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Yemen cierra la era oscura de Saleh con un plebiscito sobre su sucesor

Los yemeníes ratifican este martes en las urnas el pacto que inaugura la transición

En Saná, manifestantes con dagas tradicionales celebran la convocatoria electoral del martes.
En Saná, manifestantes con dagas tradicionales celebran la convocatoria electoral del martes. EFE

Han desaparecido los puestos de control, las tanquetas y los soldados que dividían Saná. Incluso vuelve a ser transitable el barrio de Hasaba, donde el verano pasado se produjeron los peores enfrentamientos entre las fuerzas del presidente Ali Abdalá Saleh y las de sus rivales. Fuera de la capital, sigue habiendo incidentes con simpatizantes de Al Qaeda, independentistas o tribus desafectas, pero se ha evitado el caos generalizado. Mañana, martes, los yemeníes ratificarán en las urnas el pacto político que inaugura la transición hacia un Yemen sin Saleh. Aun así, la acampada de la plaza del Cambio se mantiene.

“Para asegurarnos de que se alcanzan todos los objetivos de la revolución”, explica la premio Nobel Tawakul Kerman en la jaima que mantiene allí desde el inicio de la protesta hace un año. Lograda la salida de Saleh, los esfuerzos se centran ahora en el relevo de la cúpula militar (en manos de varios familiares del ya expresidente) y la redacción de una nueva Constitución. “No hay otra solución que participar en el plebiscito y votar por Hadi”, resume Kerman en referencia al candidato de consenso, el vicepresidente Abdrabbo Mansur Hadi.

Pero la plaza se encuentra dividida sobre la cita con las urnas y se han producido algunos enfrentamientos. Junto a los carteles que proclaman “Tu voto es la revolución”, muchos activistas denuncian las elecciones de candidato único salidas del pacto apadrinado por los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), EE UU y la UE.

“No contaron con nosotros para el acuerdo. [El enviado de la ONU Yamal] Benomar y la comunidad internacional nos prometieron cambio y no lo hemos visto. La familia de Saleh sigue al frente del Ejército, de la Guardia Republicana y de las fuerzas especiales”, explica Osamah Shamsan, un estudiante de ingeniería que ejerce de portavoz de los descontentos. Él, como la mayoría de los activistas independientes, promueve la abstención. También lo hacen dos de los grupos clave para que el proyecto de reforma del país tenga éxito: los huthis (los rebeldes del norte contra los que Saleh libró cuatro guerras desde 2004) y Al Harak (el movimiento independentista del sur, uno de cuyos integrantes llama a la desobediencia civil el martes).

En buena medida son las mismas líneas de fractura que alentaron la crisis. Están a favor el hasta ahora partido gobernante, el Congreso Popular General, y los partidos de la oposición parlamentaria, que encabezan el islamista Islah y el Partido Socialista. En contra, quienes quedaban fuera del sistema. Sin embargo, ha habido cambios. Por primera vez en tres décadas, no es Saleh quien sonríe desde los carteles electorales. Además, tanto los huthi como Al Harak disponen ahora de representantes o portavoces en Saná, algo impensable tan solo hace un año.

“Se han olvidado del Sur”, se queja Abdulfattah Mohamed Badue, presidente del Comité de Jóvenes del Sur por la Libertad. Como la mayoría de los sudistas, boicotean el referéndum, pero aseguran que están dispuestos a permanecer dentro de un Yemen unido siempre que se les garanticen sus derechos. Ha sido la reclamación de los habitantes de la antigua República Democrática desde la unificación en 1994. “Nos sentimos engañados”, recuerda Badue. “Si después de la votación, [concluimos que] el camino está cortado, solo nos quedará la separación”, concluye.

Tampoco los Huthi quieren ser percibidos como un obstáculo. “Aunque nuestro portavoz ha pedido el boicot, cada uno puede hacer lo que le parezca”, asegura Ali Al Imad, el representante en Saná de Ansar Alá, el nombre formal del movimiento Huthi. Muchos yemeníes dudan y temen que, como los independentistas sureños, tiñan de violencia la jornada electoral. Al Imad califica de “mentiras del Islah” las acusaciones de que sus partidarios hayan atacado a quienes pegan carteles electorales. Sus quejas sobre ese partido tienen inevitablemente un sustrato religioso. Los huthis, como la mayoría de las tribus del norte de Yemen, son chiíes zaydíes (que veneran como quinto imán a Zayd bin Ali), mientras que el Islah es una versión local de los Hermanos Musulmanes, que han encontrado en la revolución un valioso aliado para llegar al poder. “Siguen refiriéndose a nosotros como herejes, igual que el régimen anterior”, se duele Al Imad.

“Librarse de Saleh ha sido un gran paso y este referéndum era una de las condiciones para lograrlo, pero lo difícil empieza al día siguiente”, resume Abdullah al Faqih. Este politólogo teme que “la seguridad se deteriore hasta que se nombren nuevos jefes de las fuerzas de seguridad”, un paso imprescindible para poder iniciar el diálogo nacional. “El apoyo de la comunidad internacional va a ser clave”, concluye.