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Los islamistas se hacen con el control de la Asamblea Constituyente en Egipto

Los liberales del Bloque Egipcio se retiran del proceso en protesta por la falta de consenso

Parlamentarios egipcios eligen a los encargados de redactar la nueva Constitución.
Parlamentarios egipcios eligen a los encargados de redactar la nueva Constitución. EFE

En una conflictiva sesión, el Parlamento egipcio escogió la noche del sábado a los 100 miembros del comité encargado de redactar la nueva Constitución del país. Las fuerzas islamistas, mayoritarias en el legislativo, controlarán también cómodamente la Asamblea Constituyente. El hecho de que no buscaran el consenso con el resto de partidos provocó el boicoteo de la principal coalición laica, el Bloque Egipcio, lo que compromete la legitimidad de la futura Carta Magna y del azaroso proceso de transición que vive el país.

“Los islamistas pueden escribir la Constitución como deseen, pero creo que eso llevará a muchas crisis”, advirtió Emad Gad, un diputado del Bloque Egipcio que, como el resto de sus compañeros, se retiró de la sesión durante la votación, celebrada de forma anónima. Según Gad, un abogado especializado en derechos humanos, el proceso de selección del comité fue una “farsa”, ya que los partidos islamistas “ya habían decidido los nombres, y votar solo legitima el proceso”.

Entre los redactores de la nueva Carta Magna solo habrá media docena de mujeres y coptos

La denuncia del Bloque Egipcio cobró veracidad después de que el periódico Al Ahram publicara que la identidad de los 100 miembros del comité coincidía con los nombres presentes en una lista que los líderes del Partido de la Libertad y la Justicia (PLJ), la marca electoral de los Hermanos Musulmanes, distribuyeron entre sus diputados horas antes de la votación.

Choque entre los Hermanos Musulmanes y el Ejército

Además del conflicto entre islamistas y laicos, durante las últimas horas los Hermanos Musulmanes y la Junta Militar se han enzarzado también en una “guerra de declaraciones”. El choque entre ambas instituciones, las más poderosas del país, contrasta con clima de entendimiento que ha gobernado sus relaciones desde la Revolución. De hecho, en los mentideros políticos de El Cairo se ha insinuado a menudo la existencia de un pacto secreto entre ellas.

Los Hermanos Musulmanes fueron los primeros en abrir fuego. En un comunicado público, el movimiento islamista calificó de “absurdo” el apoyo que brinda la Junta Militar al Gobierno liderado por Kamal Ganzuri. Un par de semanas atrás, los Hermanos anunciaron su voluntad de realizar una moción de censura al ejecutivo, pero la Junta Militar, que es la única institución con las competencias para cesar al primer ministro, se opuso al movimiento.

Además, el comunicado de los Hermanos Musulmanes, que se están planteando presentar un candidato propio a las elecciones presidenciales, sugería la posible manipulación de los comicios por parte de la Junta Militar. “¿Es su intención abortar la revolución y destruir la creencia de la población de la capacidad de conseguir sus objetivos? ¿O hay una intención de manipular o influir las próximas elecciones?”.

Horas más tarde, la Junta Militar respondió con su propio comunicado: “Los intentos de cuestionar nuestras intenciones respecto a la integridad de las próximas elecciones presidenciales y el referéndum popular sobre la Constitución son calumnias sin ninguna base”, rezaba el texto, en el que se recordaba que las elecciones legislativas fueron consideradas limpias por la mayoría de observadores.

De acuerdo con una decisión del propio Parlamento, la mitad de la Asamblea Constituyente está formada por diputados y la otra mitad, por representantes de la sociedad civil. De los 50 legisladores seleccionados, 25 pertenecen al PLJ, 11 a la coalición ultraconservadora Nur (salafista), y 14 al resto de partidos y figuras independientes, la mayoría de tendencia laica.

En cuanto a la otra mitad, incluye a sindicalistas, profesores universitarios, líderes religiosos y otras prominentes personalidades del país. Más de una veintena son de tendencia islamista, lo que otorga una clara mayoría a los adherentes a esta ideología. Como protesta por el monopolio del islamismo, ocho de los legisladores laicos escogidos para formar parte de la Asamblea anunciaron ayer su dimisión de este órgano, que se constituirá por primera vez el próximo miércoles.

Quien tampoco formará parte del comité es Mohamed al Baradei, premio Nobel de la Paz y uno de los iconos de la revolución que en febrero de 2011 destronó al rais Hosni Mubarak. Conscientes de su probable marginación del proceso constituyente, centenares de activistas revolucionarios se manifestaron el sábado ante las puertas de la sala de congresos, sede de la sesión extraordinaria del Parlamento.

“Ni de los Hermanos, ni de los salafistas, una Constitución para todos los egipcios”, rezaba una de las pancartas de los manifestantes, haciéndose eco de los temores de que la nueva Carta Magna no respete los derechos de las minorías. De hecho, en la Asamblea Constituyente solo habrá media docena de mujeres y de cristianos coptos.

Entre las principales cuestiones que deberá establecer la nueva Constitución, figuran el rol de la religión en la vida política y social del país, la distribución de competencias entre el legislativo y el Ejecutivo, y los poderes de las Fuerzas Armadas.