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Crece la presión sobre Obama para que se pronuncie sobre el matrimonio gay

El compromiso del presidente con los derechos de homosexuales y lesbianas se queda corto, es ambiguo y carece de fecha

El presidente Barack Obama durante un discurso este martes en Albany, Nueva York.
El presidente Barack Obama durante un discurso este martes en Albany, Nueva York. AFP

Mientras el presidente ‘evoluciona’, la sociedad también y la mayoría de los estadounidenses (50%, según Gallup) está a favor de que los matrimonios gais sean reconocidos por la ley. Quienes han aumentando la tendencia han sido los independientes y los demócratas, los republicanos permanecen inamovibles en su opinión de que no sean legales.

Y sin embargo, Barack Obama sigue en el armario de la indefinición, ‘evolucionando’, como dijo en referencia al tema en diciembre de 2010: “las actitudes evolucionan, incluidas las mías”. Lo que el presidente va a sufrir a partir de ahora y hasta que los ciudadanos acudan a las urnas el 6 de noviembre es una tremenda presión para que abandone el limbo de la evolución y se manifieste en un sentido o en otro.

Obama apoya una gran mayoría de derechos civiles de los gais y es el artífice de haber acabado con una ley que él mismo comparó con las leyes segregacionistas que dominaban el sur en los años sesenta. Cuando hace más de dos años el presidente anunció su intención de poner fin a la política que regía en el Ejército de ‘no preguntes, no lo digas’ (‘dont ask, dont tell’), Obama declaró en la cena anual en Washington de Human Rights Campaign (HRC) lo siguiente: “No puedo pediros paciencia, como no se les podía exigir hace medio siglo a los afroamericanos que reclamaban igualdad de derechos”.

Y sin embargo, para gran parte del activismo gay en particular y el electorado demócrata en general, el compromiso del presidente con los derechos de homosexuales y lesbianas se queda corto, es ambiguo y carece de fecha. El hecho de que su número dos, el vicepresidente Joe Biden, insinuase el pasado fin de semana su apoyo al matrimonio gay y que al día siguiente, lunes, el secretario de educación Arne Duncan, declarase sin ambages su respaldo pondrá sin duda más presión sobre Obama.

Durante todo este primer mandato, el presidente ha ido sorteando el delicado asunto tratando de tener a todo el mundo contento, mientras hacía equilibrios al satisfacer a las bases demócratas sin ganarse la antipatía de votantes independientes cruciales en noviembre. Obama conoce las estadísticas y sabe que el 55% del electorado negro no apoya el matrimonio gay (frente al 42% que está de acuerdo). Pero también sabe que su casi seguro contrincante a la Casa Blanca, Mitt Romney, ni siquiera expresa dudas -ahora- y se opone frontalmente a tales uniones.

El tema está hoy más de actualidad que nunca. No sólo por la división que se ha abierto en la Casa Blanca -por mucho que ésta insista en que las opiniones de Duncan son privadas y que no hay cisma- sino porque Carolina de Norte vota hoy una proposición que decidirá un cambio en su Constitución que pretende definir el matrimonio exclusivamente como aquel que forma un hombre y una mujer –y excluye uniones civiles- y que puede crear tendencia nacional.