitiría a Hollande desmarcarse del influjo radical de Mélenchon y emprender posibles reformas estructurales de corte alemán que la izquierda de la izquierda podría frenar desde dentro.

Los ecologistas, ya integrados en el Gobierno con dos viceministros, cuentan con sacar entre 17 y 25 diputados gracias al pacto alcanzado con el PS en noviembre pasado, y esto concedería a Hollande una mayoría relativa llegado el caso, nada complicado, de que no obtenga la mayoría absoluta.

Un resultado menos claro podría obligar al PS a depender del Frente de Izquierda, que hoy tiene 20 escaños, y a negociar ley a ley las reformas. Las encuestas no contemplan de momento una posible victoria de la UMP que generaría un nuevo e incierto periodo de cohabitación. Una de las claves históricas de las legislativas son las triangulares, es decir los escaños que se dirimen en la segunda vuelta con tres candidatos en liza, pero las previsiones no adelantan un alto número de disputas entre PS, UMP y FN.

Si se confirma la alta abstención, esto beneficiaría a los dos grandes partidos y perjudicaría a las huestes azulonas de Le Pen, porque es necesario obtener un mínimo del 12,5% de los votos del total de los inscritos en el censo para colarse en la segunda vuelta. La buena noticia para los posfascistas es que el 50% de los encuestados desea ver diputados de la ultraderecha en la Asamblea, y su gran apuesta es una segunda candidata rubia de cara alargada y apellido Le Pen, nieta del viejo paracaidista Jean-Marie y marcada por un nombre de inequívoco sabor a Vichy: Marion Maréchal Le Pen.

La sobrina de la líder, de 22 años y estudiante de un master en Derecho Público, se presenta como favorita por la circunscripción de Carpentras, un pueblo de la Provence donde el FN obtuvo su mejor resultado nacional en las presidenciales y famoso por la infamia: en 1990 cuatro neonazis profanaron varias tumbas judías; años después la justicia les condenó pero estableció que no estaban ligados al partido. La joven mariscala ha dicho que su candidatura es una forma de rehabilitar a su abuelo: “Su honor quedó limpio, pero aún no lo hemos lavado en la plaza pública”.