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Bruselas pone en duda lo que entiende Budapest por democracia

La UE reacciona con inusual dureza a las críticas húngaras

El primer ministro húngaro advierte a la UE de que no aceptarán el colonialismo

El primer ministro húngaro, durante su discurso.
El primer ministro húngaro, durante su discurso. REUTERS

El choque entre la Hungría del conservador Viktor Orbán y las instituciones comunitarias lleva camino de degenerar dramáticamente después de que el primer conservador arremetiera contra “los burócratas europeos que nos miran con desconfianza” y equiparara la UE y sus instituciones con la URSS y el imperio austriaco y Bruselas haya replicado que “quienes comparan la Unión Europea con la URSS muestra una total falta de entendimiento de lo que es la democracia”. Así pues, eurócratas dictatoriales y falsos demócratas, según la visión que de cada uno ofrece el otro, a la greña en la Europa de la crisis y la discordia.

Tras las elecciones que hace dos años le llevaron en volandas a un poder avasallador —dos tercios de mayoría parlamentaria ofrecida por el favor de una población hastiada del caos y desgobierno de socialistas y liberales— Orbán se embarcó en una reforma constitucional y del Estado muy cuestionada en Bruselas (Banco Central, jueces, privacidad, prensa), que ha obligado al primer ministro a rectificar parcialmente. Pero no lo suficiente: sobre Hungría pesa todavía la amenaza de ir ante el Tribunal de la UE por violar el acervo comunitario.

Orbán aparenta calma y mantiene la compostura en sus relaciones oficiales con Bruselas y el Parlamento Europeo, que le marca estrechamente, pero la decisión del martes de los ministros de Finanzas europeos de no entregar 495 millones de euros a Hungría el próximo 1 de enero como sanción por sus desvíos presupuestarios, salvo que rectifique antes del 22 de junio, le ha caído como un rejón de castigo.

En Budapest, ante 250.000 húngaros, según cifras de su Gobierno, y con motivo del día nacional, aniversario del alzamiento de 1848 contra el imperio de los Habsburgo, Orbán decidió el jueves ir a la guerra verbal contra Bruselas, como cuando sus ancestros se levantaron contra Viena. “El programa político e intelectual de 1848 era este: ¡No seremos una colonia! El programa y el deseo de los húngaros en 2012 es este: ¡No seremos un colonia!”, clamó ante la enfervorizada asistencia. “Los húngaros no dejarán que los extranjeros les digan cómo han de vivir, no renunciarán a sus independencia o a su libertad y, en consecuencia, no renunciarán a su Constitución”.

“Los burócratas europeos nos miran hoy con desconfianza porque hemos dicho: necesitamos otro modo de hacer las cosas” prosiguió. “En el 48 dijimos que había que derribar los muros del feudalismo y teníamos razón. En el 56 [1956, el levantamiento contra la URSS] dijimos que teníamos que romper las ruedas del comunismo y teníamos razón. También hoy nos miran con desconfianza”.

Habrá que ver a dónde lleva la furia retórica de Orbán y cómo reacciona la Eurocámara. La Comisión llegó ayer todo lo lejos que pudo con una inusual dura réplica de la portavoz del presidente José Manuel Durão Barroso: "Quienes comparan la UE con la URSS no son capaces de entender la contribución de quienes lucharon por la libertad y la democracia”.